El Grupo “Juan P. Mártire” ostenta un teatro independiente y solidario
DE LA REDACCION. Cada localidad, por más pequeña o insignificante que parezca, esconde historias y personajes que cuando emergen a la luz se transforman en grandes historias que trascienden en el tiempo, porque marcan la evolución cultural de la comunidad.
Este es el caso de Pinzón, una pequeña población ubicada a sólo 15 kilómetros de Pergamino, con menos de 500 habitantes que, como característica, ostenta un grupo de teatro que permanece desde hace más de 90 años como independiente y solidario.
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Este movimiento forma parte de la corriente de los primeros teatros independientes de la Argentina, que en un contexto sociocultural evidenciaba una fuerte crítica al teatro comercial. Este movimiento, que se extendió por todo el país, generó muchísimos grupos.
La pequeña historia del teatro en Pinzón se remonta a 1922 cuando, el 2 de mayo de ese año, se funda Pinzón Football Club. El secretario en ese momento era Juan Mártire, por entonces un joven muy aficionado al teatro.
Mártire empieza a organizar grupos y a dirigir obras, primero en carpas de arpillera o eventualmente en los galpones del Ferrocarril, hasta que en 1936 se inaugura la sede social y deportiva del club. De ahí en adelante las representaciones fueron en el salón de esa institución.
Según José Colombo, hoy a cargo del grupo de teatro “Juan P. Mártire” junto a su esposa Noemí Altamirano, la actividad teatral nunca se interrumpió, “porque consta que entre 1922 y 1936 ya se habían efectuado ocho o nueve representaciones. Esto continuó en el tiempo hasta que a mediados de la década del 70, Juan Mártire enfermó y ya en su lecho, le dice a mi esposa: ‘no hagan que esta llama se apague’”, sostuvo en diálogo con LA OPINION.
En 1978 Noemí y José se hacen cargo del grupo y su primera puesta fue “Corazones ñublaus”.
Colombo aclaró que siempre fue un grupo independiente y que nunca recibió un aporte oficial. “Por el contrario hemos hecho todo con aportes personales, es decir compramos las cosas que nos hacen falta y cada vez que hacemos una representación es en beneficio de una entidad del pueblo, ya sea de la cooperadora de la escuela, del jardín, o de la capilla. Nunca nos quedamos con un pesito, siempre aportamos para la comunidad. Ese es el espíritu”.
- ¿Cómo seleccionan las obras y el elenco?
Colombo: - Esto es lo más complejo porque tenemos un grupo más o menos estable, pero hay gente que se agrega. En ocasiones hay obras dentro del elenco normal de 8 ó 10 personas. Por ahí hay algún personaje que no encaja con ninguna de esas personas y tenemos que salir a buscar otra y la incorporamos al elenco. Sin embargo estamos muy atados porque no es un grupo profesional en una gran ciudad donde se elige una obra y se puede hacer hasta un casting. Acá tenemos que fijarnos bien qué obra vamos a elegir de acuerdo a las personas que tenemos. También tenemos el inconveniente de que nadie quiere quedar afuera. Si son doce personajes, tenemos para los doce, pero cuando son cinco, hay siete que no van a trabajar. Por eso tenemos que encarar el proyecto al revés de lo que tendría que ser.
Las obras las seleccionamos entre los dos, pero la que más conoce de esto es mi señora porque ella todos los años viaja a Buenos Aires a la casa de sus hermanas y se recorre durante 15 días los teatros mirando obras. Va al Cervantes a buscar libretos. Ella se nutre de muchas cosas y las trae para acá.
Noemí Altamirano: - Lo hago con tanta felicidad. Para mí el teatro es la vida. Empecé con Don Mártire en 1957 y de ahí no dejé más. Es cierto, todos los años viajo y me nutro de todo lo que puedo. Observo todo, desde los actores, la escenografía. Nosotros no tenemos un escenógrafo que nos haga todo el trabajo, por eso a veces nos resulta un poquito difícil el gasto. Lo hacemos precario, pero lo que vale a veces es cómo trabajan nuestros chicos.
- ¿La gente del pueblo se hace eco de las obras que estrenan?
Altamirano: -Sí, las están esperando. Porque en el pueblo nos conocemos todos. Se acercan los familiares o gente que quiere ver cómo trabaja el vecino. Es algo cultural que trasciende porque los chicos leen las obras y conocen los autores. Es esto lo lindo que te deja el teatro.
- ¿Cómo ven el futuro del grupo de teatro en el pueblo? ¿Confían en que las nuevas generaciones le van a dar una continuidad?
