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El fin de ciclo K obliga a buscar la unidad del PJ

06 de abril de 2014 a las 12:00 a. m.

Aun cuando el Gobierno se muestra fuerte, sabe a las claras que un fin de ciclo se avecina, sin reelección de Cristina Kirchner y con fuga de dirigentes peronistas hacia espacios tradicionales del justicialismo e incluso al massismo, ante la incertidumbre que se plantea en el oficialismo.

Es claro que la sola figura de Daniel Scioli no es suficiente para contener a intendentes y legisladores que desconfían de que llegue a ser el candidato presidencial. Es más, nunca se abandona la idea que el gobernador bonaerense salte el cerco y se postule por lo que hoy se denomina peronismo disidente o no kirchnerista. De este modo, además de no tener otra figura tan convocante para la sucesión presidencial, Cristina se encontraría con su “hombre fuerte” en la vereda de enfrente y seguido por muchos que hoy abrevan en el oficialismo pero que no lo devocionan.

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No faltan quienes aseguran que la candidatura de Scioli 2015 está sellada pero en alianza con el cordobés José Manuel de la Sota y, por ende, sin la bendición presidencial. 

De allí la convocatoria cuasi desesperada a la unidad del peronismo ordenada por la presidenta Cristina Kirchner desde la residencia de Olivos con miras a las elecciones primarias abiertas presidenciales de 2015. Sólo la unidad –y con Scioli adentro- le garantiza continuidad. Además, es clara y urgente la necesidad del Gobierno de frenar el pase de intendentes, legisladores y dirigentes del PJ hacia las filas del líder del Frente Renovador, Sergio Massa. Para ello desde la Casa Rosada han desplegado un plan de contención dirigido a los principales referentes partidarios.

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El enviado de la presidenta para esa misión unificadora en la reunión del consejo nacional del PJ en la calle Matheu fue el secretario legal y técnico, Carlos Zannini. Pronunció el discurso más tolerante de su vida: como nunca lo hizo antes, habló de integración y de unidad de todos los sectores del peronismo. No es quizá la figura más apreciada en el PJ; el pasado comunista del funcionario no lo hace el más popular entre los dirigentes, como tampoco su incondicionalidad kirchnerista.

Zannini había irrumpido hace tres semanas durante una reunión de gobernadores en el PJ que se realizaba en una dependencia militar del barrio de Palermo y había impartido lineamientos de la presidenta, lo que molestó claramente a los mandatarios provinciales, que ya no pudieron hablar en confianza. Aquella reunión había sido convocada por la conocida Liga de Gobernadores para buscar un acuerdo de sucesión, por lo que el secretario de Legal y Técnica no estaba convidado. Sí Capitanich, por su condición de gobernador de Chaco en uso de licencia. 

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Dada esta repentina “intervención presidencial”, José Manuel de la Sota discretamente dejó el lugar al sentir que ya no era una reunión peronista sino una kirchnerista. 

Por eso el gran objetivo del momento consiste en disuadir a De la Sota de que rompa con la estructura histórica del justicialismo que llevaría el sello del Frente para la Victoria a las elecciones presidenciales de 2015 tal como aspiran los kirchneristas.

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El cordobés les avisó que sólo participará de elecciones internas primarias si el peronismo lleva otro nombre, el de un frente que no sea el actual. Por eso ahora conversa con Massa y mañana firmarán juntos un convenio turístico entre Córdoba y Tigre, distrito que gobernó como intendente el ahora diputado del Frente para la Victoria

Esa foto y las posibles fugas hacia el massismo son dos grandes preocupaciones político-partidarias del Gobierno. Y sobre todo de Cristina Kirchner y su grupo íntimo: ahora, en un contexto de debilidad política, quieren a “todos los sectores adentro del PJ” y así aislar a Massa para que no haga pie en el peronismo formal. 

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Por eso, la Casa Rosada quiere transformar el congreso partidario convocado para el 9 de mayo próximo en Parque Norte o en Costa Salguero en una fecha emblemática de la nueva unidad. Estos cónclaves sirven para ver quiénes dan la cara y quiénes se esconden, jugando a varias puntas. Se elegirá allí como presidente del partido al gobernador de Jujuy, Eduardo Fellner, con una lista única de conducción con la mayor cantidad posible de disidentes del PJ. Zannini la tuvo que aceptar bajo amenaza de algunos de renunciar al armado.

También existen operadores kirchneristas, con vínculos con el peronismo histórico, que trabajan para incluir además al exintendente de Tigre. El kirchnerismo duro no lo digiere. El objetivo de aquellos es que en las elecciones generales presidenciales no se divida el voto justicialista y termine provocando la pérdida de gobernaciones, intendencias y cargos legislativos para el PJ. En ello coinciden con el expresidente Eduardo Duhalde y dirigentes peronistas que todavía conversan con él.

Un argumento similar utilizan los hombres de Massa. Dicen que no participará dentro del Frente para la Victoria de las primarias contra otros presidenciables del kirchnerismo, sean el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, o su par de Entre Ríos, Sergio Urribarri, o el ministro del Interior y Transportes, Florencio Randazzo. 

La presidenta podrá apoyar a Urribarri o Randazzo para disputarle la interna a Scioli y desgastarlo. Pero si Scioli se torna invencible, antes de las primarias, terminará por cerrar tratos con el gobernador de Buenos Aires, si es que éste antes no arregla con el PJ de De la Sota.

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Todos los escenarios son posibles en el oficialismo en este momento y esa incertidumbre en el peronismo respecto a quién será el candidato presidencial, genera más fugas que adhesiones por el momento.

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