El sistema de calificación tradicional vuelve a la primaria
La modalidad de no poner aplazos numéricos a los alumnos de primaria duró solo un año en la provincia de Buenos Aires; el cambio de mandatario trajo consigo la vuelta a un sistema de evaluación tradicional, que el acompañó la formación de todas las generaciones hasta hoy.
El regreso del aplazo al sistema de calificaciones del nivel primario bonaerense, reemplazado en 2014, ya está en vigencia de la mano de la gestión de María Eugenia Vidal. Y lo que se puede cuestionar es que estos cambios debieran planearse al comenzar el ciclo lectivo y no a mitad de año, prácticamente. No es una decisión precisamente pedagógica, visto desde este punto de vista y complica su aplicación por parte de los efectores de la educación, además de prestar a confusiones a los propios alumnos y sus padres.
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La modificación de 2014 tenía el sofisticado argumento de no estigmatizar a los alumnos con las notas más bajas como 1, 2 y 3 (más difíciles de remontar) y decía buscar nivelar para arriba a fin de que lleguen al ciclo siguiente con los conocimientos necesarios. Se iguala para arriba, en realidad, cuando los niños aprenden más y mejor, no cuando se les impulsan las notas hacia arriba, mostrando un resultado que en la práctica no se refleja.
Mediante una circular que sería enviada esta semana a las escuelas antes del cierre de los boletines, se podrá calificar nuevamente con 1, 2 y 3 a los alumnos desde 4° a 6° grado, mientras que para los chicos de 1° a 3° a nivel conceptual la escala irá de insuficiente a sobresaliente, pasando por regular, bueno y muy bueno. En la normativa aplicada por la gestión Scioli las notas más bajas eran 4, 5 y 6. Al aprobarse con 7, con no mucho esfuerzo se alcanzaba un promedio para aprobar. Ahora, si el alumno en cuestión es merecedor de un 1, no recibirá un 4, sino lo que obtuvo: un 1. Y su esfuerzo deberá ser denodado para lograr eximir la materia. Nada más claro y lógico.
En tanto se mantiene la decisión de que no se repita de primero a segundo grado, porque esta medida muy bien recibida desde el comienzo por los docentes, precisamente porque de este modo se respetan los tiempos madurativos de los niños. Debiéndose lograr un nivel más o menos equiparado al pasar al tercer grado, cada uno a su tiempo en un lapso de dos años.
El sistema de calificación al que se ha retornado es muy parecido al de la niñez de todos los jóvenes y adultos de hoy. La realidad es que resultaba más claro, más justo y nos ha permitido saber con claridad si estábamos preparados o no para la segunda etapa, que era la escuela media. Al fin, los pequeños alumnos de primaria son también sujetos sociales, que además de estar incorporando saberes académicos, están en este período formándose integralmente para la vida. En su ámbito y con medidas acordes a la edad, reciben pautas de ciudadanía y vida en sociedad que deben ser claras: no tiene las mismas consecuencias hacer las cosas bien que hacerlas mal, saber hacerlas que no. Por eso, responder correctamente las consignas de una evaluación no debe tener el mismo correlato que no saberlas o que saberlas dudosamente. Distinguir y poder hacer una relación entre causa y efecto es primordial en la formación de los sujetos sociales.
Claramenente, como sostienen los gremios, el problema de las notas no soluciona los temas de calidad educativa. Y es verdad, pero la medida no fue tomada pensando que con esta estrategia se modifica la calidad con que se enseña, un tema multicausal que depende de muchos resortes, desde el ambiente familiar de cada alumno hasta la habilidad del docente.
Son distintos debates los que nos debemos, uno es la calidad educativa que si bien no depende de las nominaciones que tenga la calificación, es bien cierto que poner notas que dan como suficiente el aprendizaje, cuando el alumno no ha rendido ni mínimamente, es una suerte de estafa que se les hace a los alumnos y a los padres.
Paralelamente se debiera impulsar hacia arriba en la educación primaria, como base lógica y necesaria para un secundario mejor aprovechado, con más herramientas para acceder a nuevos conocimiento.
Lo cierto es que la medida aprobada por el Consejo General de Educación de la Provincia de Buenos Aires en una ajustada votación de cuatro votos a favor del cambio contra tres que pretendían que el sistema continuara como hasta ahora generó no poco debate entre los que criticaban la quita de los aplazos por considerar que los chicos pasaban de grado sin tener ninguna exigencia escolar y los que veían la medida como una decisión progresista para contener a los chicos en el sistema escolar.
La realidad es que esta contención de los niños en el sistema escolar se mantenía en la primaria, con la ficción de que todos aprobaban. Pero al llegar al secundario los fracasos son peores y la deserción se hace visible.
Es interesante y preocupante a la vez que haya poca deserción primaria en la Argentina, porque las cifras se mezclan entre las distintas zonas del país. Pero si miramos con atención el mapa, vemos como en Ciudad de Buenos Aires y en el Conurbano hay escasa deserción, pero en Misiones, en Santiago del Estero y otras provincias norteñas es escandaloso el nivel de niños que abandonan la escuela primaria. Lo que implica, en estos tiempos, sellarse un destino de pobreza que luego se vuelve endémica. Esta cuestión debe ser observada y puesta en la agenda de los gobernadores de estas provincias que parecen ser cómplices de la situación, cuando saben que en la mayoría de los casos dejan la escuela para ir a trabajar en cosechas, violando toda norma que prohíbe el trabajo infantil.
El director general de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, Alejandro Finocchiaro, puso en claro su posición respecto a que hay que terminar con la pedagogía de la compasión, tras opinar que el regreso de los aplazos al nivel primario no es estigmatizante: Estigmatizar es hablar peyorativamente de una cualidad subjetiva que hace a la esencia de la persona, su color de piel, su nacionalidad, sus creencias religiosas, políticas, pero hablar de una nota que, eventualmente, esforzándote podes mejorar y cambiarla, no estigmatiza, no estigmatizaba ayer, no estigmatizará mañana.
El funcionario sostuvo que repetir nunca es una experiencia agradable, aunque señaló que hay instancias para que no llegue a repetir: la mirada del docente, el acompañamiento de los equipos psicopedagógicos. La repitencia es ciertamente una situación frustrante para alumnos, padres y docentes pero también, al igual que sucedió con otros índices sociales, se hizo mucho por evitarla desde el Estado más con fines de exhibición que por éxito de la enseñanza. Siempre sirve a las autoridades de turno mostrar grados bajos de repitencia y deserción, especialmente cuando por otras vías se critica el sistema.
Y nosotros agregamos la contención familiar como una herramienta más para lograr que los chicos rindan mejor en el ciclo escolar. Sabemos que son épocas en que madre y padre trabajan y quizá llegan cansados y sin vocación de atender a sus hijos. Pero mirar un cuaderno al menos, hacerle sentir al chico que para ellos es importante que le vaya bien en la etapa escolar, no parece un esfuerzo lejos de las posibilidades de padres que trabajen.
Es fundamental que la familia les trasmita a los hijos la importancia que tiene la escolaridad, lo que le va a servir en el camino de su vida, tanto sean profesionales o empleados u obreros poco calificados. Porque les van a trasmitir una experiencia de vida muy importante desde el ángulo que lo enfoquen.
Si la familia hace su aporte, el docente y todo el sistema educativo que tiene falencias que son parte de un análisis específico, que excede este editorial, los chicos tendrán más referencias y motivos para hacer lo que deben en la edad escolar: estudiar y aprender.













