El periodismo destapa escándalos que las instituciones mundiales no investigan
Un escándalo mundial se desató por una filtración de millones de documentos conocidos como Panamá Papers, que revelan el desvío de dinero a países que funcionan como paraísos fiscales mediante sociedades creadas ad hoc. Una vez más en los últimos tiempos, la prensa se convierte en un actor protagónico, un agente vital de la Justicia, que con estos episodios demuestra ineficacia al no llegar expeditamente con su mirada de rigor hasta allí, donde se está cometiendo un delito.
La práctica en cuestión es conocida y habitual, caso contrario no existirían tantos paraísos fiscales y empresas offshore, sin embargo no hay un accionar en cada páis que evite su proliferación, ni voluntad de seguir la vida de estas iniciativas una vez implantadas, como para corroborar si se ajustan o no a derecho en su espíritu. Porque si algo hay que tener en claro es que sacar dinero de un país y ponerlo en otro no implica en sí mismo una maniobra delictiva pero sí es una de las patas de actividades económicas ilícitas. Sucede algo similar que con los denominados fondos buitres: son legales pero no morales.
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Y el principal elemento que delata cuando un delito antecede a la salida de dinero (por ejemplo evasión o lavado de dinero) es si este movimiento está o no declarado antes las autoridades de un país.
Gracias a maniobras que se sirven de los vacíos legales y faltas de controles de un país, el dinero puede salir para recalar en naciones que prestan (como un motivo de atracción) su confidencialidad.
El rol del periodismo esta vez dio un paso adelante, porque en vez de ir tras la primicia y el rédito que ello implica, varios medios del mundo sacrificaron la exclusividad (uno de los principales aditivos del negocio de la prensa) y se unieron tras un objetivo conjunto, algo sin precedentes.
El caso se destapó tras un año de investigaciones del diario alemán Süddeutsche Zeitung, que recibió de un informante anónimo 11,6 millones de documentos internos del estudio panameño Mossack Fonseca, especialista en sociedades offshore. Y para analizarlos, el diario alemán convocó al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, donde participaron periodistas argentinos de La Nación, además de The Guardian, la BBC, Miami Herald y El País de España entre otros.
Es la primera vez que el mundo se puede asomar a este circuito de dinero negro que se evade de distintos países, la mayoría de las veces de montos varias veces millonarios, y se logró gracias al periodismo, a la investigación de colegas que en una labor destacable y profunda, fueron chequeando una información claramente sensible. Ni los magistrados de los distintos países involucrados, ni las organizaciones estatales y privadas que en cada nación tienen como función precisamente detectar estas actividades lo hicieron. Da la sensación que en el mundo hay una suerte de mirada piadosa hacia estos delitos. Una suerte de privacidad donde no es conveniente meterse o bien resignación, porque son difíciles de probar judicialmente.
A medida que van conociéndose las denuncias nos encontramos con funcionarios, presidentes, artistas, clubes de fútbol y deportistas que han desviado fondos a estos paraísos fiscales, se supone que para no pagar las obligaciones e impuestos en su país. De Argentina se destacan por ahora los nombres de los futbolistas Leonel Messi y Gabriel Heinze y del presidente Mauricio Macri. De Messi no es la primera vez que escuchamos este tipo de acusaciones, de hecho fue juzgado en España por el delito de evasión y fue condenado a pagar al fisco cinco millones de euros cuando la evasión habría sido por cuatro. Y en el caso del presidente, lo que se dio a conocer es que figuró como directivo en una sociedad de las islas Bahamas, Fleg Trading Ltd. Según informa La Nación, Macri integró, junto con su padre y su hermano Mariano, el directorio de una sociedad offshore que funcionó de 1998 hasta 2009. Dicha sociedad, tenía como objeto participar en otras sociedades no financieras como inversora o holding en Brasil. Estuvo vinculada al grupo empresario familiar. De allí que el señor Mauricio Macri fuera designado ocasionalmente como director, sin participación accionaria, sostuvieron los voceros del presidente.
Lo más grave de esta situación de desviar fondos al exterior no es este acto en sí mismo, que como decimos no implica un delito, sino lo que motiva esa salida de dinero. Si es evasión impositiva, es reprochable a todas luces pero lo que más nos debe preocupar y lo que debe ocupar a la Justicia de cada país, es cuando los fondos en cuestión son producto de delitos cometidos, que se deben esconder hasta encontrar la forma de lavarlos y reingresarlos a su país o a otro.
