El principio del fin
El gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) han suscripto el acuerdo más gravitante de cara a poner fin a un conflicto de 52 años y que se cobró 220.000 muertos. Lo convenido este miércoles son temas clave del tercer punto de la agenda denominado Fin del Conflicto. En el tintero queda pendiente acercar posiciones relacionadas con la implementación, verificación y refrendación del llamado Acuerdo Final.
La formalización y el anuncio se realizaron en La Habana (Cuba), con la presencia del presidente colombiano Juan Manuel Santos y representantes de la guerrilla, con la presencia de una comitiva internacional, con el secretario de la ONU Ban Ki Moon.
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Una circunstancia histórica si tenemos en cuenta que con este hecho se está coronando un proceso de paz exitoso con la guerrilla más antigua de América.
El adiós a las armas no fue sencillo, hace cuatro años que comenzaron las negociaciones y se atravesaron todo tipo de tropiezos, hasta lograr este cese al fuego bilateral, esta paz que, se espera, sea definitiva y duradera. Ahora las Farc deben cumplir con su entrega de las armas y el Estado colombiano mantener las garantías de seguridad acordadas por los combatientes, además de la reconversión de los territorios que hasta ahora ocupan. Resuelto esto, la firma definitiva de la paz se daría en dos meses, según los cronogramas conocidos.
Los diálogos o negociaciones de paz entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Farc, tuvieron lugar en Oslo, Noruega y más recientemente se desarrollaron en La Habana. Lo más importante, en estos casos es que los excombatientes si pretenden hacer política, tal cual lo manifestaron en pos de seguir manteniendo sus ideales de lucha, se sumen al proceso democrático en que vive el país.
Uno de los aspectos insoslayables cuando se habla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, es que cuando comenzó a menguar el apoyo económico a la guerrilla, inició a comienzos de la década del 80 los primeros movimientos en relación al cultivo y tráfico de drogas. La inclusión de la guerrilla en el narcotráfico supuso otro problema, no solo por haberse consolidado como una organización narcoguerrillera, sino también por el hecho de haber implementado las denominadas vacunas o impuesto revolucionario.
El cultivo y tráfico de drogas es la principal fuente de ingresos y sostiene las finanzas de estas organizaciones. No solo las Farc sino otras que fueron más efímeras pero hicieron mucho daño a Colombia. De este modo los cárteles de la droga se convirtieron en bandas con capacidad militar, campamentos, armas, estructura jerárquica y aliados con la guerrilla.
La mezcla no podía ser más explosiva: el dinero narco y sus cárteles, especialmente el de Sinaloa en México, mezclados a una guerrilla persistente que secuestraba para pedir rescate o para asesinar. Esta modalidad fue otra fuente de financiación, sobre todo en los comienzos de las Farc.
La lucha contra los cárteles de la droga, los más famosos del mundo, no ha sido sencilla tampoco, pero a medida que Colombia con apoyo de otros países del mundo, incluido Estados Unidos, fue acorralando a los narcos, también las Farc comenzaron a ingresar en una decadencia visible. Sin dinero ingente no hay manera de guerrear y subsistir en la clandestinidad. Recordemos que el secuestro extorsivo fue también el método utilizado por la guerrilla argentina para solventarse. Además, los jefes históricos habían muerto, lo que junto a la falta de recursos y un pueblo cansado de violencia, puso a las Farc en una encrucijada que, gracias a Dios y a las artes de la negociación, decantó hacia la paz.
Pero además hay una cuestión muy importante: las guerrillas se mantienen sobre la base de una mística revolucionaria específica, que si degenera se pierde gran parte de la fuerza que los sostiene en una lucha concreta. Los acuerdos y la unión con cárteles de la droga erosionó claramente a las Farc, algunos de sus jefes se transformaron en narcos y otros se quedaron en la organización guerrillera, pero sabiendo que se mantenían a costa de los más sucios negocios del mundo, lo que claramente deslegitima el objetivo.
