Publicidad
Pergamino
La Opinión Online
LO CampoLO Sports
BuscaLOLO365
Opinión

El escrache, la hoguera del Siglo XXI

28 de diciembre de 2018 a las 12:00 a. m.

Las mujeres recorrieron un camino muy largo a través del Siglo XX, en que adquirieron los derechos políticos (como poder votar), los derechos civiles (como ejercer la patria potestad de sus hijos). Fue un siglo en el que dejaron atrás a la mujer “mueble”, la mujer “sierva” y también la mujer “mantenida”, porque junto a todo el proceso emancipador tuvieron la chance de salir a trabajar, a veces por inquietud personal, otras para aportar un salario más al hogar. En fin que no terminaron de desligarse totalmente de las tareas domésticas y ya había que compartirlas con el empleo fuera de la casa.

Y en esta cuestión de la evolución había otras acechanzas que las mujeres debían sortear, como el acoso laboral, la violencia callejera o la intrafamiliar, esta última tan compleja de ajusticia por aquello de que era imposible probar lo que pasaba entre cuatro paredes. Una profunda mirada patriarcal que permanece a pesar de la vigencia de derechos y que subyace aún en una Justicia también machista, que muchas veces en sus fallos exija una vinculación filial o fraternal por supremacía del derecho por encima del daño moral y físico de las víctimas.

Publicidad

Actualmente atravesamos por un nuevo avance, un cambio cultural que tiene adeptos entre mujeres y hombres y detractores también mujeres y hombres. Un colectivo de personas que en distintos países –como en Estados Unidos con el “#metoo”- hacen públicas sus denuncias para lograr una condena social inapelable. Los casos más conocidos han sido acompañados por denuncias judiciales. Es así como aún antes de ir a juicio, reconocidos actores estadounidenses se debieron bajar de sus trabajos, productores que fueron al exilio público. Después veremos qué pasa en la Justicia con todos estos casos.

En la Argentina un colectivo de mujeres que comenzó con el “Ni una menos”, luchando contra el femicidio que se sigue propagando en la Argentina hoy igual que ayer. Después se consolidó con los debates a favor o en contra del aborto. Y al fin el grupo, donde la mayoría son actrices reconocidas, lanzan una denuncia pública de violación de quien hace unos años era una menor, Thelma Fardín  a manos del actor Juan Darthés, en una gira por Latinoamérica. Fue un escándalo mucho mayor a otras denuncias que el mismo personaje tiene hechas más en soledad.

Publicidad

Es importante, en estos casos, que haya denuncia penal, como ha sucedido con Thelma Fardín contra Juan Darthés. Porque esto garantiza que la mujer está dispuesta a encarar seriamente y no solo mediáticamente la cuestión.

El problema que implica la búsqueda de sanción social previo a la condena judicial que, convengamos, a veces es difícil por el tiempo transcurrido o la naturaleza privada del hecho, es que en los casos en que una mujer falte a la verdad, no hay forma de reparar a ese hombre al que se acusó falsamente. La mancha asquerosa lo puede seguir siempre, frente a la inocencia. Porque ni todos los hombres son violadores ni todas las mujeres son sinceras, hay de todo en este mundo y para eso existe la Justicia, para determinar qué es cierto y qué no. Tampoco es un acto de libertad de pensamiento asentir lo que muchas personas –o pocas pero ruidosas- digan por más noble que sea el motivo. Más bien sería un acto de dominación intelectual, más cuando la adhesión a un colectivo es sin conocimiento directo de la causa sino por la interpretación que otros han hecho y han dictaminado.

Publicidad

Por eso, hay que tener cuidado con el concepto de que en estos casos “siempre creer a la víctima”. Todos tenemos derecho a defensa, aun los culpables porque así es la Justicia en el sistema democrático. Quizá por eso la abogada especialista en Derecho Penal Débora Huczek  dice que “el escrache no tiene grandes diferencias con la inquisición de siglos pasados”. Es la hoguera del Siglo XXI y, por tanto, es un abuso de poder. A muchos hombres se los acusa de violentos y abusadores sin pruebas, sabiendo que es la peor etiqueta que pueden recibir, y el resto de los luchadores de la causa lo aceptamos como una especie de efecto colateral no deseado de una lucha por la que todo vale. Pero no debiera ser así, porque eso, como sostiene Huczek, es también abuso de poder, por lo que no estaríamos luchando por justicia sino por venganza. Incluso no se piensa, cuando se recurre al escrache gratuito, en las mujeres que rodean a ese hombre y el daño que a ellas también se les causa. Luego llegará eventualmente la justicia para castigar la difamación, pero será tarde, ya la “hoguera” del escrache social habrá generado un daño irreparable.

Seguramente todos, y puntualmente los colectivos receptores y difusores de denuncias de abusos de todo tipo, rechazamos la figura de la Inquisición, aquel perverso tribunal eclesiástico que castigaba hasta la muerte sin un debido juicio, no sin antes hundir en el escarnio a los acusados hasta dejarlos en un plano de parias sociales. Pues cuidado porque el escrache con persecución termina siendo una forma de ajusticiamiento similar.

Publicidad

Por eso insistimos: si vamos a crecer en este tema de luchar contra el acoso y la violación a las mujeres, vayamos por el camino sano de enfrentar al violento en la Justicia, logrando condenas que si son ejemplares vamos a lograr que muchos hombres –y mujeres también- cambien esa mentalidad machista que tanto daño ha hecho. Y la Justicia debe demostrar que está a la altura de los nuevos tiempos frente a mujeres que ya no se callan, porque estos problemas se incrementan en base a la impunidad y el secretismo.

WhatsAppXFacebook

Comentarios

🔓

Desbloqueá los comentarios

Hacete socio LO365 y sumate a la conversación.

Cargando comentarios...