El trabajo de nuestros concejales ¿es el que la sociedad demanda?

Se acercan las elecciones y decenas de vecinos pretenden ser parte de las listas para ingresar al Concejo Deliberante. Son 20 los representantes y este año se renueva la mitad. Durante 2014 se trataron casi 300 proyectos pero la mayoría de ellos sin que refirieran a asuntos de real interés para la comunidad. ¿Espera otra cosa la gente de sus ediles?
DE LA REDACCION. Como representantes directos de los vecinos, los miembros del Concejo Deliberante deben presentar proyectos y sancionar ordenanzas que respondan a las necesidades e inquietudes de la comunidad, y que tiendan a mejorar la calidad de vida en la localidad.
El Concejo además, tiene la facultad de controlar las acciones encaradas por el Departamento Ejecutivo del Municipio, solicitando informes y explicaciones a sus funcionarios.
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El Concejo Deliberante de cualquier ciudad del país, además, no es otra cosa que la cuna y origen de formación de nuestros demócratas. Nadie está más cerca de las necesidades populares, ni nadie más próximo al escrutinio del votante. El concejal es, definitivamente y tal como lo pensaron los griegos cuando le dieron forma al sistema democrático, la voz del pueblo.
Para eso se eligen por mitad cada dos años. En nuestra ciudad hay 20 concejales y 10 de ellos terminan mandato el 10 de diciembre. En tanto, decenas de vecinos pretenden formar parte de las listas y salir elegidos en los comicios de octubre. Pero viendo cómo funciona el Concejo Deliberante de Pergamino en los tiempos que corren, aggiornado a las nuevas formas de gestionar y de hacer política, ¿se ve reflejada la representación del pueblo en términos de asuntos de interés que se tratan en el recinto?
Trabajo no falta y dedicación tampoco, y eso se ve reflejado en la cantidad de expedientes ingresados y en las muy pocas inasistencias que se reflejan en los registros. Aunque lo que sí se puede poner en tela de juicio es la calidad de proyectos que, en muchos casos, distan bastante de lo que podría esperarse. En concreto, la mayor parte del tiempo se va en cuestiones minúsculas, de defensa de intereses políticos, en chicanas inconducentes que se esfuman en cuestión de minutos, en declaraciones formales de repudio o beneplácito, y no suele irse al hueso con asuntos que le puedan cambiar la realidad a la ciudadanía, que pretendan mejorar cuestiones que verdaderamente aquejan.
Esa es la mayor crítica que se le puede hacer al Concejo Deliberante de Pergamino, a la par de que a prácticamente la mitad del cuerpo no se le conoce la voz porque no participa de los debates sobre tablas. Son 20 los concejales y muchos de ellos, si bien nunca faltan a las sesiones, aparecen en sus bancas para levantar la mano a la hora de una votación que, generalmente, es en bloque, es decir sin poder decidir por sí mismo en el caso de que su opinión en determinadas ocasiones sea diferente a la del sector político al que representa. Si está bien o no es discutible, lo concreto es que esto funciona así y que hay concejales que jamás participan de los debates. Seguramente su labor la realizan en otros ámbitos, como en las comisiones internas o relevando necesidades con la gente, en ese trabajo que suele no verse. Pero a la hora de las sesiones, solo unos pocos llevan la voz cantante y estaría mejor si el pueblo pudiera escuchar a todos, porque en definitiva, por más que haya autoridades definidas, ningún concejal tiene más representación que otro: todos los votos valen uno, salvo el del presidente en caso de empate.
Calidad de proyectos
Durante el año pasado hubo 18 sesiones ordinarias en el Concejo y solo se registraron 21 ausencias, la mayoría de ellas con aviso y justificadas. De modo que se puede concluir en que el compromiso de asistir a las sesiones, que se realizan cada 15 días, es alto por parte de los concejales pergaminenses.
En cuanto a los proyectos que ingresaron a las sesiones, en total fueron 293, lo que da un promedio de 16,2 proyectos por sesión. Es un número para nada despreciable, pero hay que discriminarlos por calidad de los mismos. En ese punto cabe señalar que los proyectos de ordenanza (se podría decir que son los más importantes porque demandan más tiempo de estudio y de trabajo) fueron en total 52 (un promedio de 2,8 por sesión). Fueron presentados 18 por el bloque Frente para la Victoria-Partido Justicialista; 12 por el bloque Faunen; 15 por el bloque PRO (que en una buena parte del año funcionó junto con el Frente Renovador) y 7 del Frente Renovador. En cuanto a los proyectos de resolución, fueron presentados 57 por el bloque Frente para la Victoria-Partido Justicialista; 26 del bloque Faunen; 21 del PRO y 18 del Frente Renovador.
