El Niño en Argentina: mayor exposición a riesgos climáticos en agroindustria, transporte e infraestructura
El impacto potencial tampoco se limita al campo. La logística constituye otro de los sectores que puede verse afectado por un escenario de excesos hídricos.

El fortalecimiento del fenómeno de El Niño durante los próximos meses vuelve a colocar a las precipitaciones y al riesgo de inundaciones entre los principales factores a monitorear en buena parte de la Argentina. La perspectiva adquiere especial relevancia para el centro y el sur del país, donde un escenario de mayores lluvias puede generar consecuencias sobre la producción agropecuaria, la infraestructura, el transporte, la energía y la continuidad de distintas actividades económicas.
Un informe elaborado por Aon, denominado “El Niño 2026 LATAM: Gestión de Riesgos y Resiliencia”, advierte sobre una mayor exposición a riesgos climáticos para sectores estratégicos de Argentina de cara a la temporada 2026/2027. El análisis pone el foco especialmente en las zonas agrícolas y en aquellas áreas donde las crecidas de los cursos de agua y las precipitaciones intensas pueden generar interrupciones en las actividades productivas y logísticas.
Las mas leidas de Seguros
Seguro de asistencia al viajero: qué tener en cuenta para viajar preparado ante los imprevistos

Cuando una fábrica explota, qué sucede con los seguros y quién responde

Qué es la "culpa grave" y por qué el seguro puede no pagar un auto robado

Vehículos autónomos: un proyecto de ley busca crear un nuevo marco para los seguros, la responsabilidad y el reaseguro

Mutualismo: un sistema con raíces sólidas y futuro vigente

El escenario climático también cuenta con el seguimiento de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), cuyos últimos informes señalan que El Niño se encuentra en proceso de fortalecimiento. La actualización difundida en septiembre indica una probabilidad superior al 90% de que el fenómeno alcance una intensidad “muy fuerte” durante el otoño e invierno del hemisferio norte de 2026/2027. Además, existe una probabilidad del 75% de que durante el período octubre-diciembre se registre un evento de intensidad histórica, aunque la propia NOAA advierte que una mayor intensidad no garantiza impactos determinados en todas las regiones.
Argentina y la región
En el Cono Sur, la expresión del fenómeno presenta características particulares. Mientras en otras regiones de América Latina El Niño puede asociarse con condiciones más secas, en sectores de Argentina, Uruguay y Chile la señal climática históricamente ha estado vinculada con mayores precipitaciones. Por eso, el interés se concentra especialmente en las consecuencias que podrían producir los excesos hídricos sobre los suelos, los cursos de agua y las redes de infraestructura.
Entre las zonas que el análisis de Aon identifica como particularmente expuestas aparece la cuenca del río Paraná y el Litoral argentino. Se trata de una región históricamente vulnerable a las crecidas, donde el comportamiento del sistema fluvial puede amplificar los efectos de períodos prolongados de lluvias. Las consecuencias potenciales abarcan desde anegamientos e inundaciones hasta dificultades para las actividades agropecuarias y problemas en las vías de comunicación.
También se encuentra bajo atención la cuenca del río Uruguay, que involucra a sectores de Argentina y Uruguay. Las crecidas pueden afectar localidades ubicadas sobre ambas márgenes y generar episodios de inundaciones rápidas, con consecuencias sobre áreas urbanas, productivas y de infraestructura.
La zona central del país constituye otro de los puntos de interés. Buenos Aires y Córdoba concentran una parte significativa de la actividad agrícola y urbana y, según el análisis citado, las inundaciones repentinas y continentales aparecen entre las principales amenazas climáticas. A este escenario se suman proyecciones de un incremento del estrés térmico y de las precipitaciones extremas, lo que plantea desafíos adicionales para la planificación de las actividades productivas y urbanas.
En Provincia de Buenos Aires
En el caso de la provincia de Buenos Aires, el panorama resulta especialmente relevante para las regiones agrícolas, donde la combinación de lluvias intensas y suelos saturados puede alterar los calendarios de siembra y cosecha. Los excesos de agua también pueden dificultar el ingreso de maquinaria a los lotes, afectar los rendimientos y complicar el traslado de la producción hacia los centros de acopio y los puertos.
Este aspecto adquiere una importancia particular para el norte bonaerense y, por extensión, para Pergamino y su zona de influencia, donde la actividad agropecuaria constituye uno de los principales componentes de la economía regional. Un período de precipitaciones superiores a las habituales no implica necesariamente pérdidas generalizadas, pero sí puede incrementar la exposición a anegamientos, dificultades de tránsito rural y demoras en determinadas labores si los episodios de lluvia se concentran en períodos críticos.
El impacto potencial tampoco se limita al campo. La logística constituye otro de los sectores que puede verse afectado por un escenario de excesos hídricos. Los caminos rurales, rutas y corredores utilizados para transportar granos, insumos y otros productos pueden sufrir restricciones o deterioros cuando se combinan precipitaciones abundantes con una elevada circulación de vehículos pesados.
En ese contexto, cualquier interrupción en los principales corredores de transporte puede trasladarse rápidamente a otros eslabones de la cadena productiva. Las demoras en el traslado de cosechas, las dificultades para acceder a establecimientos rurales y eventuales restricciones en terminales portuarias pueden generar efectos que exceden ampliamente el área donde se produce el fenómeno meteorológico.
Energía eléctrica
La infraestructura energética también forma parte del mapa de riesgos. Las crecidas de los ríos y los cambios en los niveles de sedimentos pueden afectar el funcionamiento de sistemas hidroeléctricos, mientras que las lluvias intensas pueden generar problemas en instalaciones críticas. El informe de Aon también advierte sobre la vulnerabilidad de centros de datos y redes de telecomunicaciones frente a filtraciones y acumulación de agua, en un contexto donde la continuidad de los servicios depende cada vez más de infraestructura tecnológica.
El panorama presenta además particularidades en Cuyo. En Mendoza, el análisis identifica un aumento del riesgo de inundaciones repentinas, al mismo tiempo que proyecta un incremento considerable del peligro de sequía. La coexistencia de ambos extremos refleja la complejidad de los escenarios climáticos actuales y plantea desafíos para la disponibilidad de agua y la continuidad de determinadas actividades productivas.
Para Argentina, la llegada de una temporada influenciada por un El Niño de intensidad elevada no significa que todas las regiones vayan a atravesar necesariamente inundaciones ni que los impactos tengan la misma magnitud. La propia NOAA señala que la intensidad del fenómeno incrementa las probabilidades de determinados efectos, pero no permite garantizar que se produzcan en un lugar específico.
Por ese motivo, el escenario que se abre para la temporada 2026/2027 plantea principalmente la necesidad de anticipación. En las regiones agrícolas, esto implica prestar atención al estado de los suelos y los pronósticos; en las zonas urbanas, reforzar las tareas vinculadas con desagües y drenajes; y para las empresas de transporte, energía e infraestructura, contemplar posibles interrupciones y contar con alternativas operativas.
En el centro del país, donde confluyen una elevada actividad agropecuaria, una extensa red vial y una fuerte concentración de infraestructura, la evolución de El Niño será seguida especialmente durante los próximos meses. El comportamiento de las lluvias y de los principales cursos de agua determinará en buena medida cómo se traduzca en territorio un fenómeno climático que ya muestra señales de fortalecimiento.



















