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En la pospandemia: pensar las causas ambientales de la catástrofe sanitaria

08 de abril de 2022 a las 12:00 a. m.

Hoy que el mundo parece encaminarse hacia la pospandemia y aún en geografías donde siguen reportándose numerosos casos de Covid-19 tanto los sistemas sanitarios como las estructuras sociales y productivas han tomado la decisión de convivir con el virus dejando atrás la mayor parte de las restricciones impuestas e instaurando "la nueva normalidad" se abren interesantes reflexiones sobre cuestiones que quedaron en un segundo plano mientras se vivían los momentos más críticos de la emergencia sanitaria y toda la atención se centraba en el comportamiento de los sistemas de atención de pacientes y el fortalecimiento de las estructuras de contención, además de las decisiones de los estados para sostener un mundo que había quedado de rodillas.

Uno de los aspectos que no estuvo todo lo presente que hubiera sido necesario en ese diálogo urgente fue aquel que tiene que ver con las causas ambientales de la pandemia. Si bien se lee en numerosos artículos y estudios científicos que los virus vienen amenazando y azotando a la humanidad desde hace años, en los últimos tiempos están directamente asociados a la destrucción de los ecosistemas, a la deforestación y al tráfico de animales silvestres para la instalación de monocultivos. También hay evidencias de lo que las zoonosis representan en términos de amenazas si no son abordadas desde su raíz con estrategias de control y prevención adecuadas. Sin embargo, a pesar de este saber y de indicadores que de por sí resultan alarmantes, pareciera que la atención sobre la pandemia no ha incorporado del todo este núcleo central en los discursos y mucho menos en la acción ni en las estrategias de control de esta emergencia y de previsión de las potenciales otras pandemias por venir.

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¿En más de dos años de emergencia sanitaria, hubo referencias suficientes que hicieran alusión a la problemática ambiental que subyace a este problema?

Cualquier simple análisis que se haga de las intervenciones de los principales líderes del mundo en términos discursivos, permite inferir que la respuesta a este interrogante es negativa. Quizás porque las causas socioambientales de la pandemia muestran que el enemigo no es el virus en sí mismo, sino aquello que lo ha causado. Y esta apreciación toca aspectos medulares de los modos de producción y de interacción con el ambiente, poniendo en jaque a la globalización tal como la comprendemos.

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Aunque es cierto que el tópico circuló por las redes sociales y los medios de comunicación, no logró penetrar en la agenda política. Tal vez por esta razón, hoy que se ensaya un mundo postpandemia, todo vuelve a la normalidad como si nada de lo ocurrido hubiera sucedido. Y las costumbres vuelven a ser las mismas y poco se han transformado los modelos de producción ni de interrelación a escala planetaria. Solo hay una idea de cuidado que quizás aún es diferente y mantiene ciertos resguardos, pero que recaen más sobre la conducta individual que sobre las acciones colectivas.

Todo esto, lejos de contribuir a atacar el problema de raíz, deja abierto un amplio horizonte para la aparición de otras amenazas.

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El enemigo invisible, como se calificó al virus Sars-COV 2 durante la pandemia, quedó ahí, en eso, transformado en el blanco que atacar y en el destinatario de la lucha que hubo que dar. Sin embargo, causas mucho más profundas y estructurales quedaron relegadas por lo menos en la atención pública. Lo que resulta peligroso es que finalizada la etapa más compleja de la emergencia sanitaria y transformada la Covid-19 en una endemia con el paso del tiempo esa adjetivación que durante estos más de dos años fue generadora de altos niveles de cohesión social y de adhesión a las normas por temor al contagio, termine por ser la idea que disgregue la atención social y cree la falsa certeza de que, controlado el agente, terminó la amenaza como si ninguna otra pudiera irrumpir. Frente a esta posibilidad lo que hay que tener siempre presente es que lo que sirvió para "desterrar" al enemigo común, no contribuye a entender la raíz del problema, sino más bien a ocultarlo, además de naturalizarlo.

El discurso que puso toda la atención sobre el virus y sus consecuencias, desatendiendo sus causas atacó el síntoma, pero no la raíz que tiene que ver con el modelo de sociedad instaurado. Y si bien no se trata de pensar utópicamente que los modos de producir y de vivir a escala planetaria pueden modificarse de un momento a otro, tampoco se puede salir de la crisis generada por la Covid-19 sin tomar los aprendizajes necesarios.

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Es necesario abrir la agenda a estos debates, entendiendo que agentes de este tipo no se instalan ni proliferan por arte de magia. Asumir las causas ambientales de la pandemia puede contribuir a construir un escenario pospandemia más real y sobre la base de los conocimientos generados, hacer que el mundo esté mejor preparado no solo para afrontar con mecanismos de defensa otros ataques de "enemigos invisibles", sino para prevenirlos. Asumir las causas ambientales de la pandemia, junto con las sanitarias, y colocarlas en la agenda pública es un primer gran paso para prepararnos positivamente para responder a los grandes desafíos de la humanidad que están asociados a cuestiones ambientales y representan amenazas y riesgos sanitarios ciertos.

El presente pone al mundo frente a la necesidad de consolidar un paradigma de cuidado, pero sin abandonar el necesario camino que hay que recorrer para alcanzar ese gran pacto ecosocial y económico que plantean diversos especialistas como salida para evitar otras catástrofes.

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Estos dos años de pandemia han instalado a escala planetaria la encrucijada de debatir modelos, liderazgos y políticas. O se instalan paradigmas autoritarios o sin caer en visiones ingenuas, la crisis puede abrir paso a la posibilidad de construcción de otras vías que habiliten una globalización más democrática, ligada al paradigma del cuidado, pero también al reconocimiento de la solidaridad y la interdependencia.

Las voces de quienes han ganado autoridad en esta pandemia, serán cada vez más necesarias para colocar en la agenda pública la inextricable relación entre la salud y el ambiente. Lo que señalan no puede ser desatendido: nos aguardan no solo otras pandemias, sino la multiplicación de enfermedades ligadas a la contaminación y al agravamiento de la crisis climática. Esto exige, sin demoras, un debate mesurado, serio y urgente. El horizonte que aventura la pospandemia, genera las condiciones propicias para instalarlo.

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