El entramado político en un nuevo escenario para las elecciones de 2017
El dato, que no debe llamar la atención, es que Mauricio Macri pretende que en no más de 60 días se conformen en todo el país las mesas del frente Cambiemos, con el claro objetivo de apurar un armado político en estos tiempos de catarsis, arrepentimientos y demás crisis en el seno del peronismo kirchnerista. El asunto es entramar relaciones y traccionar algunos cuadros que migran antes de que los absorba Massa o, más grave para el macrismo, engrosen al Partido Justicialista, en ese bastión que se abrió antes de que todo allí cayera por colapso.
Las elecciones de medio término, el año que viene, están lejísimo para el hombre de a pie, pero para la política están a la vuelta de la esquina. Sobre todo en el caso del macrismo gobernante, cuyo talón de Aquiles es, sin dudas, el armado territorial. El PRO ahora ha sumado intendentes, pero no tiene gobernadores y los grandes distritos del Conurbano siguen en manos del peronismo. Los radicales hacen su aporte a la coalición, pero cualquiera sabe que no es suficiente.
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Los casos de Báez y, sobre todo, de José López más la trama de la AFA y el asunto de la efedrina, han acercado los tiempos políticos para el PJ, porque sin necesidad de sopesar ni hacer mediciones, se separó abiertamente del kirchnerismo y se rearma y para el PRO, precisamente por eso porque el peronismo se estaría reconstruyendo a partir de las cenizas del kirchnerismo y claramente conserva intacto su espíritu movimentista, de alto arraigo en la gente y el territorio. Todo lo que el macrismo no tiene. Por eso decíamos en otro comentario que lo sucedido con el destape de la corrupción K estaba lejos de ser beneficioso para Macri.
Ahora el presidente está mandando a su gente a negociar, a tentar, a cooptar a los peronistas desencantados como para completar su grilla de 2017, antes de que caigan con Massa. En pocas palabras, con la caída del kirchnerismo, Macri se quedó ni antagónico, sin su archi enemigo; es como Batman sin El Pingüino. Y en lugar de estas figuras, hay dos o tres jugadores que no son tan indeseables como era el kirchnerismo para muchos que le pusieron el voto a Macri en el balottage.
A la par de estos coqueteos con el peronismo, avanzan las conversaciones del PRO con la UCR para generar un espacio común en cada distrito del país avanzan, a pesar de disidencias y de los reclamos radicales de mayor espacio en el poder. La Coalición Cívica de Elisa Carrió ya dio el visto bueno y comenzó a participar de reuniones en los distritos en los que tiene personería, y también otros socios menores, como Unión Por Todos. El objetivo es afianzar la tropa propia para asegurar un triunfo electoral del Gobierno en las legislativas de 2017, imprescindible para la marcha de la gestión de Mauricio Macri y para poder ilusionarse con una reelección.
El problema que encuentran en las gobernaciones peronistas es que la oposición en esos casos es el radicalismo que integra Cambiemos, pero la orden del macrismo es clara: hay que acordar con los mandatarios PJ que se pueda para la legislativa.
La idea del PRO es que la confluencia con radicales y Coalición Cívica sea el primer paso, la base desde la cual proyectar acuerdos con sectores del PJ. Como decíamos, la urgencia es que este momento de enorme dificultad con el kirchnerismo no sea capitalizado en un 100 por el peronismo reagrupado bajo la sigla PJ.
Carrió sería candidata a senadora nacional en provincia, donde ya se lanzó, con aval de la gobernadora María Eugenia Vidal, el intendente de Vicente López, Jorge Macri. Lo que sucede es que Carrió les veta muchos nombres de figuras del Conurbano y el armado en la provincia de Buenos Aires se complica.
Por eso la carta más que en Lilita, Macri descansa en María Eugenia Vidal para el armado provincial, quien reunió en Vicente López a 500 funcionarios, intendentes y legisladores de Cambiemos. Les pidió estar cerca de vecinos, organizaciones sociales, clubes, concejales e intendentes. Propios o ajenos.
La estrategia parece ser seducir a intendentes del peronismo, contener a los kirchneristas que contribuyen a la gobernabilidad y colaborar con los opositores más furiosos, siempre que eso sirva para mantenerlos separados del resto. Para eso, se vale Vidal de los dirigentes peronistas que se sumaron al PRO antes de esta etapa, como Gerónimo Venegas. También ha hecho la gobernadora sus recorridas por unos 70 distritos y ha concitado el interés algunos jefes comunales peronistas que nunca miraron bien al kirchnerismo y ahora ya no tienen gran voluntad de volver al PJ.
El primer caso exitoso de esta táctica sería el intendente de San Miguel, el peronista devenido massista y hoy alejado de ese frente, Joaquín de la Torre. A través de la incorporación de este cuadro, podría lograr llegada a otros dirigentes justicialistas. Concretamente, según consigna el diario El Día, le habría ofrecido el Ministerio de la Producción, que hoy está bajo el mando del pergaminense Jorge Elustondo.
La otra pata con que cuenta Mauricio Macri para tejer estos armados es el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó. Es un gran operador, de vasta experiencia, precisamente por ser peronista. Seamos claros: el PRO está lleno de personas bien formadas y seguramente de gran vocación por lo público pero que no tienen ni idea de cómo moverse en las aguas de la política baja, la que logra finalmente los acuerdos. Y este equipo tripartito de tejedores de lazos hacia el PJ se completa en la provincia con el intendente de Vicente López, Jorge Macri.
Mientras tanto, los peronistas viven su propio duelo. Hacen cualquier cosa para despegarse del kirchnerismo. Lo que se escucha en el Partido Justicialista en la sede de la calle Matheu es irreproducible respecto de los funcionarios del anterior Gobierno. Ahora se escucha, antes se decía por lo bajo.
El presidente José Luis Gioja admite que lo que ocurrió con el exsecretario de Obras Públicas, José López, fue un temblor de grado 11 para el peronismo y reclama que la Justicia tome medidas ejemplares.
Al mismo tiempo, y para que todo quede claro a los ojos de la gente, se apuraron a abandonar el bloque Frente para la Victoria, donde solo quedan los K de paladar negro. Los escindidos se nuclearán en el bloque Partido Justicialista en Nación y en provincia. Hete aquí el comienzo de la pesadilla para Macri: que la oposición la encarne la sigla PJ.
Es más, planean expulsar del Partido Justicialista a los afiliados que tengan causas de corrupción mientras fueron funcionarios kirchneristas. Esto abre dos posibilidades: una con la que se ilusiona el macrismo que es que el PJ vaya con su lista a las legislativas del año que viene y los K puros vayan en otra.
Sin embargo el temor que sobrevuela el momento es que el PJ profundice sus charlas con Sergio Massa, a quien solo no le otorgan peso específico como para ganar. Esta es la carta que tiene en la manga sectores del peronismo: buscar una unidad con el Frente Renovador para enfrentar el PRO.
Nada está dicho, mucho menos escrito y sellado de cara a las legislativas de 2017. Pero una cosa sí es segura: la economía tendrá la última palabra. Si no se consiguen las metas propuestas y con el peronismo unido, las elecciones de medio tiempo marcará el inicio de los dos últimos años de Macri presidente. No tenemos una bola de cristal, pero sí memoria. Y la historia, para bien o para mal, suele repetirse.














