El drama de las inundaciones continúa en nuestra región
El norte de la provincia de Buenos Aires es la zona más castigada de nuestro país producto de las intensas lluvias de estos días. Todavía hay cientos de inundados y el agua baja muy lentamente, con el agravante que hay pronósticos de nuevas lluvias. Con lo cual el panorama es dramático, especialmente en Luján, Salto, Mercedes, Arrecifes y San Antonio de Areco.
Pergamino no tiene un río que se desmadre sino un pequeño arroyo que desde que se instalaron los primeros habitantes nunca había sido una amenaza como lo es ahora. En sus más de 200 años como poblado, solo tres inundaciones tuvieron ribetes dramáticos generalizados (para quien es invadido por el agua siempre es un drama): en 1939, 1984 y 1995. Hasta que entramos en el tercer milenio y el avance humano sobre la naturaleza comenzó a mostrar consecuencias.
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Esta vez, al lado de otras ciudades de la región, nuestra ciudad tuvo una situación de menor complejidad; si bien en el peor momento hubo más de 350 inundados, esta cifra que bajó notoriamente a la fecha, permaneciendo alrededor de 140 fuera de sus hogares aunque volviendo durante el día para efectuar tareas de limpieza. Incluso pasamos de alerta naranja a amarilla, mientras otras ciudades siguen literalmente bajo las aguas. En nuestra ciudad tanto la Comuna como organizaciones políticas y sociales desplegaron toda su solidaridad, intentando que los que perdieron todo puedan contar con arena para evitar que ingrese más agua, colchones y ropa seca. Encima la temperatura bajó notablemente y eso afecta aun más a los que están inundados.
En Salto, una de las localidades con mayor cantidad de afectados, se observaba una baja en el nivel del río, posiblemente causada por la tregua de las lluvias, pero aún no se habían realizado las mediciones oficiales, los bomberos de la ciudad informaron que no fueron llamados a participar en ninguna nueva evacuación, lo que es una buena noticia aunque sigan en estado de alerta permanente.
El intendente Oscar Brasca afirmó que el total de damnificados en el distrito alcanza a 5.000 personas y precisó que en las últimas horas llegó Sergio Berni y dejó un grupo de gendarmes para que cuiden las viviendas que, en estos casos, aparte de la inundación padecen saqueos. Lo mismo ocurrió en Pergamino, con algunas salvedades: aquí Berni no recorrió la ciudad; como es sabido, tras el incidente en el Palacio Municipal con el intendente y el concejal Bormioli, partió. Y los gendarmes los envió no particularmente por saqueos sino por los cortes y situaciones violentas que se presentaron en el puente de la superposición de las rutas Nº 8 y Nº 188 que por momentos era el único accesible para el tránsito vehicular. No obstante, aunque no de manera organizada ni masiva, hubo faltantes en algunas viviendas, que quedaron vacías y fueron presa de sujetos de la más baja calaña: la que se aprovecha de la desgracia ajena.
En Salto la situación sigue siendo dramática; a decir de Bomberos y autoridades, nunca habían vivido una inundación de tal envergadura.
Arrecifes es otra de las zonas alcanzadas por el temporal, aunque en menor magnitud que en Salto y en Luján que son las más afectadas pero más que Pergamino. La crecida del río provocó la evacuación de 247 personas. El fenómeno sigue siendo sostenido, con una baja muy paulatina y pequeña. Allí es donde están pendientes las grandes obras hidráulicas de la Provincia.
En Luján, el río había llegado a superar en 5,43 metros su nivel habitual y hoy está 13 centímetros más bajo. Todo sucede muy lentamente. Los evacuados en cambio no disminuyen sino todo lo contrario: hay 400 más. Desde que comenzó el temporal de lluvias el miércoles pasado se convirtió en una de las zonas más afectadas por la tormenta.
San Antonio de Areco tiene gran parte de la ciudad con sus calles convertidas en un verdadero río, está muy castigada la ciudad y la ruta Nº 8 recién hoy pudo ser rehabilitada. Allí se discute la inconclusa o mal hecha obra del canal aliviador por parte de la Provincia. No obstante, su intendente reconoce que nada podría haber evitado la inundación frente a tamaño fenómeno meteorológico que aglutinó en algunas horas las precipitaciones que habitualmente se distribuyen en todo un mes. También culpa al daño medioambiental, sobre el que reclama políticas a largo plazo a ser incluidas por el próximo presidente; a los canales clandestinos en los campos, sobre los que exige más controles; y a la no planificación de los nuevos desarrollos urbanos, algo que por cierto también ocurre en Pergamino, donde han proliferado emprendimientos públicos y privados que han cementado zonas que antes absorbían el agua.
Obviamente que la situación perjudicó gravemente las posibilidades de viajar, desde Pergamino a Rosario y a Buenos Aires; recién ayer se pudo transitar y con mucha precaución- por los caminos habituales hacia estos destinos sin tener que tomar desvíos. A Salto, el camino de por sí intransitable- permanece cortado.
La verdad es que se está viviendo una verdadera tragedia en la zona norte provincia de Buenos Aires, toda ayuda es poca y las obras para futuros problemas de estas características son de gran porte. No siempre llueve en dos días lo que debió llover en todo agosto. Pero cada vez será más frecuente. El mentado cambio climático, además de debatirse en cumbres mundiales sobre el ambiente, es una realidad palpable. Revertir su efecto demandará años de concientización y si ésta surte efecto, que la naturaleza responda importará décadas.
Las obras realizadas en Pergamino merced al constante impulso de la Cosopper, como una espina en el pie de funcionarios municipales y provinciales, han demostrado tener la efectividad prevista a la hora del escurrimiento: al parar de llover el panorama comenzó a retroceder.
Las otras obras que deberían realizarse no están al alcance de las arcas municipales. Además, en las previsiones provinciales no figura ningún trabajo para Pergamino. Esto puede significar dos cosas: o que lo que se haría en otros puntos, como Arrecifes, redundaría en una solución para nuestra ciudad. O bien, que el costo de lo que habría que hacer en Pergamino es demasiado con relación al beneficio. En términos de prioridades políticas (y especialmente electorales) invertir millonadas para que el correlato sea únicamente una población de menos de 100.000 habitantes, nos ubica en el último lugar de atención, lamentablemente.
Así las cosas, lo que le queda al pueblo de Pergamino es insistir en el reclamo de obras pero sobre todo asumir que el cambio climático es una realidad que nos deparará estas situaciones con cada vez más frecuencia.
Así como hemos aprendido a convivir con alarmas y rejas debido al flagelo de la inseguridad, deberemos estar preparados con bolsas de arena y compuertas en nuestros hogares.















