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El Papa recibirá a Macri y comenzará el deshielo de la relación institucional

30 de enero de 2016 a las 12:00 a. m.

El Papa va a recibir al presidente Mauricio Macri a fines de febrero y lo que debiera ser una noticia más -muy buena por cierto- se torna en el punto de partida de un análisis más profundo que el de la simple visita protocolar de un jefe de estado a otro.

Mucho se especuló con respecto a la relación entre ambos, especialmente por el no llamado del Pontífice al nuevo mandatario argentino cuando éste asumió al frente del Gobierno. El silencio del Vaticano ante el trascendental hecho en la vida institucional del país de origen del Papa, fue muy sugestivo y abrió la puerta a todo tipo de especulaciones, especialmente porque generalmente Francisco habla de todo, pero de Macri no pronunció ni una sola palabra.

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Francisco, cabe recordarlo, no es muy adepto a las cuestiones protocolares. Y en ese contexto suele llamar por teléfono y enviar cartas y mails al por mayor. Es inevitable que su silencio con Macri provoque un ruido que no se puede disimular. Que desconcierte y que moleste a muchos.

Y en el marco de un análisis político (porque el Papa, además de su protagonismo como máximo referente de la Iglesia Católica, tiene y aplica cintura política) no se puede omitir cómo se construyó la relación con la antecesora de Macri, Cristina Fernández, a quien atendió varias veces y con consideración, aún teniendo fresco el recuerdo de que cuando la expresidenta estaba al frente del Poder Ejecutivo se había negado varias veces a recibirlo cuando era el cardenal Jorge Bergoglio y no había querido siquiera visitarlo una vez al año en el Tedeum. Los Kirchner decían cosas feas del cardenal, como que era un conspirador y hasta lo acusaban de haber entregado a los militares a dos curas jesuitas durante la Dictadura.
El Papa es peronista, de eso no hay dudas. Pero peronista de doctrina, de base, de militancia. Podríamos decir peronista de Perón y no de algunas de las múltiples variantes que adoptó el movimiento con el transcurso de los años. Eso está en su sangre, aunque los caminos del Señor lo hayan llevado a vestir la sotana blanca para que su misión en lo que le queda de vida sea la de conducir a la Iglesia, con toda la responsabilidad y dedicación que ello implica. 

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Pero por sobre todas las cosas Francisco es el Papa, el hombre que debe estar más allá de las nimiedades y así como tuvo la grandeza de recibir a nuestra expresidenta después de tantos desplantes de los Kirchner e incluso de la casi indiferencia del Gobierno K cuando fue nombrado Sumo Pontífice, ahora se dispone a ser anfitrión de Mauricio Macri, después de un tiempo sin pronunciamientos sobre el presidente argentino, sin conocerse a ciencia cierta el motivo de su silencio.

Francisco cuando habla deja mucha tela para cortar y cuando hace silencio da lugar a especulaciones. Por lo menos así lo vemos desde Argentina en estos tiempos donde tal vez todo se sobredimensione. 

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Por eso cuesta encontrarle explicación al enigma con Macri. En la Iglesia sugerían que era Macri quien debía tomar la iniciativa y de hecho eso fue lo que sucedió y sin intermediarios, porque fue el presidente el que rompió el hielo el 17 de diciembre al llamar a Francisco para saludarlo por su cumpleaños.

La posterior elección del diplomático de carrera Rogelio Pfirter en la embajada argentina ante la Santa Sede fue bien vista por el Vaticano y eso facilitó las vías de comunicación.

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También es probable que el Papa vea con buenos ojos la decisión de encauzar la relación con la Iglesia por las vías institucionales y, a la vez, fuentes vaticanas aseguran que se mantendrá renuente a recibir en privado a dirigentes políticos. Le rehúye a las distorsiones grandilocuentes, como cuando Cristina Kirchner sorprendió al Vaticano y fue a ver al Papa con una nutrida y ruidosa delegación de La Cámpora, que no dejó buenos recuerdos, en septiembre de 2014.

La construcción de un vínculo maduro entre el Papa y Macri se hace necesaria para empezar a entibiar una relación y trascender eventuales recelos. La situación del país y los desafíos sociales, políticos y económicos que imperan en Argentina lo ameritan.

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Además, es muy probable que Francisco venga al país en 2017, en lo que sería su primera visita desde que se fue a Roma como cardenal en 2013.

Nadie sabe bien porqué la relación con el nuevo presidente argentino empezó a temperatura bajo cero. El Papa maneja sus tiempos y ahora consideró oportuno recibir a Macri para iniciar la era de deshielo.  El sabrá el motivo y tal vez nunca lo manifieste. Lo cierto es que Francisco avanza en su misión sin rencores, abriendo nuevos caminos sin apartarse de la doctrina pero aggiornando cuestiones de fondo a los tiempos que corren. Mira al futuro sin temores, se acerca al mundo real, vive como un hombre común con responsabilidades importantes y no como un Dios en la tierra. Eso nos demuestra Francisco con cada gesto, con cada paso, con cada acto, con cada palabra y hasta con cada silencio.

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