Colombo: - Somos optimistas en cuanto a eso porque la mayoría son jóvenes. Nosotros somos los abuelos, los que vamos metiendo en esto a los jóvenes, los vamos guiando un poco en lo que podemos. Tenemos algunos muchachos que están en el grupo desde hace casi 20 años, pero empezaron de muy jovencitos por eso hoy no alcanzan a los 40 años. Pero aparte hay otros de 20 años. Y siempre hay gente dispuesta. Hay veces que nos cuesta conseguir un personaje.
Altamirano: - Los más chicos no están preparados y tenemos que ir enseñándoles. No es lo mismo que aquellos que van a un taller y ya saben lo que es un escenario. Pero los chicos aprenden porque tienen mucho entusiasmo.
Desde hace dos años José y Ana dictan un taller de teatro para adultos y niños en la filial del barrio General San Martín de la Biblioteca Menéndez. En 2013 reunieron diez alumnos y al finalizar el año representaron una comedia. “Esto lo hacemos ad honorem”, sostienen.
Reconocimientos
Noemí Altamirano recordó al poeta y teatrista pergaminense Leonardo Rodríguez. “Fue uno de los que más me ayudó y del que aprendí mucho. También asistí al taller que dicta Jorge Sharry en la Unnoba”.
José Colombo acotó: “Fuimos siempre a Pergamino a observar el trabajo que hacen porque hay gente muy valiosa en teatro. Nombro a Rubén Albarracín pero los valoro a todos. Y ahora tenemos la hermosa sala del Teatro Unión Ferroviaria donde este año vamos a estrenar la obra ‘He visto a Dios’, de Francisco Defilippis Novoa”.
Cerrando la nota, Colombo agradeció a la Subsecretaría de Cultura y al Concejo Deliberante “porque gracias al Fondo de Cultura para los pueblos hemos incorporado algunos elementos que contribuyen a mejorar el espectáculo”.
La obra sobre Crescencia Pérez, la más trascendente
José y Noemí reconocieron que la puesta “Una violeta en el huerto de Dios”, una dramatización testimonial sobre la vida de la beata María Crescencia Pérez que se estrenó el 31 de agosto de 2012 en la Casa de la Cultura, fue la que más satisfacciones les dejó.
Altamirano recordó que cuando se encontraban haciendo la obra “Las de enfrente”, de Federico Mertens en la parroquia San Vicente, dos monjitas, que se encontraban entre el público, les sugirieron hacer una obra sobre María Crescencia Pérez, ya que al año siguiente, en 2012, la iban a beatificar.
“‘Una violeta en el huerto de Dios’ es la puesta que más trabajo nos ha dado. La hermana Ana Val -quien nos asesoró religiosamente- nos trajo ese material y tuvimos que trabajar mucho para la adaptación, porque hubo que agregarle mucho material que ahí faltaba y para eso consultamos el libro del padre Carlos Pérez, sobrino de Crescencia. También buscamos material en la Internet. El relato comienza cuando se inician las Hermanas del Huerto, allá por 1493 en Chiavari (Italia)”, agregó Don Colombo.
- ¿Cómo recibió esta obra la comunidad religiosa?
- Fue tan bien recibida que el obispo Héctor Sabatino Cardelli consiguió el teatro “Rafael de Aguiar” de San Nicolás para que fuéramos a representarla. La noche de la función estaban el obispo y el padre Pérez en primera fila y cuando terminó subieron al escenario para agradecernos y para dirigirse al público muy contentos por lo que habían visto.
Numerosas puestas
“Todas las obras fueron importantes. Unas nos dejaron más satisfacciones por la repercusión en la gente y otras porque nosotros sentimos que nos realizamos como intérpretes”, afirmó Colombo.
“El conventillo de la paloma”, puesta realizada en 1993. “fue la de mayor convocatoria ya que juntamos en este salón más de 400 personas y Canal 4 de Pergamino filmó desde la puerta de entrada. Esto fue una emoción muy grande”, agregó.
El grupo de Teatro “Juan P. Mártire” representó también las obras “Los mirasoles” de Julio Sánchez Gardel, ¡Jetattore! de Gregorio de Laferrère, “Don Chicho” de Alberto Novión, “Corazones ñublaus” de Muñoz Maine y Farina Ortiz, “Las d’enfrente” de Federico Mertens, “La casa de barro” de José Antonio Saldías, “Tu cuna fue un conventillo” de Alberto Vaccarezza, “Ya tiene comisario el pueblo” de Claudio Martínez Paiva y “Justo en lo mejor de mi vida” de Alicia Muñoz, entre otras.


















