Publicidad
Pergamino
La Opinión Online
LO CampoLO Sports
BuscaLOLO365
Opinión

El Mercosur llega a sus 25 años, sin pena y sin gloria

23 de marzo de 2016 a las 12:00 a. m.

Este sábado, el Mercado Común del Sur (Mercosur) arribará a un cuarto de siglo de existencia, acontecimiento que lo encuentra en uno de sus peores momentos, tanto en lo coyuntural como lo estructural, en lo político y en lo económico.

Al fin, la realidad del bloque no es más que la suma de lo que le esté pasando a cada uno de sus miembros. Y de más está aclarar que sus componentes más gravitantes, Brasil y Argentina, vienen transitando días aciagos desde hace ya un tiempo. 

Publicidad

No obstante la foto actual, lo cierto es que el Mercosur tampoco ha tenido un momento esplendoroso en toda su historia. Es como que nunca terminó de despegar. ¿Será que la geopolítica de sus Estados miembro, sus idiosincrasias y economías tan diversas, no son compatibles con una aventura conjunta? No es lo mismo aunar a países pequeños y homogéneos, como los del centro de Europa, que a cuatro naciones con fronteras extensísimas dos de ellos y otros dos condenados a ser los “hermanos menores”. Tanta diversidad ha hecho imposible compatibilizar, por ejemplo, las barreras arancelarias. Y sin unión aduanera, no existe el mercado común sino una mera zona de libre comercio. Lo de mercado común quedó solo en el nombre, como un anhelo que nunca llegó a ver la luz.  

Uno de los problemas que siempre ha tenido el Mercosur es la injerencia de Brasil. En estos momentos, los cancilleres de los países miembro evalúan una acción conjunta para brindar una señal de apoyo institucional a la presidenta Dilma Rousseff, que se encuentra sumergida en una grave crisis política que podría culminar con su juicio político en el Congreso brasileño y quizá hasta su destitución. La canciller Susana Malcorra mantuvo contactos con su par de Uruguay, con la intención de armar una reunión de carácter urgente. Es que cualquier cosa que suceda en Brasil (y lo que sucede ahora no es precisamente cualquier cosa) alarma al resto del grupo, porque el tamaño de la economía brasileña hace que el resto tambalee, sin “comerla ni beberla”. Todos somos Brasil dependientes.

Publicidad

Esta es la coyuntura política, pero a nivel económico el panorama viene negro de hace rato. A sus 25 años, el Mercosur padece una fatiga intrínseca. En 2015 las exportaciones del bloque tradicional (los cuatro fundadores) cayeron alrededor del 16 por ciento. Se redujeron las exportaciones de la Argentina (17 por ciento), Brasil (16 por ciento), Uruguay (16 por ciento) y Paraguay (15 por ciento). Si se agregara a Venezuela (caída de exportaciones del 49 por ciento), el promedio de descenso sería mayor. El descenso en las exportaciones del bloque es mayor que el descenso promedio de las exportaciones de toda América Latina y el Caribe, que registraron un descenso del 14 por ciento y en 2014 los números también fueron negativos. 

No obstante, la apuesta política fue in crescendo: los jefes de Estado han seguido invirtiendo en el Mercosur, y sin resultados económicos, lo han utilizado más como un bastión político. La incorporación de Venezuela es el ejemplo más cercano y tuvo que ver más con lo gestual hacia el mundo que con un real aporte al comercio del grupo.

Publicidad

Y esta cuestión es ahora más problemática en función de que Mauricio Macri ha puesto sobre la mesa de las negociaciones la aplicación de la cláusula democrática para el país gobernado por Nicolás Maduro.

Las grandes diferencias en la situación política interna de los miembros agravan las distancias que preexisten en cuestiones económicas, por lo que la unión aduanera es una posibilidad cada vez más lejana. 

Publicidad

Vista esta situación, es como que al Mercosur le falta un “norte”. O el problema es que cada uno de los miembros anhela un “norte” diferente.  A veces sucede que las relaciones comerciales de cada nación bilateralmente con el resto de los países generan una controversia. Por ejemplo, los acuerdos particulares de Argentina con China o de Brasil con México o la misma China o los paquetes de estímulos a la exportación que cada Gobierno implemente para algún sector de la economía nacional pueden ir a contramano del grupo, en la visión de los otros socios. Y entonces, ¿qué interés va por delante? ¿El nacional o el del mercado común? Si la Argentina, tras la visita de Barack Obama, lograra acuerdos bilaterales convenientes con Estados Unidos, ¿habría que condicionarlos al beneficio del Mercosur? No podemos ignorar que el Mercosur no logró la cohesión de la Unión Europea en ningún sentido. Y no hablamos de una moneda única sino de mínimos acuerdos arancelarios. Ha tenido otros éxitos, pero no éste, que es al fin el objetivo de su creación. 

A favor podemos decir que en 25 años el Mercosur ha sido en muchos aspectos una experiencia de integración regional exitosa para los estándares de los países en desarrollo. Su primera contribución fue asistir en un proceso más amplio de consolidación de un ambiente de paz y democracia en la región. Si bien en la actualidad este ambiente puede parecer parte del acervo regional permanente, no lo era hace apenas dos décadas. La segunda contribución fue la de profundizar el impacto de la liberalización comercial en el establecimiento de vínculos económicos más estrechos entre los países de la región (especialmente entre la Argentina y Brasil). Finalmente, el Mercosur ayudó a los países miembro a adquirir una visibilidad y un papel internacional más activo de los que hubieran sido posibles si cada uno hubiera actuado aisladamente. Como bloque, somos considerados la cuarta economía del mundo.  

Publicidad

Todos estos impactos deben contarse como parte del activo del proceso de integración regional. Algunos de ellos, como el incremento de los vínculos económicos intraregionales, incluso parecen difícilmente reversibles. Como decimos más arriba, somos Brasil dependientes.

Para que el Mercosur sobreviva como un acuerdo comercial dinámico es necesario que recupere un sentido de dirección y que encare una agenda de acciones inmediatas que permitan superar el impasse actual. Despolitizar y desburocratizar. Volver a las cartas fundacionales y caminar en son económico y no político. Asumir que no es una meta posible llegar a ser un mercado común sino que el estatus deseable y viable es el actual, mejorado, es decir un acuerdo de libre comercio. Y, en función de ello, no hacer crecer en infraestructura y costos al bloque, porque si no podemos llegar a ser la Unión Europea, es en vano montar organismos análogos a ella, como el Parlasur.

 

Así como los éxitos del Mercosur son innegables, tampoco puede ocultarse que el proceso de integración regional atraviesa por una profunda crisis que ha erosionado su credibilidad. Esta crisis corre el riesgo de convertir una experiencia dinámica y ambiciosa de integración entre países en desarrollo en un nuevo proyecto frustrado. El Mercosur puede sobrevivir como un instrumento diplomático para facilitar la interacción comercial y potenciar las economías de la región por una inserción más fuerte en el mundo, o convertirse en parte del folklore regional, con roles que son radicalmente diferentes de los motivos que le dieron origen y orientaron su actividad durante los primeros años.

WhatsAppXFacebook

Comentarios

🔓

Desbloqueá los comentarios

Hacete socio LO365 y sumate a la conversación.

Cargando comentarios...