El precio de los medicamentos por las nubes: una postal más del deterioro de la salud
El aumento que han sufrido productos que son considerados "un bien social" impacta no solo en el bolsillo, sino en el bienestar de las personas que se ve amenazado cuando, por razones económicas, no se puede acceder a eso que resulta vital para tratar determinadas patologías. Lo que ocurre tiene consecuencias significativas que sienten por igual farmacéuticos, médicos y prestadores que definen esta cuestión como "la radiografía" de un sistema que cruje.

La crisis económica y social que atraviesa el país se expresa en distintas dimensiones de la vida cotidiana y la salud no es ajena a ello. Esta semana los datos difundidos por el Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos no hizo sino confirmar una realidad que afecta no solo a la actividad farmacéutica sino al conjunto de la población: entre diciembre de 2023 y abril de 2024, el precio de los medicamentos subió por encima de la inflación y superó el 157 por ciento, con un impacto sustantivo que desencadenó un brusco descenso en la compra de estos bienes por parte de ciudadanos que, independientemente de su cobertura social, ven condicionada su posibilidad cierta de acceder a ellos. Esta realidad tiene implicancias tanto en la actividad de las farmacias como en la ecuación de los prestadores del sistema y en los pacientes que en muchos casos se ven seriamente afectados.
Para abordar este tema desde sus distintas aristas, LA OPINION tomó contacto con la presidenta del Colegio de Farmacéuticos de Pergamino, Raquel Speranza; el médico clínico Daniel Picadaci; y el gerente de la Clínica Pergamino, Diego Parra. Cada uno de ellos ofreció su visión, y juntos coincidieron en marcar la preocupación respecto del peso que tienen en la salud de la población cuestiones que se definen a nivel de los mercados y encuentran correlato en diversas situaciones de la vida cotidiana, generando un deterioro profundo con implicancias individuales y colectivas.
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Un termómetro en el consultorio
Daniel Picadaci, médico clínico que trabaja tanto en la órbita privada como en el sistema de atención primaria de la salud, señaló que "en el consultorio se observa el impacto de la crisis económica y social".
"Si bien los pacientes de Pami, que son los que mayormente acuden a la consulta, tienen cubiertos sus tratamientos para patologías crónicas, cuando por alguna razón reciben la indicación de tomar otra medicación por la que deben abonar en la farmacia alguna diferencia, manifiestan la imposibilidad de hacerlo".
"Uno trata de ofrecerles las muestras que tiene en el consultorio, pero eso no siempre alcanza", agregó. Y aclaró que "esta situación no es privativa de los adultos mayores". Por el contrario, mencionó que hay pacientes que teniendo cobertura tienen dificultades para acceder a la compra de medicamentos. "Hoy abonar el 50 por ciento del costo de una medicación representa una suma importante de dinero", acotó.
En el mismo sentido, comentó que "en el último tiempo comenzó a darse la situación de pacientes que tenían cobertura social y tuvieron que darse de baja de sus planes".
Asimismo, el profesional observó con preocupación lo que está ocurriendo con pacientes que están en tratamiento con psicofármacos, por cuadros de depresión o ansiedad y deben interrumpirlos porque no pueden costearlos. "Las consecuencias que sufren en su salud son muy importantes porque esta medicación no puede dejarse de manera abrupta. Esto sucede cada vez más en pacientes jóvenes", precisó.
A su juicio, muchas de las consecuencias de este presente se verán en el mediano plazo. "Cuando un paciente interrumpe un tratamiento o se ve imposibilitado de iniciarlo, lo que se resiente es su salud y también aumenta el riesgo de que ese cuadro desencadene en una situación más compleja que requiera internación, con lo que ello implica en términos individuales y también económicos".
En este escenario lo que se pone en juego es la dimensión social de la tarea médica. Sobre ello, expresó: "La famosa importancia de la relación médico-paciente que uno estudia en segundo o tercer año de la facultad, cobra sentido en estas circunstancias y la empatía resulta muy importante para sortear una situación que nos afecta al conjunto de la sociedad".
En las farmacias
Raquel Speranza, presidenta del Colegio de Farmacéuticos de Pergamino, confirmó que en el ámbito local ha bajado mucho el consumo de medicamentos y observó con preocupación lo que esto implica en la salud.
"Hay gente que elige cuál es el medicamento primordial y lleva solo ese. Y esto es consecuencia directa del aumento que han sufrido los precios. Jubilados y pensionados optan por llevar solo el medicamento que tiene cobertura del cien por ciento por parte de la obra social".
