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El Municipio comienza a desplegar su movimiento

22 de mayo de 2016 a las 12:00 a. m.

Paulatinamente Pergamino va despertando de un lapso de quietud que abarcó parte de los últimos años de gestión municipal y el comienzo del mandato de Martínez. 

Quizá propio del cambio de aires políticos, con un jefe comunal novel y que viene con impronta renovadora y distinta, también por oposición a la inercia que trajo consigo el desgaste que se notó en los últimos tiempos de 16 años de una misma gestión radical y las inquietudes políticas ascendentes de Gutiérrez. También atribuible a un diálogo más fluido con las autoridades provinciales. O probablemente la conjunción de todos estos factores. Lo cierto es que en esta semana se hizo más evidente a los ojos de todos los ciudadanos que se ha comenzado una nueva etapa en la ciudad.

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Lo que formalmente comenzó el 10 de diciembre de 2015, ha cobrado realismo de la mano de la obra pública social. No es que hasta ahora la gestión de Martínez haya estado paralizada sino que es en estos días cuando el anhelo de todo vecino, que no es otro que ver atendidos sus reclamos más elementales, ha comenzado a materializarse. Al fin, lo que corresponde a un intendente no es otra cosa que mantener la infraestructura ciudadana, si bien sabido es que todos los aspectos que hacen al bienestar del pergaminense, aunque sean resortes de Nación y Provincia, lo rozan por ser el primer representante del pueblo.

Nuestra ciudad comenzó a ver los primeros pasos del nuevo movimiento, con tareas de bacheo que se realizan de modo general y organizado, el podado de ramas que afectaban a los tendidos eléctricos (todos lo veíamos pero nada se hacía) y una intensiva presencia de los inspectores de tránsito marcan respuestas concretas a problemáticas que vienen de años. Es un comienzo auspicioso que dará sus frutos, no obstante, si las autoridades mantienen en el tiempo este esfuerzo inicial. 

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La de Héctor Gutiérrez será juzgada por la Historia (posiblemente no por la corta mirada contemporánea) como una de las mejores intendencias que tuvo Pergamino, en la que se registraron innegables avances en el distrito. “Obras son amores” y de estas el radical nos dejó bastantes para la posteridad: Parque España, el Viaducto que le abrió definitivamente las puertas al barrio Acevedo atascado por el ferrocarril, la reconversión de la peatonal San Nicolás, la obra pública consorciada con los vecinos, los museos, el Teatro Unión, el Centro Cultural ya en marcha y tanto más. Sin embargo vale como aprendizaje para los vecinos que, aun siendo valorada una administración, nunca es saludable perpetuarla, por los motivos que todos conocemos y que hemos mencionado en otras ocasiones y porque la renovación es siempre saludable. En el caso concreto de Gutiérrez, tras dos primeras gestiones auspiciosas, la prosecución de la labor se fue tornando más ineficiente, además de alejarse de las necesidades de los ciudadanos a medida que la mirada del jefe comunal comenzó a virar hacia otros destinos políticos, en la búsqueda de seguir su carrera, hasta llegar al Congreso Nacional. En ese tren, se disipó la ya complicada relación política con la Provincia y mucho de lo que se hacía en la ciudad, aunque bueno, respondía más a cosas y situaciones que se podían exhibir para levantar el perfil dirigencial que a cuestiones que más definían la calidad de vida de los vecinos que debe ser, como decimos, la única preocupación de un intendente. 

Esta postal no es propia de Pergamino con Gutiérrez sino que en general ocurre que la gestión se desgasta naturalmente cuando las reelecciones se suceden y las últimas etapas siempre distan de ser buenas como las primeras. Más teniendo en cuenta que a Gutiérrez por no estar alineado con los gobiernos provincial y nacional recibía nada más que la coparticipación bonaerense, sin otros aportes extra que municipios peronistas tenían al alcance.

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Su período de 16 años incluyó dos (los últimos) de Omar Pacini, que lo reemplazó cuando finalmente se sumó a la Cámara de Diputados. Era el final de una muy larga gestión y no se logró darle la profundidad de una nueva administración porque, en definitiva, era un cambio dentro de una continuidad. Pacini fue a los efectos legales un intendente con todos los atributos, pero no tenía la legitimidad que otorgan los votos que, en su momento, obtuvo Gutiérrez. Una posición difícil para el jefe comunal que cerró el ciclo radical en Pergamino.

