El imperativo de seguir fortaleciendo la ciencia que se hace cerca de casa
La situación sanitaria que experimenta la región en relación a los brotes de dengue y Fiebre Chikungunya que se registran en varios países puso nuevamente en el centro de la escena las capacidades del Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas "Doctor Julio Maiztegui" (Inevh), que es el centro nacional de referencia para el estudio de arbovirus y coordina la red de laboratorios que funciona en el país para facilitar las tareas de diagnóstico.
Así como alguna vez la política amenazó con limitar el accionar del Inevh, redujo presupuestos y atentó contra varias de sus funciones, en el presente no haber dejado avasallar ese derecho es lo que posibilita brindar respuestas sanitarias acordes en una coyuntura compleja que por cercanía geográfica y por las propias dinámicas del movimiento poblacional entre países vecinos genera una situación de alerta que merece la atención y activa vigilancia por parte del conjunto del sistema sanitario.
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No es una decisión política de coyuntura la que le permite al Instituto Maiztegui estar en el lugar que ocupa. Más bien es la tenacidad con la que quienes integran esa comunidad científica han sabido hacer ciencia y extenderla a lo largo y a lo ancho del país para evitar centralizaciones que no hacen sino complejizar la tarea y demorar las respuestas que el sistema de salud necesita no solo para brindar asistencia a pacientes, sino para instrumentar las medidas de política sanitaria que se requieren ante estas enfermedades que generan problemas de salud pública.
En el presente el Instituto coordina la red nacional de laboratorios para el diagnóstico de arbovirus. Decirlo parece una tarea sencilla. Sin embargo, esta acción encarna muchos años de trabajo, y una visión estratégica que supo sostenerse aún a pesar de los muchos embates que sufrió esta institución a manos de políticos de turno que no siempre tuvieron la mirada acorde a lo que requiere el trabajo científico cuando se ejerce con rigurosidad.
A menudo se dice que el instituto Maiztegui es un centro donde además del diagnóstico de varias enfermedades se genera conocimiento. Lo que sucede se hace en torno a las arbovirosis no son más que un ejemplo de cómo ese saber no solo se ha construido, sino que se ha democratizado haciéndolo extensivo a laboratorios, centros de salud y espacios de atención sanitaria ubicados en los rincones más recónditos del país. La capacitación continua, los trabajos en terreno orientados a la búsqueda de nuevos posibles vectores representan una tarea que con frecuencia se realiza de modo silencioso.
La comunidad de la región tiene verdadera dimensión de lo que representa el Instituto Maiztegui y de hecho lo ha abrazado cada vez que la institución ha sufrido amenazas. Sin embargo, no siempre por fuera de estas geografías se tiene claro lo que importa en términos de ciencia. En los últimos tiempos la política parece haberle devuelto su lugar con compromisos de obras e inversiones que fortalecen su capacidad. Es tarea de la propia comunidad y de los decisores de políticas públicas seguir de cerca que esas promesas se cumplan y que nunca más haya que salir al rescate de una tarea que cae por su propio peso y que cada vez que es convocada le muestra al país y al mundo la importancia que tiene y la capacidad que posee en la difícil misión de hacer ciencia y salud en contextos sumamente adversos marcados muchas veces por la incertidumbre.
En la pandemia el nombre de Julio Maiztegui y el de los científicos que trabajando a su lado cambiaron la historia de la Fiebre Hemorrágica Argentina hallando no solamente un tratamiento efectivo sino una vacuna preventiva, estuvieron en el primer lugar de las consideraciones públicas cuando se buscaban modelos de desarrollos científicos para poner coto a la emergencia sanitaria por Covid-19.
En materia de arbovirus, hay mucha ciencia realizada en esta tierra, aunque poco se indague sobre esas iniciativas que resultan valiosas al momento a dar respuestas a enfermedades que representan verdaderas emergencias de salud pública cuando irrumpen. La mayoría de ellas son el botón de muestra de la valía de los científicos que fueron parte del Instituto Maiztegui en distintas épocas de su historia, aunque no siempre se los reconozca.
En cada uno de los temas de su competencia, el Instituto Maiztegui ha sabido construir redes, trabajar con otros en un claro ejemplo de visión científica puesta al servicio de la sociedad. La tarea que se está llevando adelante en el actual contexto sanitario de emergencia por la irrupción regional de enfermedades como el dengue y la fiebre Chikungunya es la puesta en acto de una convicción: el conocimiento les pertenece a las comunidades de las que las instituciones científicas son parte vital. Así de generosa fue alguna vez la mirada de quienes dieron el puntapié inicial de una tarea que impone una enorme responsabilidad a quienes tienen hoy en sus manos la tarea de continuar ese legado, recreándolo y nutriéndolo de capacidad para afrontar cada vez más complejos desafíos. Seguir fortaleciendo la ciencia que se hace cerca de casa es la tarea.