En tanto los proyectos de comunicación fueron 71 del bloque Frente para la Victoria-Partido Justicialista; 10 del Faunen; 15 del PRO y 23 del Frente Renovador.
Es necesario remarcar la cantidad de integrantes que tiene cada bloque y hacer un promedio de proyectos presentado por cada concejal. Durante el período 2014, que es el que se está analizando, los dos bloques mayoritarios fueron los de Frente para la Victoria-Partido Justicialista y del Frente Amplio Unen, ambos con ocho miembros cada uno. Durante varias sesiones funcionaron juntos PRO y Frente Renovador con cuatro, completándose así los 20 ediles. Después, por los vaivenes de la política, PRO quedó con tres ediles y el FR con uno. Esta última es la composición actual del Concejo.
La relevancia
Todo asunto que promueva o presente un concejal, deberá ser en forma de Proyecto de Ordenanza, Decreto, Resolución, o de Comunicación.
Ordenanza es una disposición emanada desde el Concejo Deliberante que crea, reforma, suspende o deroga una regla de aplicación general, cuyo cumplimiento compete a la Intendencia municipal.
Un Decreto es una disposición que adopta el Concejo y que tiene por objeto el rechazo de solicitudes particulares, la adopción de medidas relativas a la composición u organización interna del Concejo y, en general, toda disposición de carácter imperativo que no requiera la promulgación del Departamento Ejecutivo.
Una Resolución es una disposición que adopta el Concejo que tiene por objeto expresar una opinión del Concejo sobre cualquier asunto de carácter público o privado o manifestar su voluntad de practicar algún acto en tiempo determinado.
Una Comunicación es una disposición que adopta el Concejo y que tiene por objeto contestar, recomendar, pedir o exponer algo al Departamento Ejecutivo respecto de alguna actividad propia del mismo. Queda claro, entonces, que hay un tipo de proyecto para cada necesidad y que, por ejemplo, no es lo mismo ni demanda el mismo tiempo de análisis y trabajo manifestar el beneplácito por el resultado de un partido de fútbol que proponer una ordenanza que garantice mejor acceso a la salud, a la vivienda o a la educación.
Días pasados, sin ir más lejos, se habló durante casi una hora sobre la vida y obra de Eduardo Galeano, por la reciente muerte del brillante escritor uruguayo. Nadie podría poner en duda la enorme pérdida y que al menos hacía falta una mención del triste acontecimiento. Pero ¿debe ser el Concejo Deliberante de una ciudad como la nuestra la caja de resonancia de un hecho de esa naturaleza, o el precioso tiempo de las sesiones debiera ser utilizado en asuntos más terrenales, propios de nuestra vida cotidiana y nuestras necesidades como comunidad?
Lo urgente, lo importante y lo pertinente, sobre todo lo demás
Cualquier inquietud que afecte al ciudadano pergaminense tiene necesariamente como primera caja de resonancia al Municipio. Y dentro de este, el Concejo Deliberante es el espacio de representación de las voces de todos.
Siguiendo esta lógica, ningún asunto concerniente a Pergamino será abordado en otra localidad, ningún concejal de otra ciudad se tomará el tiempo para atender ese reclamo, esa necesidad. Por ende, la labor primigenia y exclusiva de los ediles, vecinos privilegiados de Pergamino que fueron bendecidos con el voto, deben ocuparse del acontecer local, siempre en un todo de acuerdo con su pertenencia ideológica y partidaria, habida cuenta de que aquel sufragio que lo consagró fue emitido -es de suponer- por una identificación del ciudadano con el candidato y la propuesta de su partido.
El concejal es la primera instancia, el primer contacto y, en muchos casos, el único entre representantes y representados. De allí el rol fundamental que cumple en la consolidación de la República. El acuerdo o contrato que rige esta relación surge en el momento en que el candidato presenta su propuesta electoral, que el ciudadano acepta cuando lo vota.
Es al tratar una problemática en el recinto que cada concejal debe responder a ese contrato, proponiendo alternativas de solución, un proyecto, una investigación. Y es entonces cuando, a partir de cada visión e ideología, se desencadena el debate plural que debiera llevar a la mejor salida posible.
Esta escena tendría que ser la habitual en cada sesión de nuestro Concejo Deliberante. Pero no es así. Y lo pueden apreciar los ciudadanos, ya que en un gesto democrático que apunta a la transparencia y enaltece a nuestros ediles, todos los encuentros parlamentarios son actualmente televisados.
