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El retorno de los secuestros al tapete de las modalidades delictivas

27 de mayo de 2016 a las 12:00 a. m.

No es la primera vez que atravesamos etapas como la actual en materia de inseguridad; en la Argentina las modalidades delictivas avanzan y retroceden, pero siempre vuelven.

En estos días se está produciendo una ola de secuestros que generan preocupación en ciudadanos y autoridades. Aunque siempre subyaciente, que la multiplicación de casos haya ganado titulares en la prensa hace que la problemática esté sobre la mesa y nadie pueda ignorarla o minimizarla. Esto es positivo en un punto, porque nos habíamos acostumbrados a que se quisiera desde la oficialidad reducir estas situaciones reales y dramáticas a una “sensación” de inseguridad, como repetían encumbrados funcionarios K. Que al menos se hable con preocupación es una suerte de “avance”, sin ignorar que, al fin, más allá de posturas lo que importa es que se encuentren soluciones. Otra diferencia entre el ayer reciente y el hoy es que, siendo el Conurbano el epicentro de la modalidad, con el alineamiento entre Nación y Provincia y la labor conjunta que dicen realizar las policías metropolitana, federal y bonaerense, ya no hay excusas para dar un combate serio a esta delincuencia.

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Y decimos que se trata de una ola de delitos de este tipo por un dato duro: se produjeron 106 secuestros en cinco meses, es decir  uno cada 29 horas. Esto amerita ser tomado con mucha seriedad, no como situaciones asiladas, y buscar atacar el problema con todas las herramientas con que cuenta el Estado en todos sus niveles. Sería ingenuo pensar que no hay conectividad entre los hechos, es como decir que hay 106 bandas de secuestradores operando. Por ello el tratamiento debe ser estratégico y no espasmódico.

Hay un dato ineludible cuando analizamos esta temática: en otra ola de secuestros, el propio presidente de la Nación Mauricio Macri fue una víctima y casi pierde la vida. 

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Nadie mejor que él para entender este problema. Ahora lo que se espera es un avance contundente de las fuerzas de seguridad para llegar hasta el hueso con estas bandas delictivas.

Esta semana el secuestro y la posterior liberación de un chico de 10 años que estuvo cautivo casi 36 horas en un hotel de Constitución, por el que su familia estaba por pagar 150.000 pesos de rescate, fue la gota que rebasó un vaso que se venía llenando y disparó la preocupación del Gobierno sobre esta modalidad delictiva. Se habla de grupos con armas sofisticadas, que en algunos casos hacen inteligencia y en otros casos salen a buscar al “voleo” a sus víctimas, lo que define generalmente que se trate de  secuestros “exprés”, es decir cortos y rápidos y sin necesidad de una estructura tan importante. La víctima generalmente pasa su cautiverio en un automóvil y el monto del rescate se pacta sobre la marcha con lo que sacan del cajero automático o lo que guardan en la casa. Pero ahora vemos que emerge el otro secuestro, el que está más planificado, con más infraestructura, que tiene lugares para retener a la víctima varios días si es necesario y ampliar la extorción hasta lograr mejores rescates. Esto implica además que haya una “banda”, es decir varias personas, con roles estratégicos.

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“Los secuestros son una de las peores metodologías hacia la gente. Estamos convencidos de que estamos llegando a los núcleos donde se están cometiendo estos delitos y vamos a lograr frenar esta cantidad de secuestros que ha habido. Estamos trabajando en conjunto con la Provincia y con la Ciudad de Buenos Aires en la parte preventiva”, dijo la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich. 

Esto es lo que esperábamos escuchar, pero también queremos ver a las fuerzas de seguridad en acción. Porque cuando se está frente a bandas organizadas, con un alto grado de logística, se requiere de un trabajo serio, profesional y mancomunado de las fuerzas de seguridad para lograr una efectiva desarticulación, de raíz. Esto no quiere decir que no se dé serio combate a las versiones “exprés” pero lo cierto es que ese tipo de delito es más difícil de erradicar por lo espontáneo y ocasional. Es como sucede con los robos: una banda que está armada a los fines de hacer trabajo de inteligencia para “grandes trabajos” como son los robos a camiones o los golpes llamados “comando”, si bien requiere de un gran esfuerzo de la Policía y de los judiciales, una vez que se la desbarata, se termina de raíz con una parte importante de la problemática. En cambio, por más que se haga prevención y aprehenda a malvivientes, los arrebatos no cesan sustancialmente ya que mientras se está resolviendo un caso, otro está sucediendo al mismo tiempo.

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Como siempre, la sospecha de que dentro de la Policía en los distintos niveles hay connivencia de algunos y hasta tarea directa de otros en los secuestros sobrevuela. Esto tampoco es novedad, volviendo al secuestro de Macri -hace casi 25 años-, fue una banda con excomisarios la que estuvo involucrada en el rapto.

Es que nada es nuevo en la Argentina sino cíclico, como sucede con los robos de coches y otros delitos que retornan cada tanto, cambiando a veces la misma banda de metodología. Lo que implicaría un cambio real respecto de la problemática es que sean encontradas las bandas, juzgadas y encarceladas con el máximo de las penas.

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Y si bien todo secuestro es un delito grave, el de un menor de 10 años es gravísimo y ha sensibilizado a toda la sociedad de manera especial. 

Se trató de un caso con inteligencia previa, habida cuenta que los secuestradores sabían que la familia del menor tenía la posibilidad de pagar el rescate. La madre del niño tiene una parrilla y solía comentar que ganaba alrededor de 1.500 pesos por día. Esto dio idea a los delincuentes de llevarse al niño y cuánto pedir para restituirlo con vida.

El detective consultado dijo que los delincuentes habían llegado a exigir 600.000 pesos de rescate, pero la familia del niño acordó un pago de 150.000 pesos, dinero que fue secuestrado por los investigadores.

Con dos detenidos ya por este delito, no se terminó la causa, ya que los investigadores sospechan que hay otros dos delincuentes que participaron del secuestro y que todavía no fueron identificados.

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La Capital y el Conurbano son los lugares donde se han detectado la mayoría de los secuestros, lo que permite a la Policía tanto Federal como bonaerense y Metropolitana poder rastrillar y hacer inteligencia en el territorio más concreto, aun cuando hablamos de distritos muy amplios. Esta será la prueba de fuego para ver si realmente hay un cambio en la efectividad a partir de la uniformidad de los gobiernos que comandan las fuerzas.

 

Pero no sólo es importante desbaratar estas bandas sino analizar la ruta del dinero que estos grupos delictivos manejan, porque la plata les permite realimentar el sistema de secuestros. Y esta cuestión no es menor, toda vez que se pretende terminar con una modalidad gravísima como es privar a un ser humano de su libertad y soltarlo a cambio de dinero, cuando no quitarle la vida de la manera más cobarde y por el motivo más vil.

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