El mal momento inevitable
El Gobierno puede exhibir cierto éxito en cuanto a la inflación de agosto, que según los datos que circulan, será prácticamente 0. Este es un efecto claramente buscado por el oficialismo, aunque decimos cierto éxito ya que en el esfuerzo de lograr este objetivo, que no es menor, se atraviesa por una extendida recesión.
Incluso algunos economistas opinan que la inflación podría ser negativa, algo que no sucede desde noviembre de 2004. Los argentinos sabemos que desde aquella época mantuvimos inaceptables niveles, que se iban morigerando con mayor emisión monetaria, lo que generaba un círculo vicioso que solo provocaba cada vez más golpes al bolsillo.
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El camino elegido, una forma ortodoxa de bajar la inflación, tiene sus bemoles, ya que se logra poner un freno a la suba de precios secando la plaza, es decir emitiendo menos, haciendo que la sociedad se restrinja en sus consumos y empujando a la recesión del mercado interno.
Seguramente este número inflacionario se verá aumentado en el mes que viene porque se vuelve a abonar las tarifas nuevas de la luz y se recibirán las atrasadas facturas del gas, que son los elementos que han empujado la inflación en lo que va de este año, tanto de primera como de segunda generación (el aumento en bienes y servicios por el incremento en los costos de producción). Eso podría provocar un efecto rebote, por lo que la inflación de octubre arrojaría un número más elevado que en septiembre.
Sin embargo, al atravesar una recesión, no les será sencillo a los empresarios trasladar los incrementos de la luz y el gas a los precios de sus productos, sencillamente porque no habrá grandes ventas que sustenten el incremento. Por ello es que no se produciría la inflación de segunda generación. Por esta razón es que algunos de los funcionarios más cercanos a Macri están confiados en que los incrementos de las tarifas no impactarán en un 100 por ciento.
De todas maneras, la realidad es que en la Argentina, como ha sucedido en otras etapas de nuestra historia económica, funcionó la memoria inflacionaria y es así como los empresarios se hicieron de varios colchones de precios, previo a la recesión actual, lo que empujó una suba del valor de la mercancía no acorde a la realidad.
El dato del freno a la inflación es importante para el Gobierno, que la semana que viene -martes, miércoles y jueves- participará del Foro de Inversión y Negocios de la Argentina, en el Centro Cultural Kirchner, en momentos en que el presidente busca alentar la inversión en el país. Y es claro que no se logran inversiones en un país con una inflación alta y descontrolada, sencillamente porque no se puede programar la inversión en función del recupero y la ganancia, como sucede en cualquier país del mundo.
Aunque los números a diciembre de 2015 pudieran parecer mejores, todos sabemos más por percepción que por tecnicismos- que el país no estaba bien. Que al momento de echar mano a ciertos asuntos postergados o directamente no abordados, saltaría un panorama durísimo, pero realista. Partiendo de esta base, de asumir que el anterior modelo estaba agotado (hasta el candidato del Frente para la Victoria advirtió en su campaña que eran necesarios ciertos cambios) y que la salida provocaría un proceso complejo, es lógico que el país esté sumido en una crisis. No iba a ser gratis poner en orden la casa. Lo importante es que este momento se dé en el marco de un proceso de solución y no como profundización de los problemas que veníamos arrastrando. Es como sucede en un hogar: cuando hay una crisis, escasez o disminución de los recursos, el ritmo de vida cambia, todos en la familia se ajustan y restringen sus gastos hasta tanto el cuadro que dio origen a esa situación se revierta. Ahora, para recuperar el estándar deseado, además de la restricción tiene que haber un plan de recuperación, una reparación de lo dañado, un cambio de lo que se hizo mal y provocó la crisis. Caso contrario, será una restricción eterna sin más resultados que la supervivencia. Y nadie, honestamente, quiere eso. Todos queremos vivir cada día mejor que ayer.
En esa estamos, atravesando el tiempo de ajuste y restricción, poniendo la casa en orden y revisando lo que se puede hacer o mejorar para evolucionar tras una forma de hacer las cosas que ya no es posible. Es un momento duro de atravesar, en eso no hay duda, sobre todo porque la mayoría de los sectores sociales no tiene un colchón de ahorros para enfrentar el colchón de incrementos de precios que se ha practicado en el país. Los sectores medios y medios bajos son quienes más padecen la situación, a la vez que el Gobierno se ha enfocado, como es natural, a sostener e incrementar la ayuda a los sectores más vulnerables. Y es así como la clase media siempre queda, como su nombre lo indica, al medio del sandwich a la hora de pagar las fiestas que siempre hacen los populismos con los recursos que encuentra sin poner énfasis en generar nuevos, distribuyendo sin tener en cuenta lo que se produce e invierte.
La idea del macrismo es poner al país de pie, pero sobre una base de sustentación firme que permita un crecimiento real del empleo y una disminución de la pobreza. Recién van nueve meses de trabajo, quedan tres años y un cuarto para demostrar aciertos. Hasta ahora los ha habido, pero también algunos errores y resta ver la respuesta del sector privado- nacional e internacional- a los cambios implementados, si los ven, los creen y acompañan o no.
En este sentido, Macri dijo tras su paso por la cumbre del G-20 en China: Yo les prometí que iba a bajar la inflación en el segundo semestre y está bajando, y destacó el trabajo de un gran manejo fiscal y financiero del ministro Alfonso Prat Gay y de un gran manejo monetario hecho por el Banco Central, a cargo de Federico Sturzenegger. Tuvo la sutileza política de mencionar a ambos efectores de la economía oficialista, teniendo en cuenta que son dos funcionarios claramente enfrentados en el Gabinete y sus declaraciones sirven quizá para suavizar los choques internos.
De este modo Macri busca integrar las diferencias entre estos funcionarios las que giran en torno de la tasa de interés de referencia de las Lebac que fija el Banco Central, que se ubican en un 27,75 por ciento. El ministro de Economía impulsa una baja más rápida para reactivar la economía, pero el responsable del Banco Central mantiene la tasa elevada para absorber pesos del mercado, lo que tiene por objetivo desacelerar la inflación.
En el macrismo hay diferencias en el modo de encarar el plan económico, aunque los objetivos sean los mismos en definitiva. Para ponerlo en términos políticos: hay halcones y palomas, es decir quienes quieren políticas de shock rápidas aunque en el camino queden sectores casi al borde de caerse del sistema y otros que buscan la moderación, pensando que aunque se tarde un poco más de tiempo, se logra reconvertir a los sectores que van quedando fuera de juego, para que rápidamente se reubiquen en la nueva ecuación económica.
Todos quieren llegar a la misma meta, pero unos tienen más sensibilidad social que otros, puesto en términos económicos: un sector del macrismo es liberal ortodoxo sin cortapisas y otro es liberal desarrollista. En la práctica de la aplicación de las medidas no son lo mismo, aunque lo que se busca es igual.
Mientras todo esto sucede, las buenas noticias y el mal momento que se atraviesa, los argentinos nos sentimos a mitad del río, algunos más que otros ven la costa a la que se pretende llegar, pero en tanto hay distintos niveles de padecimiento social que habrá que ver cómo se resuelven en el tiempo que nos queda para seguir cruzando.














