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El Instituto Maiztegui, nuevamente en su senda histórica

23 de octubre de 2021 a las 12:00 a. m.

La aprobación y liberación por parte de la Anmat del primer lote de vacuna Candid# 1 elaborada en el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas "Doctor Julio Maiztegui" (Inevh) luego de la reactivación de la planta de producción, se transformó en una noticia relevante en materia sanitaria, por lo que había significado no solo para Pergamino sino para la zona endémica de Fiebre Hemorrágica Argentina la interrupción de la fabricación de este biológico debido a la imposibilidad de contar con financiamiento.

Para quienes abrazaron al Instituto Maiztegui en tiempos en los cuales reinaba el destrato y la zozobra, el presente abre un horizonte de esperanza. También exige mantener una mirada atenta que custodie que nunca más se discontinúe la producción de un producto que resulta vital para prevenir una enfermedad que no es erradicable, y de la que se siguen reportando casos y fallecimientos.

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Cuando se vivían horas inciertas que amenazaban a una de las instituciones más prestigiosas del país y del mundo, en este mismo espacio editorial referíamos que la ciencia y la política eran aspectos esenciales de la vida de cualquier sociedad y planteábamos que no había desarrollo que pudiera pensarse sin el saber científico y su rigurosidad y tampoco acción sanitaria que no estuviera sustentada en la política. Por entonces, ambos conceptos parecían disociados. Hoy, fue la política la que brindó las respuestas requeridas y esto cobra un valor sustantivo, teniendo en cuenta el desprestigio que la actividad política sufre en un país en el que pocas veces se honra la palabra.

En el caso del Instituto Maiztegui, fue una decisión de política sanitaria la que dispuso las inversiones para que la planta de producción de vacunas pudiera recuperar su condición de operatividad. Por convicción o por el apremio que suponía el fuerte respaldo comunitario a la labor del Maiztegui, se tomaron las determinaciones que resultaron necesarias y la liberación del primer lote de Candid#1 es un hito importante en este proceso. Por delante queda la tarea de seguir de cerca el ritmo que tome la producción; las metas que se establezcan, el modo en que se cumplan; y las nuevas funciones que se le confieran a este centro que está llamado a ser un espacio de producción "multi vacunas" según el decir de las propias autoridades.

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Si bien es cierto que la política hizo su juego puertas adentro del Instituto y el proceso de recuperación de la planta de producción de vacunas fue tomado por el discurso político como una cuestión casi de epopeya, aprovechando cada ocasión para recordar lo que se hizo mal en anteriores gestiones, en un intento por profundizar una grieta bajo el argumento de mantener viva la memoria histórica, lo real es que el Instituto Maiztegui hoy se dispone a recuperar su senda histórica, un camino que jamás debió haberse desdibujado.

Una vez más fue la tenacidad del trabajo científico y el compromiso demostrado por el personal del Instituto Maiztegui, que supo sobreponerse a los embates, el que hizo la tarea. También el acompañamiento sostenido de la comunidad que se erigió custodio de este objetivo. Y de la decisión de la política que impulsó la reactivación de la planta de producción de vacunas propiciando las condiciones adecuadas para que esa tarea probadamente sabida, resultara una vez más efectiva.

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En tiempos en que el país está llamado a resolver las separaciones y encolumnarse detrás de metas comunes, quizás estos son los modelos que deben imponerse. Dejar de lado el debate estéril y habilitar la alianza virtuosa que pone a los científicos en el lugar que deben estar haciendo lo que saben hacer; y a los representantes de la política cumpliendo con su función.

Volviendo sobre las palabras escritas hace tiempo, esta reflexión no significa renegar del rol de la política -menos de la política sanitaria-, que es el basamento sobre el cual se asienta la ciencia. Por el contrario, este comentario pretende poner a la política y sus gestores en el lugar en el que deben estar: al servicio de la ciencia para que ésta haga su tarea.

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En un momento en el que existen tantas dificultades para trazar consensos, la recuperación de esta senda histórica en el Instituto Maiztegui, quizás sea la inauguración de un rumbo en el que se privilegie siempre el hacer de la ciencia, sin que la política se empeñe en instalar sus vaivenes según los ciclos electorales. De este modo, la labor de los científicos jamás volverá a quedar expuesta a la desgastante tarea de luchar por los recursos que les corresponden. Y nunca más la comunidad se verá obligada a abrazar a una institución para hacer oír un grito desesperado. 

La historia del Maiztegui inaugura un nuevo capítulo, de los tantos que ha escrito. Será tarea de los gestores que asumieron la responsabilidad de conducir su destino, apuntalar los logros que están en ciernes y seguir honrando una institución que, contra cualquier embate, se ha ganado y sigue ganándose su prestigio haciendo ciencia.

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