Nuevamente poniendo en consideración que Gutiérrez será recordado como lo que fue: un buen administrador y prodigioso en obras para la posteridad, lo cierto es que la ciudad estaba desde hace tiempo en un letargo, activándose en respuestas espasmódicas y desordenadas pero sin un plan certero para responder a las problemáticas ciudadanas.

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Con esta misma inercia empezó Martínez su gestión, transcurriendo estos meses entre reacomodamientos internos y mucha gestión en oficinas nacionales y provinciales, lo que también es esperable de un intendente, como bien reconoce Christian Gribaudo, del IPS, en la página 21 de esta edición.

Con las cuadrillas en las calles y varias licitaciones en marcha, hoy sí atinamos a decir que algo está cambiando en Pergamino. Al menos ahora se está notando. Y eso es lo que se votó el año pasado en nuestra ciudad: algo distinto, el cambio, lo nuevo, tanto en el Municipio, como en Provincia y Nación.   

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En ningún cálculo cabía que Javier Martínez iba a ser intendente apenas unos meses antes de las elecciones. El armado de Cambiemos y la llegada de un abogado que era dirigente del fútbol local a las filas del macrismo generó lo inesperado: Martínez ganó las primarias a Gutiérrez y las generales a Lisandro Bormioli. La gente mayormente dijo no más Cachi y no al kirchnerismo.

Frente a la necesidad de votar un cambio los pergaminenses apoyaron a este dirigente que, apenas unos meses atrás era casi un desconocido; la impronta electoral de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal hicieron buena parte de la diferencia. Y Pergamino se encontró no solo con un dirigente político distinto sino, por primera vez en muchos años, con un alineamiento entre la Nación, la Provincia y la Municipalidad.

Esta condición objetiva de lograr coherencia en el proyecto en los tres estamentos también multiplicó las expectativas del vecino pergaminense en cuanto a la obra pública. Pero hasta estos días, todo permanecía más o menos igual, salvo por la reanudación de la autovía (que nos toca de cerca) y aquellas obras en los barrios que visitó Vidal y que quedaron bajo una nube de suspicacias políticas. 

Como decíamos al principio, dada la realidad de los últimos años en cuanto a los trabajos en las calles, el contraste es notorio. Entusiasma ver las cuadrillas en todos los puntos de la ciudad, bien dotadas y laburando a buen ritmo. Se advierte que hay un plan, que no se está saliendo a tapar baches aquí y allá. Es como haber salido de una inercia y por eso, lo que debería ser normal, sorprende. Algunos podrán decir que “escoba nueva barre bien”. Si fuera así, en breve en esta misma página tendremos que rectificarnos de lo que ahora decimos. Nosotros queremos ser optimistas y pensar que tiene que ver con el estilo dirigencial de Martínez (que dice no tener más aspiraciones políticas que hacer su trabajo en el Municipio) y con la oportunidad histórica de que un mismo signo político (o lo que es mejor, una misma manera de hacer las cosas) hilvana las gestiones local y provincial. 

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Lamentablemente, el principal reclamo de la ciudadanía hoy, que es la inseguridad, no encontrará tan rápida respuesta como el mantenimiento de las calles. No está en la mano de Martínez y, lo que es peor, quien sí tiene la potestad, que es la gobernadora Vidal, tampoco atina a un camino de solución o mejoría.  En medio está toda la estructura anquilosada, tanto en Justicia como en fuerzas de seguridad, que no es tan permeable a los cambios de mando, como lo es un operario municipal. No basta en estos casos con tener un plan y dar las órdenes para su implementación; sabemos que el entramado de actores incluye bolsones de corrupción e intereses particulares, estructuras que no se desarman ni fácil ni rápidamente. Aun teniendo en breve el intendente la Policía Comunal, nunca tendrá el monopolio de la fuerza, que seguirá en manos de la fuerza bonaerense. De modo que si bien su influencia puede ser beneficiosa, en tanto le permitan por ejemplo elegir a los jefes para que la tarea preventiva conjunta sea óptima y sin grietas, no es un área donde pueda tomar decisiones. 

Martínez recién comienza su labor, por eso destacamos que se comience a ver movimiento en su gestión, y que haya tendido los puentes imprescindibles para que se logre el apoyo provincial que a estas horas nos es muy necesario.

Se está cumpliendo el primer semestre de su novel gestión y las expectativas siguen siendo tan interesantes como al comienzo. Tal vez más.

 

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