Son pocas las sesiones en que el debate se aparta de lo político-partidario para atender a las preocupaciones de la ciudadanía. Con una visión optimista, quien ve las transmisiones podría suponer que en Pergamino no hay problemas, habida cuenta de que muchas horas al año se van en frondosos discursos alegóricos a cuestiones obvias y en muchos casos ajenas a la ciudad. Por ejemplo, el beneplácito por la labor del Instituto Maiztegui en la crisis del Ebola: ¿alguien podría opinar en contrario? O felicitar al Gobierno nacional por el acuerdo con el Club de París, ¿es necesario generar un acto administrativo para ello? O los extensos resúmenes biográficos y apreciaciones personales ante el fallecimiento de personalidades nacionales e incluso extranjeras. ¿Es para eso que son elegidos los concejales?
No estamos diciendo que no se presenten proyectos concernientes a la vida ciudadana pero en proporción, son muchos más los que tienen que ver con declaraciones de interés municipal y tantísimos otros los que emiten beneplácito o repudio frente a cada movimiento del Gobierno nacional, como si el pronunciamiento de un grupo de ediles pergaminenses alterara el pulso de la realidad argentina. Ya sea en el seno de los bloques, en las comisiones internas o en el propio recinto, el tiempo que demanda el tratamiento de estas cuestiones es robado al de atención a las necesidades del vecino, al que sí le pueden cambiar la vida las decisiones que emanen del cuerpo deliberativo.
La representación es el sustento de la democracia y el Concejo Deliberante su expresión máxima en el nivel municipal. La pregunta es ¿esos proyectos representan la voz de los vecinos?
El rol del concejal está desdibujado. Las consabidas funciones de legislar, representar y controlar han sido reemplazadas por expresiones de beneplácito, repudio, de interés y reconocimiento a personalidades de nuestra sociedad. En sí mismas, nada tienen de malo estas acciones, solo que no son la razón de ser el Poder Legislativo municipal. No constituyen lo urgente, lo importante ni lo pertinente para el pergaminense. Nuestros ediles navegan por la superficie de la realidad local, intentando simpatizar con la sociedad a través de acciones más propias de una asociación civil. Con declaraciones de interés, de pergaminenses sobresalientes, de beneplácito, de repudio, así como con la apertura del recinto para actividades culturales, pareciera que el Concejo se acercara más a la gente. Sin embargo, logran el efecto contrario. Al menos en lo que refiere a su condición de ámbito de gestión municipal y centro de decisión política más cercano al ciudadano. Del otro lado, el vecino percibe que de allí no salen soluciones. Ya no espera nada a cambio de su voto, no se acerca al cuerpo para hacer oír su voz y su participación se redujo a la queja en la mesa familiar, a la difusión de una cadena de e-mail, a las diatribas en las redes sociales o a ser parte de alguna manifestación pública de resultado incierto.
La clave de la actual crisis del sistema político argentino es precisamente que se ha perdido esta representatividad. La imagen palmaria de ello es el Congreso de la Nación, donde impera la obediencia partidaria y de billetera, no hay objeción de conciencia ni compromiso con el terruño, donde con ausencias y presencias en el recinto se expresan las opiniones en lugar de propiciarse el debate. Y donde las leyes que le cambian la vida a la gente duermen el sueño de los justos mientras aquellas que son funcionales políticamente al Gobierno se aprueban en sesiones maratónicas. El argentino dejó de sentir que el Poder Legislativo interpreta y expresa sus intereses desde el momento en que los partidos políticos, la dirigencia política, se convirtieron en una oligarquía que defiende sus propios intereses.
La falta de representatividad de la política argentina llevó a que la política se despolitizara. La gente percibe la falta de debate. Percibe el vacío político. No se siente representada.
Si bien en nuestro Concejo Deliberante se advierte una actitud diferente en cuanto al compromiso, la labor y la asistencia, que es dable reconocer, hay puntos en común con sus análogos nacionales: en lo que a su función refiere, que es la de legislar y controlar, están cada vez más lejos de la gente y más interesados del estrellato personal en pos del acomodamiento político futuro.
Las generalizaciones son odiosas, tanto de personas como de situaciones. Ni son todos los ediles ni es todo el tiempo. Pero para todos cabe el llamado de atención a volver la mirada sobre lo urgente (aquello que el vecino necesita hoy), lo importante (aquello que al vecino le cambiará la vida) y lo pertinente (aquello que en ningún otro estamento de gobierno más que el local tendrá solución). Todo lo demás, está de más.
















