El presupuesto propone y la Naturaleza dispone
El drama de la inundación es más que el padecimiento de quienes lo sufren, lo que de todas maneras no es poco. Una vez que el agua comienza a bajar, los estragos van quedando al descubierto de manera obscena y triste. Y es así que a nivel individual y, como veremos, colectivo, las pérdidas son enormes.
Así como cada familia inundada pierde sus pertenencias, muebles, ropa, electrodomésticos y hasta las fotos y los recuerdos, la campaña agrícola en la Argentina a esta altura exhibe pérdidas de entre 1.100 y 1.750 millones de dólares por el efecto de las inundaciones, solo en la provincia de Santa Fe. El ministro de Agricultura bonaerense dijo el lunes en Pergamino que en nuestra provincia aún no fueron cuantificadas las pérdidas y sus implicancias, pero es de superar que serán mayores que las de Santa Fe, dada la extensión territorial afectada, tanto por el agua como por el fuego.
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Obviamente que el escenario con que se hicieron todas las previsiones ya no existe: no habrá cosecha récord por lo que el rubro de los ingresos en los Presupuestos nacional y provincial se verá diezmado.
Las últimas lluvias agravaron un panorama ya de por sí nefasto para el campo, ya que en amplias regiones superaron los 200 milímetros y los campos quedaron bajo las aguas. Y lo que no se puede perder de vista es que en este caso las pérdidas no solo perjudican al chacarero que pagó para una cosecha que se evaporó bajo la lluvia, sino que tendrá claro impacto en las cuentas públicas nacionales y en las comunidades de las zonas núcleo.
Lo cierto es que cuando se bromea al escuchar que los chacareros se la pasan mirando el cielo, porque se considera que los productores exageran sus temores y son eternos llorones cuando tienen maxi ganancias, aunque esto se crea una verdad revelada para el imaginario colectivo, lo cierto es que una lluvia copiosa se puede llevar en un fin de semana el esfuerzo físico y las inversiones de todo el año. Esto para los productores que no tienen previsiones y que han tenido que financiar la cosecha, cuando padecen una inundación no solo dejan de ganar dinero sino que además se quedan endeudados.
La situación es tan compleja en términos de pérdidas que el presidente Mauricio Macri abrió su primera conferencia de prensa de este año, aludiendo al tema: Buen día, es la primera vez en el año que nos encontramos, espero que muchas más, si Dios quiere. Arranco manifestando mi solidaridad, nuestra preocupación y acompañamiento a todas las víctimas de las inundaciones en Córdoba; Entre Ríos; Santa Fe y la Provincia de Buenos Aires.
Y afirmó que se movilizó el comité de emergencias -tanto a fuerzas del Ejército, de las fuerzas de Seguridad, al ministerio de Desarrollo Social, de Hábitat- para tratar de trabajar en conjunto con los intendentes y los gobernadores. Este cambio climático sigue pasándonos facturas y, claramente, lo que tenemos que tratar de hacer, dentro de la medida de lo posible, es asistir, estar cerca, encontrar paliativos y, en esta primera etapa, ahora que por suerte paro de llover y se pronostican 15 días tranquilos, que a nivel de cada provincia trabaje, activamente, en recuperar los caminos secundarios y terciarios para que la producción se pueda poner en marcha, que no se pierdan puestos de trabajo. Después, claramente con tiempo y en la línea de lo que vengo predicando desde que asumí la Presidencia, es que hay que invertir en infraestructura. En este último apartado entraría nuestra represa.
Pero mientras tanto, hay que paliar los daños ya producidos, los de los ciudadanos y los que sobrevendrán a la economía nacional tras el azote del clima a la producción agropecuaria. Para el Gobierno nacional esta situación supone un problema de pinzas porque por un lado lo presupuestado, teniendo en cuenta que ingresarán menos dólares por la cosecha, no se cumplirá. Pero para evitar que sigan sucediendo estas inundaciones hay que poner más fondos en infraestructura. La realidad es que las menores divisas que ingresen a la Argentina por las cosechas arruinadas se van a sentir en algunas áreas, y como no se puede frenar la obra pública porque es la gran apuesta del Gobierno en este año electoral para fomentar empleo y tampoco se puede cortar la ayuda social con más de un 30 por ciento de pobreza, el lápiz se tendrá que afinar ahorrando en los gastos de la administración estatal. Porque cierto es que hay bolsones de ineficiencia (y corrupción también) por donde se disparan más fondos de los necesarios y en el año electoral el Gobierno deberá evitar la tentación de sumar a la ayuda social que ya se brinda, otras distracciones de fondos a punteros y otras especies de parásitos políticos que ya debieran estar en franca extinción. Aquellos que prometen paz social a cambios de fondos para sus organizaciones son claramente poco confiables, la verdadera paz social se logra cuando la economía mejora y mientras tanto, seguir con la ayuda social institucional.
Con la falta de fondos que generarán estas cosechas perdidas no sólo sufrirán los distritos como el nuestro y otros como los santafecinos que están en peor situación, sino que el Presupuesto nacional 2017 se verá claramente alterado y habrá que atravesar un año más duro que el previsto.












