El legítimo reclamo del personal de salud: una muestra del contrasentido
Si algo ha mostrado con toda contundencia la pandemia de Coronavirus es la esencialidad del personal sanitario. Convertidos y reconocidos por la propia comunidad en héroes por el coraje con el que desde la irrupción del virus Sars-COV 2 asumieron su tarea y se pusieron en la trinchera de la atención arriesgando su propia vida y en algunos casos la de los suyos, hoy transitan un tiempo complicado. Están inmersos en una difícil coyuntura, agobiados por problemas estructurales del sistema público de salud que la pandemia no resolvió. Por el contrario, puso en foco y hoy exhibe con toda claridad.
En un contexto en el que la situación sanitaria brinda una especie de "alivio", lejos de poder descansar y comenzar a vislumbrar lo que los propios gestores de la política sanitaria definen como "la pospandemia", deben salir a las calles a reclamar por sueldos dignos.
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La realidad que experimentan resulta un contrasentido a la luz de algunas decisiones económicas que ha dado la política que en un intento desesperado por recomponer estructuras seriamente dañadas por la prolongación en el tiempo de la emergencia sanitaria.
Frente al mismo Gobierno que anunció la decisión de otorgar una ayuda económica a los jóvenes para incentivar las salidas nocturnas y el consumo en lugares gastronómicos y de esparcimiento, los médicos y profesionales de la salud mendigan por un sueldo digno y por el mejoramiento de condiciones laborales.
En la misma administración que financia viajes de egresados, los héroes de la pandemia deben realizar carpas sanitarias y movilizaciones para darle visibilidad a un reclamo que resulta urgente.
El descontento del personal sanitario de la provincia de Buenos Aires surge de la falta de reconocimiento adecuado y de condiciones de trabajo acordes a la labor que realizan. Luego de haber sostenido el funcionamiento del sistema público de salud en los momentos más difíciles en materia sanitaria de los que se tenga memoria en la historia reciente, el malestar se incrementa y se expresa. No alcanzó la propuesta salarial planteada por la Provincia y mucho menos la decisión del gobernador Axel Kicillof de cerrar la paritaria por decreto.
La fuerza de las medidas que se instrumentan en los hospitales públicos de la Provincia de Buenos Aires demuestran la voluntad de lucha y la convicción de que el reclamo que llevan adelante es justo.
A la cuestión salarial se le suman múltiples situaciones vividas puertas adentro de cada efector de salud de la Provincia, donde en los momentos más complejos de la pandemia, se han vivido episodios de destrato que han causado desgaste y hartazgo en el conjunto de los agentes sanitarios que han comenzado a expresarse en forma pública. Alcanza con recordar algunas de las situaciones vividas por profesionales de salud del Hospital San José para exhibir el botón que sirve de muestra para ilustrar los contrasentidos de este tiempo.
Como si se tratara de una acción deliberada de desgastar a quienes le pusieron el cuerpo a la atención de la salud en los momentos más inciertos y de mayor tensión de la pandemia, en lugar del reconocimiento, en muchas ocasiones primó la arbitrariedad en muchos espacios de salud bonaerenses que llegaron al presente que les propuso la emergencia sanitaria arrastrando problemas estructurales de un sistema que nunca terminó de transformarse y que por el contrario les planteó desde siempre condiciones laborales difíciles de sobrellevar, más allá de lo que muestran los discursos o exponen las propagandas.
Sin que los usuarios del propio sistema de salud y la propia comunidad terminen de ver en toda su dimensión lo que exponen los profesionales y el personal de salud de los hospitales públicos de la provincia, el reclamo sigue y las diferencias con el Gobierno bonaerense se profundiza. Quienes lo llevan adelante y más allá de cualquier posicionamiento político o sindical que los encuadre, entienden que han defendido y sostenido cada una de las medidas sanitarias que fueron necesarias para reducir el impacto de la pandemia y consideran que este es el momento propicio para exigir lo que por derecho les corresponde, convencidos de que luego de lo vivido, por fin la salud y su jerarquización deben ponerse en el primer lugar de las prioridades. Lo único que piden es que se les reconozca por su tarea, que se valore la sobrecarga laboral y la enorme exposición que han tenido durante casi dos años. Y exigen que ese reconocimiento debe comenzar con una mejora en la propuesta salarial que les permita recomponer sus magros ingresos y avanzar en la solución a problemas de una agenda que hace tiempo queda postergada detrás de cualquier urgencia.
Frente a ello y a la tarea que han desplegado, hay pocos argumentos que, sostenidos en variables económicas que se contradicen todo el tiempo, puedan quitarle peso y legitimidad al reclamo.














