El gremialismo busca reunificarse ¿intereses propios o de los trabajadores?
Desde 2015 se viene analizando la posibilidad de una unidad de la CGT, irremediablemente dividida durante el gobierno de Cristina Kirchner en tres sectores, uno oficialista y dos opositores. Además está la CTA que, pese a las promesas de distintas administraciones, nunca ha obtenido el encuadramiento legal similar a la CGT.
Finalmente, en estos días de 2016, las distintas centrales plantearon la necesaria unidad de acción del movimiento obrero y decidieron recolectar un millón de firmas para presentar en el Congreso y exigir cambios en el impuesto a las Ganancias y que se dicte la emergencia ocupacional. Pareciera ser un paso adelante para unir este mosaico de sectores en que estalló el gremialismo si no fuera que, como los anteriores, este intento de consenso sospechosamente siempre se persigue en oposición al gobierno de turno, cuando necesitan una presión más contundente para conseguir algunos beneficios. Ahora, y tras varios años de enojos y malentendidos, las reuniones se harán periódicas para alcanzar la reunificación de la CGT. Los jefes sindicales de las CGT Azopardo, Alsina y Azul y Blanca -Hugo Moyano, Antonio Caló y Luis Barrionuevo, respectivamente-; y dirigentes de la estratégica Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (Catt) como Juan Carlos Schmid, se pronunciaron otra vez por la necesaria unidad del movimiento sindical y rechazaron el decreto de impuesto a las ganancias.
Se plantea la necesidad de pulir una agenda de propuestas y reclamos, como la realidad de la inflación y el aumento del valor de la canasta básica, los despidos en los sectores privado y público, el trabajo no registrado, el impulso a campañas de control de los formadores de precios y el acceso escalonado jubilatorio al 82 por ciento móvil. Fuentes gremiales aseveraron que un sector sindical propuso comenzar a analizar la convocatoria a un Congreso reunificador en agosto próximo, en tanto la totalidad de los protagonistas condenaron el proceso inflacionario y la política desmedida de importaciones, que genera problemas a textiles y metalmecánicos.
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Moyano rechazó los despidos en los ámbitos público y privado y se pronunció a favor del dictado de la emergencia ocupacional, en tanto Barrionuevo, Caló y Schmid coincidieron en la necesidad de modificar las alí-cuotas del tributo de forma urgente o eliminar el impuesto, y así cumplir el compromiso electoral de Macri.
Los sindicalistas aseguraron que hay recesión e inflación descontrolada y se desconoce aún el rumbo económico del país, a la vez que Schmid aseveró que la Catt renovará sus autoridades en mayo próximo y, en ese Congreso, podría decidir protestas si no cambia en breve la actual situación de trabajadores y jubilados. Barrionuevo, también titular del gremio gastronómico, adelantó que reclamará para la actividad un bono que compense el 7 por ciento del poder adquisitivo perdido en estos meses y dijo que en diciembre, enero y febrero hubo aumentos tarifarios y de alimentos sin paritarias, por lo que el salario no genera la inflación.
Ninguno de estos reclamos son rebatibles, la inflación está a la vista y los despidos también, entre otras cuestiones que los gremios exponen. El problema, en este caso, es quiénes lo dicen y cuáles son los intereses que persiguen, porque en esta Argentina donde se intenta acorralar la impunidad y exponer la corrupción, nuestra burocracia sindical enquistada en los gremios con las mismas figuras hace tres y cuatro décadas no resulta una palabra autorizada en la credibilidad ciudadana.
Lamentablemente, un sector clave de la sociedad como es el trabajador que, con su esfuerzo sostiene la producción, se encuentra atrapado muchas veces en sindicatos donde la dirigencia amaga con iniciar planes de lucha, o incluso los lleva a cabo, hasta que logran beneficios que no siempre responden a los afiliados. En este sentido, y a fuerza de ser sinceros, la mayoría de la dirigencia gremial nacional se ha enriquecido, a veces de manera impúdica, y como contrapartida a su muy buen pasar, pelean unos puntos de aumento en las paritarias.
En el deterioro institucional y político que hemos venido atravesando, el sindicalismo no ha sido la excepción y hace ya muchos años que ha perdido aquellas banderas de lucha cierta con la que comenzaron en el gremialismo. Y recordamos cuando a comienzos de la democracia Raúl Alfonsín quiso modificar las normas sindicales, aquellas que permitían elecciones libre para que se designe a los secretarios generales. Ya que es sabido de las trabas que cada gremio tiene en su reglamentación para complicar la posibilidad de que haya listas opositoras. Además no hay en la mayoría de los comicios sindicales representación proporcional, de modo que quien gana se lleva todos los cargos. La llamada Ley Mucci para democratizar los sindicatos fue la primera gran derrota legislativa del alfonsinismo. Y desde aquellos años hasta hoy todos los dirigentes son los mismos, solo remplazados cuando uno fallece.
Las jugosas cajas sindicales hacen el resto acuerdos y desacuerdo por el uso de los fondos de las obras sociales, por ejemplo, que fue uno de los motivos del enfrentamiento del sindicalismo moyanista con Cristina Kirchner y de la ruptura cegetista, ya que la expresidenta decidió que el Gobierno manejara parte de esos fondos y los sindicalistas enfurecieron. Sin olvidar que durante el gobierno de Carlos Menem muchos dirigentes gremiales apoyaron las privatizaciones y se reconvirtieron en empresarios al quedarse con acciones de las privatizadas. También hay unos pocos gremialistas condenados por la Justicia, algunos que cumplen cárcel efectiva, por los manejos con medicamentos truchos o los falsos expedientes sobre enfermedades graves de supuestos afiliados y la compra de remedios inexistentes.
La realidad es que los movimientos de la CGT, su unidad o su ruptura, tiene más relación con el interés de los dirigentes y de la política de turno que de las necesidades de los trabajadores. Y lo cierto es que los trabajadores necesitarían sindicatos más transparentes, que levanten las banderas de sus derechos sin más interés que su bienestar, sobre la base de estructuras serias, con democracia interna y sin violencia, que es otra cuestión que envuelve al sindicalismo y que ameritaría quizá otro comentario específico.
Mientras tanto, ahora se va camino a la reunificación de la CGT y, reiteramos, los reclamos de los trabajadores son justos y ojalá el Gobierno mejore las condiciones de inflación, despidos y de una vez por todas se elimine el impuesto al trabajo, porque retener ganancias a quien percibe un salario es precisamente eso.












