El feminismo no es el machismo al revés
Los tiempos se vienen acelerando en temas que llevaron siglos de evolución, como es el caso de los derechos de las mujeres. Las que, solo a modo de pincelada, obtuvieron derechos políticos recién a mitad del siglo XX y los derechos civiles se terminaron de delinear en la década del 80 con la patria potestad y otras igualdades mínimas para con los hombres.
El problema no es solo argentino, en el mundo se debaten y se han realizado las mismas luchas porque el feminismo es un movimiento social y político que se inicia a finales del siglo XVIII y que supone la toma de conciencia de las mujeres como colectivo humano, de la opresión, dominación o explotación de que han sido objeto en el seno de una sociedad patriarcal machista decimos hoy.
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Y al compás de todos los países de occidente las argentinas hoy, pasadas las décadas, van por la igualdad definitiva de sus derechos, se llamen feministas en línea gruesa, o participen de colectivos específicos como Ni una menos que luchan contra el femicidio. Y en esto solo una mente de un conservadurismo acendrado puede estar en contra. Las mujeres, como apuntó incluso el presidente Mauricio Macri en su discurso del jueves sorprendiendo a más de uno, van por el derecho a tener el mismo salario que el hombre por el mismo trabajo. Hoy una mujer con el mismo esfuerzo gana un treinta por ciento menos que un hombre.
Del mismo modo que van saliendo a la luz casos de acoso laboral que son delitos amargos en los cuales las mujeres (y a veces algunos hombres) se ven envueltos con el agravante del temor a perder sus empleos. Son aquellos hechos vergonzosos que las mujeres debieron callar muchos años, hayan cedido o no al acoso, porque no había un marco social capaz de escucharlas y menos de contenerlas. Hoy por suerte hay un consenso capaz de rechazar este tipo de ataques a las mujeres. Por eso se produce este destape en los medios de comunicación, aquí como sucede en Estados Unidos y otros países. Las mujeres están decididas a no dejar pasar más este tipo de avances impropios, bajo la consigna no, es no.
Pero hay que poner algo en claro a propósito de que este 8 de marzo celebramos otros Día de la Mujer. El feminismo no es lo mismo que el machismo pero al revés. Esta frase típica de quienes pretenden conservar el patriarcado, no responde a la realidad, porque el feminismo bien entendido es un movimiento social, con una ética, que lucha por la igualdad entre mujeres y hombres. No se marcha hacia una sociedad matriarcal para reemplazar lo anterior, aunque algunas mujeres lleven el discurso al extremo y puedan llegar a confundir. Por el contrario el verdadero feminismo cuenta con una ética, y esto es necesario resaltarlo, porque está basado en el respeto a la integridad humana y la ética es siempre una elección consciente.
En sus primeros movimientos y aun en la actualidad el feminismo es reivindicatorio de los derechos de las mujeres, necesario incluso porque no todas las mujeres pueden disfrutar de los avances, ni en la misma medida ni de la misma forma. El hecho de que hayamos tenido una presidenta mujer, como Cristina Kirchner o que Angela Merkel sea la mujer fuerte de Alemania, no quiere decir que todas las mujeres tengan un estatus similar al del hombre, esto está más que claro.
En el feminismo cuando hablamos de igualdad nos referimos a la igualdad de oportunidades, de acceso, de justicia. Partiendo de que sabemos que mujeres y hombres somos diferentes, como es casi una obviedad decir. No solo biológicamente distintos, también culturalmente porque tenemos experiencias diferentes desde nuestro ser mujer o nuestro ser hombre. Por eso en la política, en la empresa, en la educación, las dos miradas, la del hombre y la de la mujer son las que enriquecen la experiencia.
Precisamente al no ver el mundo de la misma manera y mucho menos interpretarlo igual porque hemos nacido con procesos corporales diferentes y hemos tenido una educación basada en la diferencia sexual, podemos complementarnos, mujeres y hombres. Lejos de sociedades machistas donde el hombre tiene derechos exclusivos al poder familiar, al poder económico en base a la discriminación del salario y al poder de acoso o maltrato de la mujer.
Y mientras los mayores se van adaptando a esta nueva mirada de la sociedad, los jóvenes son quienes llevan estos cambios a la práctica concreta de hacer de esta igualdad entre hombres y mujeres, la suma de una humanidad integrada, más profunda y más solidaria. Cuando esto suceda, el feminismo habrá dejado de existir como tal porque ya no habrá peligro de retroceder un paso
En el feminismo estamos personas de toda edad, raza, clase, sexo, nacionalidad, etcétera. También hay caracteres y actitudes de todo tipo, y discusiones, enfrentamientos, debates y alianzas como en todo movimiento social. Somos seres humanos y como tales participamos con todo lo que nos hace serlo.
Mujeres y hombres, vean al feminismo como la propuesta alternativa, cultural, social y política, para construir el cambio real en las relaciones entre los géneros, ese cambio basado en el respeto, la equidad y la justicia.














