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El Gobierno entre las marchas atrás y los debates del pasado

31 de enero de 2017 a las 12:00 a. m.

Una nueva marcha atrás decidió el gobierno de Mauricio Macri, bajo el paraguas de “el presidente sabe escuchar y en eso se diferencia de Cristina Kirchner”. 

En este caso la realidad es que la presión ejercida por el peronismo, el radicalismo y de todas las organizaciones de Derechos Humanos tuvo su efecto para que al Gobierno firme un nuevo Decreto de Necesidad y Urgencia rectificando la decisión de que el 24 de marzo sea un feriado “movible”.

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“El presidente escuchó las distintas opiniones que se suscitaron sobre el tema y tomó la decisión”, indicaron fuentes oficiales para explicar la marcha atrás. Lo cierto es que este decreto hizo ruido incluso hacia adentro de Cambiemos y al fin abre otro frente innecesario del oficialismo en el año electoral.

No pasó desapercibido que adentro de la coalición Cambiemos que integra el macrismo, el presidente de la Unión Cívica Radical (UCR), José Corral, adhirió al pedido que había planteado el secretario de Derechos Humanos bonaerense, Santiago Cantón, y el diputado Ricardo Alfonsín, además de un amplio sector de la oposición que incluye a gobernadores e intendentes del PJ que incluso preparaban una campaña opositora con el lema “El 24 no se toca”.

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Desde la misma fuerza, Ricardo Alfonsín había hablado de “banalización” y el secretario de Derechos Humanos de la Provincia, Santiago Cantón, también había criticado la medida: “Imponerlo no me parece la manera más correcta de avanzar en un diálogo positivo”, cuestionó el funcionario bonaerense.

El peronismo mientras tanto se había mostrado dispuesto a ir a fondo. El intendente de San Martín, Gabriel Katopodis, fue el primero en firmar un decreto que dispone “asueto” para el 24 de marzo. Y la medida se replicó en decenas de municipios bonaerenses y provincias del mismo color político. Incluso gobernadores como Carlos Verna (La Pampa) y Mario das Neves (Chubut) habían adherido.

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Del mismo modo se mantuvieron inamovibles el 2 de abril y el 20 de junio, dos fechas muy caras al nacionalismo y por el cual reclamaban desde los veteranos de Malvinas hasta el gobernador de Santa Fe.

Este sistema del macrismo de buscar permanentemente retocar la grieta con el kirchnerismo haciendo diametralmente lo opuesto, pasado más de un año de gestión no surte ya el mismo efecto en la gente. Ni tampoco ya caen bien a esta altura tantas marchas y contramarchas en las decisiones gubernamentales, porque se nota que el Gobierno firma decretos de necesidad y urgencia como el que tratamos, donde no hay ni necesidad ni urgencia y cuando surge el conflicto da marcha atrás. Aparte nadie ignora que el tema tenía que pasar por el Parlamento, donde no se iba a aprobar con el 24 de marzo movible. De este modo también es fácil comprender que si lo corrige con otro decreto el propio Macri, el costo será menor a un amplio rechazo en el Congreso.

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En esta cuestión hay otro costado que no es menor y que tiene que ver con que la Argentina no tiene resueltas cuestiones elementales de su economía, hay una crisis donde vastos sectores la pasan visiblemente mal y no parece el momento más apropiado para reabrir heridas del pasado. El debate por la última dictadura militar y los enfrentamientos que se reabren en muchos sectores de la sociedad, quedaron otra vez al descubierto cuando el jefe de la Aduana José Gómez Centurión el domingo a la noche en un programa de América, negó que el proceso militar haya tenido un plan sistemático para el extermino de personas. De este modo la problemática, no terminó sino que volvió a comenzar y dirigentes políticos y comunicadores salieron a pedirle la renuncia. Habida cuenta que fue la Justicia argentina la que determinó con testimonios de militares la existencia de ese plan sistemático. Y como para complicar más sus declaraciones dijo “una cosa son ocho mil verdades que veintidós mil mentiras”. Volviendo a traer otro asunto dificultoso: el número de desaparecidos durante los siete años de gobierno militar.

Por eso decimos que cuando resuelven lo del 24 de marzo y lo dejan como feriado inamovible, aparece Gómez Centurión y se ofenden radicales, peronistas y dirigentes de Derechos Humanos. Porque el exmilitar es héroe de Malvinas pero también fue “carapintada” y puso en jaque el gobierno de Raúl Alfonsín en Semana Santa.

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La catarata de rechazos a sus declaraciones vuelven a poner el tema sobre el tapete y obligó a varios funcionarios de la Casa Rosada a apurarse a aclarar que no es la postura oficial, sino personal del exmilitar.

La verdad es que el gobierno de Mauricio Macri tiene muchos temas calientes, actuales y serios en sus manos, que tienen que ver con el futuro de los argentinos, como para que en este momento traiga un pasado, que aún duele.

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