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En el Día de la Independencia se inicia una nueva contienda

10 de julio de 2015 a las 12:00 a. m.

No fue fácil llegar a la Declaración de Independencia de la Argentina. No solo fue una decisión tomada por el Congreso que sesionó en la ciudad de San Miguel de Tucumán de las entonces Provincias Unidas del Río de la Plata, en aquella casa histórica.

Con ese acto se hizo una formal ruptura de los vínculos de dependencia política con la monarquía española y se renunció a toda otra dominación extranjera, el martes 9 de julio de 1816 en la casa propiedad de Francisca Bazán de Laguna.

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Pero en el medio hubo guerras, dolor y sangre, como sucedió en todos los procesos emancipadores en aquellos tiempos en que la diplomacia solo servía para sellar aquello que se obtenía en los campos de batalla, a costa de la vida de quienes no tomaban parte en las conversaciones, solo ponían el cuerpo, y el alma. La mayoría ignotos, fueron todos héroes de la Patria que dejaron su juventud y su salud en la lucha por la libertad de nuestro suelo. Cada engranaje fue clave, y así como estuvieron ellos, los desconocidos, también fueron necesarios los inspiradores, los que supieron transmitir la noción de la importancia del objetivo. Los de ellos son los nombres más recordados, como San Martín o Belgrano. A estos prohombres, que habían tenido la suerte de ser instruido tanto en las letras como en las armas, les cupo el doble rol de negociar y combatir en el campo. Pero además, tuvieron que liderar, cautivar con sus ideas para lograr convicción en sus seguidores. Como hoy, especialmente en este tiempo, pretenden hacer nuestros políticos, solo que entonces no valía irse en palabreríos ni ideas o promesas vagas, sencillamente porque corrían el gran riesgos de no ser entendidos. De esta circunstancia se desprende la ya célebre frase de San Martín: “Seamos libres, lo demás no importa nada”. Y así lucharon con todo el orgullo de tener claro el porqué de esa guerra.

También un 9 de julio, por esas cuestiones del destino, casi 200 años después, se inicia en la Argentina formalmente la campaña electoral rumbo a unas intensas presidenciales donde se eligen además, gobernadores, legisladores e intendentes. Les toca a quienes aspiran al poder hoy utilizar sus dotes de líderes y oradores para lograr las voluntades, en este caso los votos. 

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Y en nuestra pequeña Patria, en este entrañable Pergamino, 12 listas lanzaron oficialmente a sus candidatos, todos con alguna esperanza, mayor o menor, con expectativas de aceptación por parte de los vecinos, ese voto que los transforme en intendente, en concejal, en consejero escolar.

La dirigencia ya viene protagonizando los primeros movimientos, haciendo las primeras armas para esta contienda en que, aunque no juegue un valor tan alto como la libertad, se pone en cuestión la conducción de Pergamino –y del país todo- por los próximos cuatro años. Y nosotros, que tantas veces somos la voz de los que no tienen voz, entendemos la guerra en términos de propuestas, de que cada candidato luche por presentar mejores ideas para la ciudad, que trate de convencer, de persuadir, de obtener el voto con el sudor de su frente, por usar términos callejeros.

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Si lográramos en nuestra ciudad un verdadero bombardeo de propuestas, a cual mejor pensada para llevar adelante, si la campaña se transformara en un amplio debate respecto de lo que queremos y necesitamos los vecinos, habríamos dado un gran paso moral para acercarnos a aquellos héroes que lucharon por nuestra libertad, sin más interés que lograr el objetivo primigenio de la independencia. Todos murieron pobres, algunos exiliados de su propio país. Esos fueron nuestros ancestros políticos.

Y hacemos hincapié en la necesidad de desarrollar una campaña de ideas, de capacidad de gestión, de lucha por imponer criterios lógicos y con oídos grandes para escuchar a los vecinos, porque las tentaciones a “campañas sucias” están tan cerca, que ya hay denuncias de páginas de Facebook falsas desde donde se difama a uno u otro candidato. Y en esto hacemos cargo a todos y a ninguno en particular, porque este tipo de actitudes, lamentablemente, suelen generar poder imitativo: uno comienza y otros siguen.

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Las campañas políticas en nuestra ciudad debieran recuperar la frescura de los primeros pasos de la nueva democracia, allá por la década del 80, cuando la difamación y la campaña sucia (que siempre existió) era de bajísima intensidad, excepcional y denostada. En la actualidad, en cambio, cada elección se hace más generalizada la tendencia a pretender ganar más desacreditando al contrincante que exhibiendo mejores propuestas.

Esta situación, no favorece a los vecinos, además de generar desagrado, termina por confundir al electorado y a esmerilar a la política, por convencerse que, al fin “son todos iguales” y no hay dirigentes serios.

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Nuestra democracia necesita, y ya a nivel general lo planteamos, un cambio cualitativo en este sentido, dirigentes que no se dejen tentar por el facilismo de hacer “campaña sucia” y una ciudadanía que se rebele ante este tipo de prácticas, quien sea que las realice. Porque de lo contrario, se termina entregando cheques en blanco a postulantes que si utilizan malas artes para llegar al poder, luego utilizarán malas artes para conservarlo y para gobernar.

Volviendo a Pergamino en particular, vemos que es una ciudad pujante, que supo ser envidia de toda la región, que se ha estancado no de manera contundente pero sí de manera relativa respecto de la zona. De cierto modo, Pergamino es al país lo que Argentina al mundo: puede decaer y mucho, pero nunca transitar por los bajofondos debido a que tiene potenciales comparativos que la hacen estar siempre en posición de mejorar: recursos naturales, culturales, situación geográfica estratégica. En fin, aquí (Argentina o Pergamino) está todo dado para siempre poder estar mejor. No existe pobreza estructural de ninguna índole y situación natural que nos limite. Pergamino está vivo en todos los aspectos pero necesitamos dirigentes que se arremanguen para trabajar para que sigamos hacia un futuro que puede ser muy importante. Que muestren sus ideas, proyectos y planes, que digan cómo piensan llevarlo a cabo y que luego lo cumplan. 

 

Aunque parezca contradictorio, en términos electorales estamos necesitando volver la mirada hacia atrás, hacia formas más genuinas de hacer campaña como en los 80, hacia voces más inspiradoras como en 1816. 

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