Empresarios de alimentos ven las paritarias como método de reactivación
Cuando hablamos de economía no lo hacemos de números solamente, hablamos de expectativas, de franjas etarias, de comportamientos del capital y el trabajo, de respuestas a determinados estímulos porque, en definitiva, la economía es una ciencia emparentada con lo social, sobre todo en términos de la microeconomía, que es la que mueve las cuestiones cotidianas del país. La que vive el hombre de a pie.
La inflación, en cualquier contexto, es altamente nociva para el mercado interno, esto no hace falta salir a pregonarlo porque cualquiera lo sabe. Los argentinos hemos vivido, en este aspecto, situaciones muy difíciles producto de esta deformación en el valor de las mercancías.
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Las paritarias, los acuerdos entre los trabajadores y las patronales, en momentos inflacionarios se transforman en verdaderas batallas para que no se disparen los costos de las empresas, lo que deriva en más aumentos de precio cuando no en la imposibilidad de continuar el negocio, y que al mismo tiempo el salario siga manteniendo el valor de compra.
En este equilibrio difícil están tratando de vivir los argentinos que tienen una remuneración fija mensual y los empresarios de todos los rubros. Por eso con la inflación nadie gana sino que la pelea es dura para unos y para otros.
La consecuencia de que ese equilibrio no se mantenga es la incipiente recesión que estamos viviendo, incluso en rubros básicos como los alimentos. Por eso almacenes y los grandes supermercados esperan los aumentos de salarios (al tiempo que los dan a su personal) para ver si la reactivación del consumo se produce en el segundo semestre del año.
Es que ya van 15 meses de caída continuada en las ventas pero ahora los empresarios de consumo están esperanzados en que los aumentos salariales que están negociando los principales gremios terminen ayudando a despertar la demanda. No siempre es una reacción instantánea como se espera porque hay salarios con verdadero atraso y, por otra parte, hay cadenas de supermercados que están ofreciendo sus productos con un margen de ganancia exorbitante. Tanto que a veces se encuentran mejores precios en almacenes, que no compran a granel como en los supermercados, que en las grandes cadenas donde, naturalmente, el valor debiera ser menor.
De acuerdo con estudios realizados por consultoras privadas, a partir de 2011 el segundo trimestre del año siempre coincidió con una reactivación de las ventas debido a los aumentos salariales, pero esta tendencia se cortó en 2014, cuando el efecto paritarias no se tradujo en una mayor demanda, y el año pasado el segundo trimestre fue el que presentó la peor demanda de todo el período. Por eso decimos que no siempre el aumento de sueldo se traduce en reactivación inmediata de ventas, precisamente porque, como advertimos, hay muchos salarios atrasados y la gente se ha ido endeudando con sistemas de pago como tarjetas, créditos, pagos diferidos con valores, cuando cobra mejor sueldo trata de ir poniéndose al día con esos compromisos.
Los empresarios igualmente ahora se muestran confiados en que la historia no se repetirá, y destacan como un dato alentador que en los últimos meses la inflación dio señales claras de una desaceleración, incluso en los relevamientos de precios de las consultoras privadas. Es más una esperanza que una certeza pero veremos qué sucede cuando las paritarias estén todas terminadas.
El mes que consideran clave para elevarse desde la meseta del consumo actual es junio, cuando se tendrían que sentir los aumentos de sueldo, aun cuando varias paritarias vienen atrasadas y se han perdido ya varios meses del año sin los incrementos esperados.
Los supermercados esperan que, en realidad, como los aumentos de salarios no permiten ahorro alguno -lo que es lamentable-, sean volcados masivamente al consumo en sus empresas.
Es que vienen preocupados porque en el primer trimestre del año las ventas de productos de la canasta básica como alimentos, bebidas, artículos de tocador y de limpieza, acumulan una caída de 0,7 por ciento, que se suma así al retroceso de 1,4 con que había terminado 2014. Pero el dato más preocupante es que marzo cerró con la mayor baja (-1,6 por ciento) de los últimos seis meses, que sólo fue superada por el descenso de 1,8 que se había registrado en octubre del año pasado.
Cada punto representa muchos millones de pesos en las cadenas de supermercados. Y estas bajas de consumo las sufren con toda intensidad en sus ganancias pero también llega el efecto a proveedores e inclusive empleados: los primeros pierden a la par y los segundos tienen en jaque su fuente laboral. Pero tanto analistas como empresarios destacan que el panorama para el segundo semestre del año se presenta más favorable.
Esperan una suba en la venta de alimentos del 1 por ciento porque además de las paritarias también confían en las 12 cuotas que estableció el Gobierno nacional para electrodomésticos y otros rubros y la baja de Ganancias que, aunque insuficiente, también esperan que se vuelque al mercado. Al tiempo que hay un dólar planchado que también beneficia a los empresarios de servicios.
En estas aventuras para ganarle a la inflación estamos inmersos todos los argentinos y esperamos que los vaticinios sobre reactivación, a partir de los aumentos de salarios por las paritarias, se cumplan.















