El paro general, la previa y el día después
Estamos frente a un escenario donde se está desarrollando la mayor protesta sindical contra el gobierno de Cambiemos. Ayer en la previa del paro hubo piquetes, marchas y ollas populares y hoy ya se verificará la paralización total de la actividad económica y el transporte.
Lo sucedido en la previa, el caos en las calles porteñas peor que nunca, termina favoreciendo al Gobierno porque en definitiva la gente está cansada de este paisaje de la protesta perenne. Sin embargo la idea es calentar la huelga para que a nadie se le ocurra concurrir a su trabajo hoy.
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¿Cómo se llega a este, el cuarto paro general a Mauricio Macri en tres años prácticamente de mandato?
Se llega más por la presión sectorial y de las bases por el ajuste de las paritarias que por una decisión de la dirigencia. Los popes sindicales se han venido mostrando relativamente cómodos con Cambiemos (ayuda a obras sociales y otros beneficios aparte), pero la baja de salarios a los que se ha sometido a los trabajadores, mientras se incrementaban servicios y se disparaba la inflación, transformó a los gremios en verdaderas ollas a presión. Y la dirigencia sindical sabe que un paro general que como dicen los que están en contra, no lleva a nada- descomprime y en un momento de alta conflictividad social esto no es poco.
Los que se preguntan ¿después del paro qué? caen en el error de creer que una medida de fuerza es necesariamente una salida en sí misma. Cuando en realidad, la huelga es un modo de protestar consagrado por la Constitución Nacional. Tan simple como eso.
Este paro incorpora además apoyos a sectores en pleno conflicto como el de los docentes bonaerenses que pasó el año y no logran acordar la paritaria, Télam y sus despedidos o el Astillero Río Santiago donde se está paralizando la empresa, asuntos que vienen generando mucho ruido porque son sectores que se suman a los desempleados del sector privado que, por goteo, todos los días, suman.
El Gobierno considera un momento inapropiado para un paro general, por las complejidades de la crisis que atravesamos, sin embargo si analizamos esta cuestión, ningún gobierno quiere una huelga general, y en este sentido nunca sería la oportunidad, ni en Cambiemos ni en el peronismo cuando les ha tocado atravesarlas (tanto cuando las soportó Carlos Menem como cuando lo hizo Cristina Kirchner). Porque es la muestra de que algo está fallando en el diálogo, en el modelo o en las expectativas de las fuerzas del trabajo.
Y la verdad es, en lo que hace a un paro general, la única central gremial que puede fijar una fecha que una a las CTA y otros sectores sindicales y de la protesta en un mismo día es la CGT peronista. Porque la realidad es que aún cuando Hugo Moyano reúna en su sector a gremios importantes como bancarios o mecánicos, son los cegetistas los que tienen el as de espadas: los principales gremios del transporte, que son los que, en realidad, garantizan el paro. Si no hay transporte la huelga está garantizada de manera absoluta, de lo contrario no
Pero además se confirmó la vuelta al consejo directivo de la central obrera de un sindicato estratégico, la Unión Obrera Metalúrgica. Además, la CGT tiene buen vínculo con el Movimiento Argentino de la Acción Sindical y los gremios de la energía, que hoy están más cerca del triunvirato que del polo oficialista que lidera Ramón Ayala (Uatre). El desafío planteado por el Frente Sindical por el Modelo Nacional (Fresmona) que lanzaron, desde el estadio cubierto de Ferro, Hugo Moyano (Camioneros), Sergio Palazzo (Bancarios) y Ricardo Pignanelli (Smata), cuenta con el apoyo de diversos gremios confederados, seccionales del interior y una alianza táctica con las CTA que conducen Pablo Micheli y Hugo Yasky.
Todos estos sectores sindicales se están activando, además, para plantarse frente al Congreso para que no apruebe lo que denominan el presupuesto del FMI. Esto ya generará otras complicaciones al oficialismo porque con el peronismo k no cuentan, pero para el peronismo dialoguista es más que incómodo prestar sus votos en un Parlamento rodeado de sindicatos peronistas que les piden a gritos pelados que no levanten la mano a favor del proyecto enviado por el oficialismo.
Desde esta perspectiva este tipo de conflicto va a ser, más temprano que tarde, más complicado que un paro general porque llegaría a comprometer acuerdos muy trabajosos a los que el Gobierno ha llegado con los mandatarios provinciales. Y es sabido que en Diputados los gobernadores tienen un peso relativo, tienen mucho más inserción en el Senado. Sin embargo cuando se planteó la reforma laboral Miguel Pichetto afirmó que si los sindicatos no acordaban, ellos no la apoyarían y es así como no salió reforma alguna ni en una ni en otra cámara.
Queremos creer que los acuerdos políticos a los que se ha llegado entre oficialistas y opositores van a pesar más que la protesta en cuanto al presupuesto, porque las consecuencias de un rechazo parlamentario en medio de duras negociaciones con el FMI pueden resultar muy complicadas para la Argentina.














