En la reticencia a vacunarse contra la gripe, un mensaje que habla de nosotros
En las últimas horas y con casos de gripe A H1N1 que comienzan a aparecer en diversos distritos del país, algunos de ellos con consecuencias fatales- en la provincia de Buenos Aires el propio Ministerio de Salud confirmó hasta ayer 71 casos y 6 fallecimientos- las autoridades sanitarias bonaerenses hicieron un pedido a los municipios para que salgan casa por casa a vacunar a las embarazadas que constituyen uno de los segmentos de la población más vulnerables a contraer la enfermedad con consecuencias graves. La apelación, efectuada en nuestro caso a la Región Sanitaria IV, obedece a los bajos porcentajes de cobertura de vacunación que se observan a pesar de que la campaña oficial se lanzó anticipadamente y con disponibilidad de biológicos en todos distritos del territorio provincial.
En torno a la vacunación en general y a la inmunización contra la gripe en particular subyacen varios mitos que atentan contra una conducta responsable. Entre ellos está la creencia de que si la persona se vacuna enferma, algo que los especialistas desmienten categóricamente por cuanto las cepas que contiene la vacuna no tienen capacidad infectiva. Sin embargo, lo que los expertos explican en notas que circulan en los medios de comunicación parece no desalentar el temor de enfermar por vacunarse. En las embarazadas esto cobra relevancia particular porque el miedo a contraer la enfermedad a causa de la vacuna, las deja desprotegidas de las verdaderas consecuencias que pueden sufrir por enfermar sin estar vacunadas.
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Ahora bien, lo que sucede con las mujeres gestantes no es un hecho aislado, más bien muestra una cara de la sociedad que tiene para con la aplicación de vacunas muchos debates abiertos. De hecho en el mundo hay movimientos que promueven que no se apliquen, lo que ha generado la reintroducción de enfermedades que estaban erradicadas.
Con relación a la gripe, según datos oficiales, en muchos distritos las metas de cobertura de vacunación están muy por debajo de lo deseable, en un contexto en el que la circulación viral se anticipó y la influenza ya está entre nosotros. En el caso de Pergamino, y aunque no se tienen datos oficiales aún de la marcha de la campaña de inmunización, se sabe que la respuesta ha sido sensiblemente mayor a la de otros partidos de la Región Sanitaria IV. Igualmente en algunos segmentos poblacionales, las metas aún no llegan a alcanzarse.
Como contracara, la mayoría de los casos de gripe A que se han reportado pertenecen a personas con factores de riesgo que no estaban vacunadas.
A la par de las embarazadas, y de acuerdo con lo señalado en los últimos días por autoridades sanitarias, los hombres con patologías de base frente a las cuales es aconsejable la inmunización se niegan a recibir la indicación de la vacuna y en algunos casos los propios profesionales médicos desatienden la conveniencia de prescribir la aplicación de la vacuna en pacientes que deberían recibirla por sus patologías de base.
En este contexto y con el fantasma latente de lo que significó en 2009 la epidemia mundial de gripe A H1N1, la sociedad parece haber relajado las medidas de cuidado. Esto se expresa en la reticencia a vacunarse y también en la no adopción de medidas de profilaxis sencillas que evitan la propagación de los virus respiratorios.
Si bien es cierto que la mayoría de los expertos asegura que el escenario actual no se parece en nada a lo ocurrido en 2009, porque hoy están dadas otras condiciones epidemiológicas, lo real es que teniendo las herramientas de prevención a disposición y sabiendo algo más de esta enfermedad de lo que se sabía antes, la falta de aprehensión a las sugerencias médicas y la minimización de los riesgos, nos deja indefensos como sociedad frente a una enfermedad prevenible.
La vacuna que está disponible está formulada con las cepas de los virus que circulan en la presente temporada, lo que quiere decir que es probadamente efectiva. Cosa que no sucedía en 2009, cuando las dosis que circularon en la campaña habitual no incluían la prevención del H1N1, que era de reciente aparición.
Lo ocurrido en 2009 dejó al sistema sanitario múltiples aprendizajes. Se sabe más que antes cómo abordar a los pacientes, qué medidas implementar para evitar la propagación del virus. Se tienen referencia de cuáles son los segmentos de la población más vulnerables. Se tienen elementos para prevenir y tratar, pero las estrategias parecen no alcanzar a generar conciencia en la comunidad, destinataria última del cuidado. Pero en cambio, es la gente la que no parece estar a tono con la realidad.
El común de la población sigue desa-tenta a la adopción de medidas de prevención. En años anteriores, cuando se demoraba la llegada de las vacunas, aparecía el reclamo. En esta ocasión que los biológicos están disponibles en cualquiera de los centros oficiales, los grupos de riesgo se muestran reacios a concurrir. Ahora saldrán a buscarlos.
Ante la gripe, y salvo por el espasmo que ocasiona el temor que genera el saber de la ocurrencia de algunos casos, lo que siguen prevaleciendo son las viejas conductas: automedicarse, dilatar la consulta al médico y pensar que solo pueden enfermar otros. Y a esto se suma una nueva corriente: la de hacerse de información vía Internet, donde las fuentes son siempre dudosas, lo mismo que la vigencia de los datos, ya que un informe puede quedar por años surcando la Web, resultando ser para la actualidad una información apócrifa o no pertinente por referir a otro punto del planeta.
Lo que ocurre con la vacunación no hace más que mostrar las dificultades que tenemos como sociedad para la convivencia social. Como sucede en otros ámbitos de la sociedad, lo que parece estar en juego es la capacidad de cuidar y cuidar a otros. Como si faltara aún desarrollar una conciencia social más apegada al bienestar.
En este escenario, y en las puertas del período en el que suele sobrevenir el pico en la ocurrencia de casos de enfermedades respiratorias, la apelación de las autoridades sanitarias a no demorar la vacunación si se está entre los grupos de riesgo, se torna un imperativo. Porque es cierto que vacunarse es una decisión personal que tiene que ver con el cuidado de la salud individual, pero también es real que esa determinación tiene implicancias que impactan en la vida en comunidad.
Cuando se llama obligatorias a las vacunas del calendario oficial, se está hablando de una obligación moral, ya que nadie vendrá a multarnos o llevarnos a prisión ni no nos inoculamos. Pero sin dudas estamos descuidando nuestro deber social de procurar un bienestar, ya que donde no hay vacuna el virus que se trate ingresa como por una autopista, a toda velocidad.
Con el registro cercano de lo ocurrido en la última epidemia, es tiempo de rescatar los aprendizajes, de volver al cuidado. Sin temor, con conciencia. No hacerlo es poner en riesgo la salud no solo personal sino colectiva.















