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El desempleo y la economía informal

25 de agosto de 2016 a las 12:00 a. m.

Las nuevas cifras de desempleo impactaron en la opinión pública porque hay una conciencia generalizada de que es el empleo el que sostiene dignamente a los miembros de una sociedad y también porque es uno de los signos más visibles de una economía recesiva. 

Hay 1.165.000 argentinos que, según el Indec, no tienen trabajo, siempre hablando de la población económicamente activa, es decir sin contar menores ni jubilados y, una cuestión no menor: sin incluir a aquellos que reciben planes de ayuda social.

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Y lo destacamos porque esta medición que arroja un 9,3 por ciento de los argentinos no tienen empleo en el segundo trimestre del año está hecha sobre la base de cifras efectivas, de datos duros y no al autoengaño que implicaba incluir en este universo a los que el Estado ayuda, porque eso, claramente, no es empleo. También están aquellos que percibían algún ingreso de tipo político, ya sea en negro (punteriles) o a través de contratos con el Estado y hoy, al carecer de él, engrosan la lista de los que buscan trabajo, pero no necesariamente porque antes lo tenían. 

De modo que no podemos establecer en este momento cuánto creció el desempleo desde la era Macri, si fueron cuatro puntos (teniendo en cuenta que el kirchnerismo hablaba de 5 puntos y pico) o tres o dos.

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La Universidad Católica Argentina mostró para fines del año pasado un desempleo de 9,4 por ciento. Esta Encuesta de Protección y Seguridad Social. Esa encuesta sirvió al Gobierno para desmentir al viejo Indec, con cifras propias del kichnerismo, que afirmaba que había dejado el Gobierno con 5,9 por ciento de desempleo.

Entre los últimos datos oficiales y los actuales aparecieron 450.000 desempleados más, pero lo más probable es que, aun cuando el Indec, estaba claramente manipulado en la gestión anterior, el sólo hecho de incluir como trabajadores a quienes recibían planes del Estado haya hecho a la diferencia.

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Lo que podemos afirmar es que bajó el empleo, esto sin lugar a dudas, por la reconversión que hizo el Estado a nivel nacional, en las provincias y en los municipios despidiendo gente y lo mismo pasó en la actividad privada por la recesión que estamos padeciendo, lo que ha terminado por empujar el desempleo. Pero la cifra exacta de cuánto no es tan clara. Sí podremos establecer con certeza la situación a partir de ahora, tomando como punto de referencia este 9,3 por ciento en comparación con la próxima medición.

Lo más preocupante es que los problemas laborales (subempleo, empleo informal o changas) lleva la cifra de argentinos en situación difícil a 5.301.276 (31,2 por ciento). Y esto es realmente un tema muy serio; que más del 30 por ciento de la población esté en condiciones precarizadas (sin obra social ni jubilación futura, tampoco sosteniendo a los jubilados actuales) y que de ese porcentual casi el 10 no tenga  directamente empleo habla a las claras de que la crisis económica es persistente, que no hay signos de mejora.

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En los primeros cinco meses de este año se redujo en 97.219 personas el número de empleados ocupados formales, según datos de Seguridad Social de la Afip difundidos la semana pasada. 

El incremento de desempleo que reflejó el Indec se dio fundamentalmente porque la ocupación creció menos que la tasa de actividad. En el último año,  el empleo no obstante creció. Se crearon 200.000 puestos nuevos (0,2 puntos). No obstante, eso no logró superar el blanqueo de la tasa de actividad. Por eso creció el desempleo.

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La realidad es esta: tenemos un problema de empleo que antes era ocultado que ahora fue blanqueado y agudizado. Todo ello debe ser leído dentro de la fría cifra de 9,3 por ciento.

Las situaciones más críticas se dan en el Gran Buenos Aires, más que en el interior. La desocupación fue de 10,6 por ciento (740.000 personas), y en el Conurbano llegó a 11,2. El dato más alto lo mostró el Gran Rosario (11,7 por ciento). El más bajo, en cambio, fue el de Comodoro Rivadavia (2,4 por ciento). El trabajo informal, en tanto, se mantuvo casi intacto, en un 33,4 por ciento. De Pergamino no hay datos certeros, habida cuenta que la delegación local del Ministerio de Trabajo de la Provincia solo interviene en situaciones de conflicto. Si se dan despidos en un marco regular, hasta que no se efectivice la Encuesta permanente de Hogares, no se sabrá oficialmente. Extraoficialmente, la “voz de la calle” da cuenta de despidos a cuentagotas y suspensiones en el rubro confeccionista (además de la disminución del trabajo a fazón), como el sector más comentado.

Al tiempo que se debiera intentar reactivar la economía para generar los nuevos empleos que tanto espera ese 10 por ciento de la población, la Argentina tiene una enorme deuda con el trabajo informal donde la cifra trepa a más del 30 por ciento. Y esto implica ausencia de obra social, personal que cobra por fuera de las paritaria y sin  aportes jubilatorios. Estos trabajadores engrosan la salud pública, serán los futuros jubilados sin aportes que abona el Estado (y desequilibran la caja previsional actual) y además, claramente, la mayoría es pobre. Ya que sin dudas un trabajo informal termina por no cubrir las necesidades familiares, ni por el salario propiamente dicho ni por la ausencia de cobertura social.

También es para mirar otro aspecto del trabajo informal que tiene que ver con el costado empresario: si todos cumplieran con las normas laborales, quizás las cargas enormes que se pagan podrían ser menores. Pero con tan alto nivel de evasión, quienes pagan terminan siendo el pato de la boda. Y decimos que esta es una deuda muy importante en la Argentina porque hace más de 20 años que se viene manejando la misma cifra de economía en negro y nunca se ha logrado más que apenas achicarla, de manera poco significativa.

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Con la tecnología actual es inaceptable que se pueda seguir manteniendo casi un 40 por ciento de economía informal en nuestro país, esto perjudica enormemente al trabajador y también al resto de los empresarios que son los que con su esfuerzo sostienen al Estado, mientras el resto hace sus ganancias sin obligaciones. 

Por eso planteamos que la tarea que le espera al Gobierno es en dos direcciones claramente determinadas, una para generar empleo lo que tiene directa relación con medidas que nos ayuden a salir de la recesión, y la otra es sin dudas la lucha contra el trabajo informal, contra la economía negra que tanto daño hace.

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