El acuerdo sobre el que se viene trabajando y que llegó ayer a un paso que parece definitivo respecto a la paz, paradójicamente, hizo crecer la producción de drogas, específicamente cocaína y marihuana. ¿Por qué? Sucede que una de las pretensiones oportunamente planteadas por las Farc y aceptada por el gobierno colombiano es una reforma agraria con la creación de los Territorios Campesinos, que serían tierras de propiedad de la colectividad y manejados por los personajes que la comunidad guerrillera eligiese para tal fin. Los territorios a reconvertir serían todos aquellos que fueron ocupados y trabajados hasta el fin del acuerdo. Por este motivo, y pensando en hacerse con más terrenos, en los últimos años hubo un denodado esfuerzo de las Farc por extender sus dominios, hasta ahora clandestinos, y por esta razón ampliaron en un 44 por ciento la superficie sembrada con coca y canabis. En afán de quedarse con más tierras y que el gobierno se las blanquee, proveyendo lo necesario para reconvertirlas en sembradíos legales, a propósito amplificaron la producción de drogas. Así, las futuras Zonas de Reserva Campesina, hoy con plantas narcóticas, se transformarán en 8 millones de hectáreas listas para producir, de su pertenencia. Los combatientes quieren tener allí autonomía política, administrativa, económica, casi un país dentro de otro. Si bien a simple vista surge que es fortalecer al enemigo, hoy es la puerta a la paz. Quedará en manos de los sucesivos gobiernos colombianos que esto no se transforme en un caldo de cultivo para un nuevo conflicto. Ya el daño ha sido demasiado en estos 52 años, y no solo por las 220.000 muertes; la expansión de la droga también es parte del saldo negativo de las Farc.
Por lo pronto, los combatientes plantearon priorizar la erradicación manual como principal método de terminar de drogas, en concertación con los cultivadores y productores de drogas ilícitas aunque se acordó que los cultivos de las plantas que correspondan a usos ancestrales no se eliminen. Hay que ver si todos ellos aceptan cambiar una producción tan lucrativa por otras que les reportarán más trabajo y menos ingresos.
Es parte de lo acordado que el Estado colombiano deberá perdonar crímenes considerados de lesa humanidad, lo cual implica todo un problema jurídico por su imprescriptibilidad, pero el planteo es que terminar con este grupo insurgente resulta un objetivo mayor. No obstante se estudia la posibilidad de llamar a un plebiscito para que el colombiano vote respecto de esta cuestión que, aunque sea básica para el acuerdo definitivo. Las Farc no están de acuerdo con la consulta y esto es uno de los asuntos urticantes que demuestran que los combatientes saben que no cuentan ya con apoyo popular. De todos modos la cuestión judicial está siendo sometida a estudio de la Corte colombiana, a fin de establecer la manera de garantizar a los guerrilleros que no serán encarcelados tras el desarme.
Porque nunca se avanzó tanto como hasta ahora y porque las Farc nunca estuvieron tan debilitadas es que se habla del acuerdo denominado como Fin del Conflicto, caracterizado por la cesación del fuego bilateral, como la recta final hacia la paz en Colombia. La hoja de ruta tendrá todavía tres momentos fundamentales: el poner operativo lo acordado. ¿Qué necesitan para instaurar ese cese bilateral? Que las Farc se vayan acercando a las zonas de ubicación, que la ONU despliegue toda su misión de verificación, son 300 personas y eso no es fácil el despliegue. También falta resolver toda la parte logística, como proveerles comida diaria y atención en salud en los campamentos y zonas.
El segundo será la firma del Acuerdo Final; para ese momento ya las Farc deben estar concentradas en un sitio con sus armas. Y el tercer momento es el plebiscito o referendo: cuando la sociedad colombiana apruebe o repruebe el acuerdo de La Habana. El día en que los colombianos voten y aprueben el Acuerdo Final, ese día las Farc empezarán a entregarle todas las armas al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Para ese momento aún faltan por lo menos tres meses, así que las Farc podrían estar ese tiempo concentradas, pero con sus armas.
Nada será sencillo, como no lo fue hasta ahora. Es una batalla ganada camino a la victoria final, sendero que deberán transitar las partes con pies de plomo y sin dejar cabos sueltos. Porque aquí ni se murió el perro ni se acabó la rabia. El germen de la violencia y la droga sigue latente pero lo bueno es que los protagonistas de hoy tienen voluntad de cambiar el curso de la historia.














