El corazón exportador del agro sigue en verde y sostiene buenas perspectivas
Aunque el Semáforo de Economías Regionales de Coninagro muestra realidades muy diferentes entre las distintas producciones, los granos permanecen en verde y exhiben buenos indicadores de negocio, producción y mercado. El complejo concentró el 78% de las exportaciones relevadas.

El panorama de las economías regionales argentinas continúa mostrando fuertes contrastes, pero dentro de esa fotografía aparece un dato particularmente relevante para la principal región agrícola del país: los granos permanecen en verde y constituyen, por amplio margen, el sector de mayor peso en la generación de divisas.
El último Semáforo de Economías Regionales elaborado por Coninagro, con información correspondiente a julio, ubicó a cuatro actividades en verde, seis en amarillo y nueve en rojo. Los mejores indicadores corresponden a granos, bovinos, ovinos y miel, mientras que otras producciones atraviesan situaciones más complejas.
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La lectura adquiere una dimensión especial cuando se observa el peso relativo de cada actividad. Durante los primeros siete meses de 2026, las 19 producciones contempladas en el relevamiento generaron exportaciones por US$ 37.725 millones, un 17% más que los US$ 32.155 millones registrados durante igual período del año pasado.
De ese total, nada menos que US$ 29.583 millones correspondieron al complejo granario, integrado por soja, maíz, trigo, girasol, cebada y sorgo. Es decir que los granos explicaron aproximadamente el 78% de las divisas generadas por las actividades analizadas.
Soja y maíz, a la cabeza
Dentro de ese universo, la soja mantuvo un protagonismo excluyente: aportó US$ 15.183 millones, equivalentes al 51% de las exportaciones del complejo granario.
El maíz ocupó el segundo lugar con US$ 6.053 millones, alrededor del 20,5%, mientras que trigo y girasol sumaron ventas externas cercanas a los US$ 3.500 millones cada uno. Más atrás se ubicaron cebada y sorgo.
Se trata justamente de producciones centrales para la Zona Núcleo y para una región como Pergamino, donde soja, maíz y trigo conforman buena parte de la estructura agrícola.
Por eso, más allá de las dificultades que exhiben numerosas economías regionales, el hecho de que el principal motor exportador agropecuario permanezca en verde constituye una señal favorable para el sector y para la generación de dólares de la economía argentina.
Precios que mejoraron frente a la inflación
El indicador elaborado por Coninagro no se limita al volumen producido o exportado. Para definir el color de cada actividad analiza tres grandes componentes: negocio, producción y mercado.
En el caso de los granos, durante julio los precios promedio de cebada, girasol, maíz, soja, sorgo y trigo aumentaron 5% respecto del mes anterior y 34% en la comparación interanual, una evolución que logró ubicarse levemente por encima de la inflación del período.
Ese comportamiento permitió mejorar los precios relativos y contribuyó a sostener el verde del sector.
A ello se suma una perspectiva productiva importante. Con el avance de los cultivos de invierno y las proyecciones para el resto de la campaña, se estima una superficie de 35,1 millones de hectáreas para los principales granos y una producción conjunta que podría alcanzar las 151,3 millones de toneladas.
Son cifras que, de concretarse, permitirían mantener un importante flujo de mercadería hacia los mercados interno y externo.
El campo muestra realidades diferentes
El buen desempeño de los principales complejos exportadores convive, sin embargo, con situaciones considerablemente más difíciles.
En rojo permanecen yerba mate, arroz, vino y mosto, hortalizas, algodón, leche y mandioca. A ellas se incorporaron en esta medición la actividad forestal y los cítricos dulces, que anteriormente estaban en amarillo.
El problema común en buena parte de estos sectores está relacionado con el negocio: los precios percibidos por los productores se mantuvieron estancados o aumentaron menos que la inflación, mientras los costos operativos continuaron presionando sobre los márgenes.
En algunos casos se suma una demanda interna debilitada y, en otros, dificultades vinculadas con la oferta o el comercio exterior.
Los cítricos dulces constituyen uno de los ejemplos. Su consumo interno cayó 10% interanual y las exportaciones retrocedieron 34%, mientras los precios aumentaron 17%, por debajo de la inflación.
En la actividad forestal, los precios apenas acumularon una mejora interanual del 4%. Allí también impactaron la menor actividad de la construcción y la obra pública y el incremento de la competencia importada.
Seis actividades permanecen en amarillo
En una posición intermedia quedaron tabaco, peras y manzanas, aves, porcinos, papa y maní.
Son producciones que presentan señales mixtas: algunas variables muestran mejoras, pero todavía no alcanzan para consolidar una recuperación sostenida. Los costos continúan elevados, los precios no siempre consiguen recomponer su poder adquisitivo y la demanda mantiene comportamientos dispares.
El mapa productivo argentino presenta, por lo tanto, una marcada heterogeneidad que impide hablar de una recuperación generalizada.
Pero tampoco permite concluir que el escenario del agro en su conjunto sea negativo.
El peso de los sectores que están en verde
La diferencia aparece cuando, además de contar cuántas actividades tiene cada color, se observa cuánto representa cada una dentro de la producción y del comercio exterior.
Y allí la fotografía cambia.
Los granos no son solamente una de las cuatro actividades que permanecen en verde: constituyen el principal complejo exportador entre los sectores relevados y generan casi ocho de cada diez dólares provenientes de sus ventas externas.
Si a ello se suma la cadena bovina, que durante los primeros siete meses del año exportó por US$ 3.459 millones, una parte sustancial de los sectores agropecuarios con mayor capacidad de generación de divisas presenta actualmente indicadores favorables.
En total, las 19 actividades relevadas exportaron US$ 37.725 millones frente a importaciones por US$ 2.987 millones. Esto significa que, por cada dólar destinado a compras externas, generaron aproximadamente 13 dólares de exportaciones.
Es una relación que confirma la importancia estratégica que conserva el agro para la balanza comercial argentina.
Una señal favorable, sin desconocer las alertas
El último semáforo de Coninagro ofrece así dos lecturas que necesariamente deben convivir.
Por un lado, nueve de las 19 actividades se encuentran en rojo y algunas economías regionales enfrentan problemas importantes de rentabilidad, demanda y competitividad que requieren atención.
Por otro, los sectores de mayor peso exportador muestran una realidad más favorable. Los granos permanecen en verde, los precios mejoraron en términos interanuales, las perspectivas productivas son importantes y las exportaciones mantienen un elevado protagonismo.
Para una región como Pergamino, ubicada en el corazón de la producción de soja, maíz y trigo, ese último dato resulta particularmente significativo.
Sin desconocer las luces amarillas y rojas que aparecen en diferentes cadenas, el núcleo de la agricultura exportadora argentina llega a la nueva campaña con indicadores positivos y continúa siendo uno de los principales soportes para la generación de divisas del país.






