"En el resto de la población, la caída se ha dado más en la compra de medicamentos de venta libre. Cada vez se opta más por los genéricos que tienen un costo sensiblemente menor", describió. Y remarcó que mucha gente ha perdido su cobertura social. En relación al impacto que la crisis tiene en las farmacias, remarcó: "Sentimos fuertemente el impacto porque cambió nuestra ecuación".
"Nosotros compramos y pagamos a lo sumo a los quince días. Hay obras sociales que tardan entre 60 y más días en pagar. Esto genera un desequilibrio frente al cual hay que ser muy cauteloso", sostuvo señalando que las farmacias no tienen demasiados resortes para poner en marcha estrategias que morigeren la dimensión de la crisis porque además no son formadoras de precios.
"En el mes de mayo los laboratorios y el Estado llegaron a un acuerdo para congelar los precios de los medicamentos por treinta días y esto se ha respetado. Pero no sabemos si este acuerdo se va a extender", añadió. "Lo que observamos es que se ha incrementado el uso del bono Pap, un sistema de promoción basado en el concepto de 'llevas 2 y pagas 1'", mencionó. Y explicó: "Con la prescripción médica, el paciente compra un medicamento en la farmacia y si junto a la receta presenta el bono Pap, se le entrega la segunda unidad pagando solo un honorario de dos mil pesos. También hay bono pap de descuento, en algunos casos del 20 por ciento, por el que se hace solo ese descuento adicional al que el paciente tiene por su cobertura".
Al momento de precisar cómo viven los farmacéuticos las situaciones que expresan los clientes, expresó que tratan de acompañar en la medida de lo posible. "En Pergamino la mayoría de las farmacias tienen cuentas corrientes y las mantienen. Algunas veces la situación nos obliga a estar más 'encima' de ellas para evitar que los pagos se difieran demasiado. Igualmente, la gente cuida sus cuentas corrientes y las valora, no observamos porcentajes elevados de morosidad".
Para los prestadores
Otro ámbito donde se siente la consecuencia del incremento en el precio de medicamentos e insumo es en las instituciones de salud que han visto modificadas sus estructuras de costos, en un contexto económico y financiero sumamente complejo.
Respecto de ello, Diego Parra, gerente de la Clínica Pergamino, comentó: "Efectuamos un análisis de los costos en medicamentos comparando el primer trimestre de 2024 con igual período de 2023 y el incremento que tuvimos en medicamentos e insumos fue superior al 500 por ciento. El material descartable tuvo subas muy significativas post devaluación, y lo mismo ocurrió con los insumos médicos, servicios, y la medicación de alto costo. A modo de ejemplo, un suero o solución fisiológica, se incrementó por encima del ochocientos por ciento anual".
"Esta situación nos posiciona en un escenario complejo. Atravesamos una situación en la que prácticamente desapareció la financiación. Hubo momentos en que los proveedores exigían el envío del cheque previo a la entrega de las compras. Y hoy el plazo de financiación no supera los treinta días, cuando nosotros nuestras prestaciones en general las cobramos recién a los 60 o 90 días", explicó y manifestó que este cambio en la estructura de costos no siempre es trasladable al precio de las prestaciones que realizan. "Los convenios más importantes que tenemos son con Pami y con Ioma y en esos casos, son modulados o capitados, es decir que nos pagan un monto fijo por paciente o por patología. Ese monto fijo no tiene en cuenta el aumento del valor del medicamento, es decir que estamos absorbiendo los costos de medicación en valores muy superiores a los que nos pagan por la atención", remarcó.
En relación al resto de los financiadores, reconoció que, si bien hubo un reacomodamiento, "no alcanzó a compensar años de retrasos". "Hay un costo financiero que estamos asumiendo los prestadores, producto de un retraso en el cobro de las prestaciones y un acortamiento de los plazos de pago de medicamentos e insumos. Hoy deberíamos facturar el doble de lo que facturamos para revertir o, al menos, equilibrar la ecuación".
Por último enfatizó que esta situación afecta al conjunto de los prestadores, que por cuestiones estacionales están iniciando un período de alta demanda de atención. "La afrontaremos con la responsabilidad de siempre, porque sin insumos, no hay servicio".
"Entendemos que la tendencia a la estabilidad y la baja de la inflación pueden contribuir a paliar la situación, pero en el mediano plazo deberían darse cambios estructurales para evitar esta tensión del sistema sanitario", concluyó.
















