El mundo cambia y los Estados deben adaptarse
En este convulsionado panorama de la comunidad internacional, con tendencia a profundizarse, prima la postura nacionalista por sobre universalista, entendida como aquella que impulsa las medidas apertura e integración de cada país.
Si la globalización dio origen a una tendencia centrífuga de configuración de un casi único mercado mundial, recientes acontecimientos dan cuenta de que tal globalización -para algunos, inevitable y duradera- goza de mala salud, y es dable entonces analizar hasta qué punto será un fenómeno perenne, ilimitado, sin perjuicio de que la necesaria interdependencia entre los Estados marca de alguna manera un camino sin retorno.
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La Unión Europea había nacido con fuerza luego de la II Guerra Mundial, cuando los Estados europeos, ancestralmente en guerra unos contra otros, entendieron que la mejor garantía para la supervivencia, incluso frente a las potencias emergentes de EE.UU., la Unión Soviética y luego China, era la unión, la unión en la diversidad (In diversitatem concordiae, como reza su bandera); lo cual implicaba multiplicar los lazos comerciales, culturales, afectivos y de todo tipo entre dichos países, de modo tal de crear un sistema tan imbricado y de particular sinergia, que nadie osaría sacar los pies del plato porque ello conllevaría la improbabilidad de que el Estado en cuestión pudiera cumplir sus fines: orden, seguridad, libertad, justicia, paz, bienestar económico, bien común en síntesis. No los unió tanto el amor, sino el espanto, como diría el inefable Borges.
Pero está claro que la globalización y su intrínseco universalismo tienen sus límites. Ya Trump había advertido que las supuestas bondades de la globalización habían dejado sin trabajo a vastos sectores obreros nacionales, que no dudaron por lo tanto en votarlo. Cultor del centripetismo, con su America First, que no es otra cosa que una decisión proteccionista, unilateral e individualista, entendió que en modo alguno ello significaba prescindencia de los conflictos mundiales sino hacer frente solo a aquellos que directamente amenazaran la seguridad nacional (con toda la ambigüedad de este concepto lleva implícita).
Otro reciente ejemplo lo da el Reino Unido. Decidido, a pesar de todos los augurios en contrario, a respetar la voluntad popular, está llevando adelante la decisión tomada en el referendum del 23 de junio de 2016: el 31 de este mes se producirá el Brexit, la ruptura con la Unión Europea, que inaugurará una era de marcada incertidumbre sobre la que no cabe efectuar pronósticos. El Reino Unido, a quien le costó integrarse a la Unión Europea, por la falta de convicción propia y las aprensiones de De Gaulle, -recién lo hizo en 1973, o sea 16 años después del Tratado de Roma de 1957-, orgulloso de su posición insular, y aprovechando al máximo sus vínculos con EE.UU., decidió adoptar una posición individualista, centrípeta, de una magnitud y consecuencias todavía indescifrables. No se trata de una postura suicida sino a tono con el cuestionamiento que al integracionismo se ha estado verificando en los últimos tiempos. Y es lógico que dentro de esta tendencia, el que primero se anime a sacar los pies del plato sea un país que nunca los tuvo del todo adentro (recordemos que no adhirió a la moneda común, el euro)
Dentro del Reino Unido, Escocia también está a un paso de escindirse. Lo mismo intentó Cataluña en el Reino de España, cuestión que, si bien ha sido en principio abortada, de ningún modo está solucionada.
Pareciera que el mundo, el orden de la comunidad internacional, poco a poco se va desmembrando, resquebrajando en su unidad, esa unidad que marcó a fuego la segunda mitad del Siglo XX. Resquebrajamiento montado sobre insatisfacciones colectivas (los episodios de Chile, Bolivia, Ecuador, Colombia, España con los indignados, Francia con los chalecos amarillos), en un cuestionamiento a un orden democrático que demuestra una vez más que democracia no es solamente voto popular para elegir autoridades sino vigencia plena del derecho de cada uno y de cada familia a un desarrollo pleno. Si a ese descontento se le suma un descreimiento en valores básicos, un hedonismo a ultranza, una pérdida de las utopías, un individualismo y narcisismo crecientes, una falta de espiritualidad y de certeza en lo trascendente, que torna en verdadero solo lo presente y lo empíricamente demostrable, una falta de emoción (ya nada nos emociona o conmueve), en fin, todas ellas características del hombre posmoderno, cabe concluir que estas tendencias a buscar solo en lo personal e inmediato (y esto vale también para los Estados) tenderán a proliferar.
Probablemente, los hechos luego demostrarán que tales rupturas no servirán para lograr un orden más justo, como ya ha quedado demostrado en la Historia, con lo cual pareciera cierto que esto no se trataría más que de ciclos, que la Historia marcha según ciclos (fenómeno que en Argentina es harto evidente, al menos en lo económico), con lo que, a la gran desilusión que tal estado de cosas conlleva, cabe esperar un retorno a la unidad, a la apertura, a la consideración del otro no como mi enemigo sino como un copartícipe en el proyecto, anhelo y necesidad de mejores condiciones de vida.
La Europa destruida por las guerras dio lugar a la parición de la Unión Europea, el más alto grado de integración que registra la historia moderna. Los latinoamericanos, por rivalidades absurdas, ad intra, que sin embargo no colapsaron en una guerra global, no lograron nunca dicha unidad: el Mercosur y otros intentos integracionistas gozan de muy precaria salud, y las invocaciones a la Patria Grande no pasan de ser meras expresiones de deseo ajenas a la realidad.
Ojalá que en Argentina no se verifique este fenómeno de desunión, aunque es un peligro latente: agresividad, revanchismo y relajamiento de los vínculos afectivos son señales de alerta. Después de todo, nuestras luchas intestinas vaya si hemos tenido: y por tanto la pacificación de los espíritus y el concordar en políticas de Estado básicas y duraderas, es -parafraseando y extrapolando a Kant- un imperativo categórico.