Narcotráfico, trata de personas, venta de armas cuentan con esta variante legal para su negocio inmoral. Es allí, en el origen del dinero, adonde fallan los sistemas judiciales de los países y es la situación que aprovechan otros, generalmente naciones con pocos recursos genuinos, para hacer el trabajo sucio y hacer de ello una industria nacional.
En este caso el escándalo involucra, como decimos, cuentas de líderes políticos, funcionarios de inteligencia, criminales, deportistas y personalidades del espectáculo, entre otros. De los más de 11 millones de documentos todavía quedan nombres por conocer pero hasta el momento se sabe de personas cercanas al presidente ruso, Vladimir Putin; familiares del líder chino Xi Jinping; del presidente ucraniano Petro Poroshenko; del rey saudita, y de los primeros ministros de Islandia y Paquistán, como también al padre del actual premier británico, David Cameron. Un total de 12 jefes de Estado o primeros ministros figuran en los papeles, entre ellos el presidente Macri. A estos se suman también otras personalidades del deporte, como el exfutbolista chileno Iván Zamorano y el exjugador y actual dirigente suspendido de la Uefa Michel Platini. Incluso hay otras figuras del mundo del espectáculo, como el cineasta español Pedro Almodóvar y el actor chino Jackie Chan.
Panamá Papers destapa el funcionamiento del despacho panameño Mossack Fonseca, uno de los cinco primeros del mundo en creación de sociedades offshore y que cuenta con oficinas en todo el planeta. De manera que estamos en presencia de una parte del mundo de los paraísos fiscales. Hay una amplia red global de banqueros, abogados, contadores que trabajan coordinados para proteger los secretos financieros de sus clientes. Estos expertos utilizan compañías anónimas, generalmente para ocultar los orígenes de dinero sucio o de evasión impositiva.
¿Qué es una sociedad offshore? Son empresas que se constituyen fuera del país de residencia, en paraísos fiscales, para evitar pagar impuestos y evitar justificar la procedencia de los fondos. Además, la carga fiscal es mucho mayor en sus países de residencia por lo que las empresas offshore obtienen grandes ventajas fiscales, confidencialidad y seguridad; no pagan impuesto sucesorio, impuesto al patrimonio, IVA, Ganancias, etcétera. El titular de la empresa generalmente no es el verdadero dueño. Su constitución no es ilegal; sin embargo, estas empresas, que son relativamente asequibles y fáciles de constituir, se pueden usar para ocultar patrimonio, dinero procedente de actividades ilícitas o para esconder dinero al fisco o a las autoridades públicas de los países de residencia.
¿Qué es un paraíso fiscal? Es un país que exime del pago de impuestos a inversores extranjeros que mantienen cuentas bancarias o constituyen sociedades en su jurisdicción. Ofrecen confidencialidad total sobre las cuentas a sus clientes, sobre todo teniendo en cuenta que carecen -o poseen en manera muy laxa- de acuerdos con otras naciones para informar sobre las operaciones.
La monumental tarea periodística realizada tras las informaciones filtradas, cubren desde 1977 hasta fines de 2015. Los más de 11 millones de documentos secretos fueron analizados durante un año por 300 periodistas de 76 países diferentes. Se trata de la más grande fuga de noticias en la historia de las finanzas e incluso es más amplia que aquellas de WikiLeaks en 2010. En aquel caso había más información política que económica, lo que generó no pocos roces entre naciones, al conocerse lo que mandatarios de un país opinaba del otro, fuera del protocolo. También destapó el espionaje que sigue existiendo entre los servicios secretos de distintos países. Esta también fue una tarea periodística y que trajo consecuencias serias para quienes trabajaron en la investigación, debieron exiliarse en países que no los extraditaran a la lista de naciones que los requerían.
En el caso que nos ocupa, la filtración de datos sobre cuentas en paraísos fiscales, es de advertir que la conformación de una sociedad en estas condiciones no constituye un delito en sí mismo. Dependerá de investigaciones posteriores y en cada país según sus leyes, la determinación de si los implicados cometieron delito, de acuerdo al origen del dinero que se depositó y las razones por las que se creó esa empresa.
Una vez más, algo que todos suponemos e incluso hablamos fue confirmado. Y lo fue gracias al periodismo, en una labor inédita por la tarea conjunta realizada, a costa de sacrificar el valor de una primicia exclusiva, que es el pan nuestro del rubro. La tarea desarrollada es realmente encomiable y marca la importancia que ha venido adquiriendo esta profesión, en medio de un mundo donde las instituciones parecen francamente en retroceso.














