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El sábado será la celebración de la Virgen de la Medalla Milagrosa

27 de noviembre de 2013 a las 12:00 a. m.

DE LA REDACCION. Bajo el lema “Celebremos a nuestra Madre y demos gracias por estos 30 años de caminar juntos en la Fe”, ayer en la capilla San Pantaleón y Medalla Milagrosa, J. J. Valle entre Ecuador y Bolivia, comenzaron las actividades en torno a las fiestas patronales de dicha advocación mariana. 

En este sentido hoy, Día de la Medalla Milagrosa, a las 18:00 se rezará el Rosario y posteriormente se realizará la Celebración de la Eucaristía en la que se rezará por el eterno descanso de José Ghelfi que recibió corona de caridad, además se efectuará la imposición de la medalla.

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Mañana y pasado, al igual que los días anteriores, el rezo del Rosario será a las 18:00 y a las 18:30 se celebrará misa.

El sábado, a las 18:30, será la procesión y luego la misa en la que se pedirá por el barrio 27 de Noviembre y sus intenciones. Luego habrá un festival artístico en memoria del cumplimiento de los 30 años de la colocación de la piedra fundamental.

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Las apariciones 

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El 27 de noviembre de 1830 la Virgen Santísima se apareció a Santa Catalina Labouré, humilde religiosa vicentina. 

El 1830 es un año clave: tiene lugar en París la primera aparición moderna de la Virgen Santísima. Comienza lo que Pío XII llamó la “era de María”, una etapa de repetidas visitaciones celestiales. Entre otras: La Salette, Lourdes, Fátima. Las apariciones siempre se producen para traer gracia, acercar a los fieles a Jesús y  recordar el camino de salvación.

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Catalina Labouré

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Catalina nació el 2 de mayo de 1806, en Fain-les-Moutiers, Borgoña (Francia). Entró a la vida religiosa con la Hijas de la Caridad el 22 de enero de 1830 y después de tres meses de postulantado, el 21 de abril fue trasladada al noviciado de París, en la Rue du Bac 140.

 

Medalla

La tarde del 27 de noviembre de 1830, sábado víspera del primer domingo de Adviento, en la capilla, estaba Sor Catalina haciendo su meditación, cuando le pareció oír el roce de un traje de seda que le hace recordar la aparición anterior.

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Aparece la Virgen Santísima, vestida de blanco con mangas largas y túnica cerrada hasta el cuello. Cubría su cabeza un velo blanco que sin ocultar su figura caía por ambos lados hasta los pies. Cuando quiso describir su rostro sólo acertó a decir que era la Virgen María en su mayor belleza.

Sus pies posaban sobre un globo blanco, del que únicamente se veía la parte superior, y aplastaban una serpiente verde con pintas amarillas. Sus manos elevadas a la altura del corazón sostenían otro globo pequeño de oro, coronado por una cruz.

La Virgen mantenía una actitud suplicante. De pronto sus dedos se llenaron de anillos adornados con piedras preciosas que brillaban y derramaban su luz en todas direcciones, circundándola en este momento de tal claridad, que no era posible verla.

Tenía tres anillos en cada dedo; el más grueso junto a la mano; uno de tamaño mediano en el medio, y no más pequeño, en la extremidad. De las piedras preciosas de los anillos salían los rayos, que se alargaban hacia abajo; llenaban toda la parte baja.

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Mientras Sor Catalina contemplaba a la Virgen, ella la miró y dijo a su corazón: “Este globo que ves (a los pies de la Virgen) representa al mundo entero, especialmente Francia y a cada alma en particular. Estos rayos simbolizan las gracias que yo derramo sobre los que las piden. Las perlas que no emiten rayos son las gracias de las almas que no piden”, con estas palabras la Virgen se da a conocer como la mediadora de las gracias que nos vienen de Jesucristo.

Se apareció una forma ovalada en torno a la Virgen y en el borde interior apareció escrita la siguiente invocación: “María sin pecado concebida, ruega por nosotros, que acudimos a ti”.

Sor Catalina oyó de nuevo la voz en su interior: “Haz que se acuñe una medalla según este modelo. Todos cuantos la lleven puesta recibirán grandes gracias. Las gracias serán más abundantes para los que la lleven con confianza”.

La aparición, entonces, dio media vuelta y quedó formado en el mismo lugar el reverso de la medalla.

En él aparecía una M, sobre la cual había una cruz descansando sobre una barra, la cual atravesaba la letra hasta un tercio de su altura, y debajo los corazones de Jesús y de María, de los cuales el primero estaba circundado de una corona de espinas, y el segundo traspasado por una espada. En torno había doce estrellas.

El arzobispo de París permitió fabricar la medalla tal cual había aparecido en la visión y al poco tiempo empezaron los milagros.

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