El problema no es lo que compramos sino lo que vendemos
La balanza comercial cerró octubre con un saldo negativo de 955 millones de dólares, con lo que el déficit no deja de aumentar pese al incremento de las exportaciones, ahora respaldadas en un despegue de los embarques industriales.
El resultado del mes pasado se debió a que si bien las exportaciones sumaron 5.241 millones de dólares, más de un 10,8 por ciento interanual, las importaciones escalaron a 6.196 millones de dólares, lo que se traduce en un 29,5 por ciento. Es parte del análisis que mientras los precios que el mercado paga por los productos nacionales bajaron 1,4, los que el país compra en el exterior subieron 3,2, es decir, hubo un deterioro en los términos de intercambio.
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Lo ideal sería que tengamos una balanza comercial equilibrada, en eso no hay dudas, sin embargo y en función del déficit que tenemos, lo que se puede valorar es que se mantenga impulsado por importaciones ligadas a un proceso de inversión y la recuperación de la economía local. Concretamente se compran insumos y maquinaria al exterior para producir en nuestro país y esa es una buena noticia. Lo que es una mala noticia es que este déficit apunta a ser el más alto en 25 años y que en las actuales condiciones económicas no hará más que escalar, a tal punto que cerraría el año por encima de los 8.000 millones de dólares, según las consultoras que más conocen el mercado.
No escapa al análisis que la economía cerrada de los últimos años, las trabas para importar y el cepo terminó generando un rebote en estos primeros años, ya que todas las empresas que tenían atrasos tecnológicos salieron a comprar al mundo. Pasamos de no conseguir guantes de látex por trabas a la importaciones, a que todos salieran a proveerse.
No es criticable que se importen insumos y maquinarias, por el contrario, es claro que hay mercancía que no conviene fabricar en el país y, en cambio, es mejor adquirirlo en el mercado mundial. La teoría de la sustitución de importaciones de los años 70, en estas épocas de globalización muestran su inutilidad, a la par de ser impracticable.
La falencia no está en lo que importamos sino en que debemos exportar más, esta es la realidad, cualquier economista lo sabe, también saben que tenemos atraso cambiario. Sin embargo en un país donde hay inflación en dólares, lograr tener en valor la divisa es un camino lleno de acechanzas.
En esta etapa, la verdad es que el crecimiento empuja fuerte las importaciones: cada punto de alza en el PBI implica 3 puntos de aumento en las importaciones, mientras las exportaciones aun habiendo crecido en manufacturas de origen industrial en un 23,9 por ciento, se licua por lo que hablamos: el atraso en el tipo de cambio que demora algunas exportaciones (como las de trigo y soja) y acelera las compras.
Para poner blanco sobre negro, hay fuerte crecimiento de todos los rubros de importación, las que más crecen son las de vehículos. Y entre las de bienes de capital, el mayor impulso viene por la maquinaria agrícola y la destinada a construcción. Las ventas dejan ver la incipiente recuperación de Brasil y la apertura de nuevos mercados en vehículos pero en montos están afectadas por la baja del 9,4 por ciento en precios de los productos primarios.
Ahora bien, exportar más no es un objetivo en abstracto, sino que debe ser una tarea en la que debe ayudar claramente el Estado, con incentivos y con apoyo, al menos hasta que nuestra balanza comercial muestre mayor equilibrio. Porque en definitiva, el déficit comercial lo pagamos todos, no es gratis, esos dólares que salen para las compras de insumos y maquinarias, sin que ingrese divisa en la misma proporción por nuestras ventas, claramente nos perjudica. Además es claro que no hay capitales externos que estén financiando estas compras, sino que salen en la mayoría de los casos del capital nacional. No se trata de una cuestión macro económica solo para entendidos y que para los argentinos es un problema de suma cero. Por el contrario el déficit comercial a los niveles en que lo tenemos es un tema serio, que el Gobierno debe tomar como objetivo hasta lograr equilibrar la balanza.
Y decimos que hay que atender a la cuestión de la balanza comercial, porque la economía argentina registró su séptimo mes consecutivo de crecimiento en septiembre. Así lo informó el Indec , que registró un alza del 3,9 por ciento en su última publicación. El dato de septiembre, no obstante, muestra una desaceleración frente al 4,3 por ciento que había presentado en agosto. Pero lo concreto es que estamos creciendo, de modo que podemos y debemos encarar la problemática de la balanza comercial, para sanear nuestra economía en uno de los aspectos que ha cambiado radicalmente desde la gestión anterior a la actual.













