El entramado de la muerte de Nisman y el autismo oficial
Desde la muerte del fiscal Alberto Nisman, un enorme entramado del que sólo tenemos algunos indicios comenzó a salir a la luz. No vamos a entrar en cuestiones informativas ni del avance de la causa porque la cuestión es continuamente ventilada por todos los medios, cambiando versiones de los hechos y roles de los actores prácticamente en un minuto a minuto.
No era cualquier fiscal, era el funcionario que tenía en sus manos la causa del atentado a la Amia, un tema que fue en el gobierno de Carlos Menem manoseado y encubierto. Cuando Néstor Kirchner nombró a Nisman a cargo de la causa, todo parecía ponerse más diáfano en medio de la tragedia nunca aclarada. El extinto presidente dispuso para él toda una estructura, con dependencias exclusivas y 80 personas para que la investigación fuera exhaustiva. Desde ese momento hasta su muerte Nisman estuvo a cargo de esa Unidad Fiscal Amia.
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Ya en ese momento se hablaba sobre la participación en el ataque de los funcionarios iraníes en la Argentina, teoría sobre la cual hoy sobran las pruebas. No obstante ello, durante la administración de Cristina Kirchner, se propuso un acuerdo con Irán, explicado siempre desde razones confusas que incluían lo comercial, como si un buen negocio pudiera ser parte de la justicia; ellos sacaban provecho bajando las alertas rojas que pesaban en Interpol sobre sus funcionarios y nosotros, si viajábamos a Irán, los podíamos entrevistar. Pero en el camino quedaban las potestades de la Justicia argentina, sus jueces y funcionarios.
Quedó en el aire el porqué, al fin, Irán no lo firmó. Lo que resultaba extraño, habida cuenta que dijeron que sí en las conversaciones previas. Lo que sucedió en el medio, y ahora lo sabemos, es que Interpol avisó que las alertas rojas las baja sólo si un juez lo pide. Como el fiscal Nisman jamás le iba a pedir a un magistrado que pida esa medida, el acuerdo para los iraníes dejó de tener sentido.
Este fracaso dejó en claro que hubo apuro e improvisación oficial. Y fue votado en el Parlamento, como siempre, sobre la base de la mayoría numérica. Una falta de respeto a la comunidad judía en particular y a la sociedad en general, porque firmar un memorándum de entendimiento con un país hostil, que intervino en el atentado más grande de nuestra historia, como el de Amia, necesita de muchas explicaciones.
Y es aquí donde entran a jugar los intrincados intereses de los servicios de inteligencia argentinos y de otros países, porque estas tramas generalmente incluyen a más de una agencia. Es cierto que Nisman era una piedra en el zapato para Irán, desde el mismo momento que Néstor Kirchner lo nombró. Y tan exhaustivamente hizo el trabajo que se le encomendó que también pasó a ser molesto para los funcionarios nacionales que fueron parte de las negociaciones previas al frustrado acuerdo de entendimiento, que cayeron bajo su lupa por su afanoso interés en que se concrete esa operatoria que desconocía años de su investigación y desaventajaba a la Justicia argentina en la sustanciación del segundo juicio por encubrimiento del atentado a la Amia.
El fiscal, sobre la base de escuchas que están saliendo a la luz-, documentos e información de encuentros entre funcionarios, hizo entonces las denuncias y pedidos de indagatorias que el lunes debía ir a defender al Congreso. Había reclamado que la presidenta Cristina Kirchner y su canciller, Héctor Timerman, fueran indagados por la Justicia bajo la acusación de querer encubrir a Irán por el atentado y fabricar la inocencia de los exfuncionarios iraníes involucrados en el ataque. El pedido de indagatoria, que incluyó un pedido de embargo de 200 millones de pesos sobre los bienes de los imputados, se extendió al diputado y jefe de La Cámpora, Andrés Larroque; al líder piquetero Luis DElía; al jefe de la agrupación Quebracho, Fernando Esteche, y a un exjuez de Instrucción que trabajó para la exSide, Héctor Yrimia.
Las conclusiones a las que había arribado, le estaban trayendo problemas desde hacía tiempo, empezando por su jefa directa, la procuradora Alejandra Gils Carbó que no lo autorizó a disertar sobre este trabajo en una conferencia a la que fue invitado en Estados Unidos. Luego estaban las presiones políticas, tanto del oficialismo como de la oposición. Finalmente, el mismo poder que lo puso a trabajar en el tema, le empezó a poner palos en la rueda. La presidenta decidió descabezar los servicios de inteligencia y además dejar fuera a Jaime Stiuzzo, un espía mimado por el poder K en años pasados y que trabajaba codo a codo con Nisman. Por eso y sin entrar en teorías conspirativas fuera de la realidad, no se descarta la posibilidad de un vuelto de la vieja Side. Ha sucedido en otros países cuando se remueven a los servicios de inteligencia, de modo que tampoco sería para sorprenderse. Es decir que hay indicadores más domésticos que internacionales en esta muerte dudosa.
Más allá de un pensamiento ampliamente compartido en la sociedad, analizando desde la fría estrategia, al Gobierno el fiscal le servía vivo. Porque la denuncia efectuada a la presidenta no tenía aún- pruebas muy contundentes (puede leerse completa en todos los portales de Internet) sino circunstanciales, rebatibles. Dicho esto sin considerar las escuchas del piquetero DElía, que además de sus turbios manejos es un antisemita, que el Gobierno no debió permitir seguir en sus filas, hace ya mucho tiempo. Por fuera del peso judicial que tengan sus conversaciones con el iraní Youseff Khalil, esos diálogos muestran lo más bajo del mundo político y son un real perjuicio para el Gobierno.
Pero la muerte de Nisman le ha dado un giro tremendo al curso que seguían los hechos tras la denuncia. Una muerte tan inexplicable como inesperada. Este golpe directo a la cara del oficialismo desnuda la precariedad de las decisiones con que nos gobiernan y la subestimación de un pueblo que, por curtido, es manso. Por decisión propia o asesorada, que la presidenta en lugar de expresarse de manera directa, escriba una carta en Facebook como modo de comunicarse con el hombre de a pie, primero desilusiona, luego apena y avergüenza y por último nos ubica en el patio trasero del concierto mundial. Especialmente cuando se contrasta esa actitud con la de François Hollande, días antes, frente a la masacre de la revista Charlie Hebdo. En un primer comunicado habló del suicidio y ahora ante la abrumadora prueba, en un segundo comunicado habló de asesinato. Y detrás de ella, sin posibilidad de objeción de conciencia, todo el kirchnerismo, que no se permite ni la más mínima duda que sí, curiosamente, tiene el resto de la sociedad.
Ella se interroga en sus misivas, mostrando parte del entramado. Lo que debiera hacer es buscar las respuestas y exponerlas a la Nación. Y sobre todo mostrarse condoliente más que herida y victimizada.
Pero más allá de que es la Justicia la que tiene que actuar para definir sin tapujos quién mató al fiscal Nisman y los móviles primarios que llevaron a la acción, esta muerte exige otra respuesta política y no esa sensación que se tiene, de que hay un gobierno al que los hechos superan.














