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El control de las importaciones ya perjudica al hombre de a pie

18 de noviembre de 2014 a las 12:00 a. m.

No debiera ser una novedad; la economía, aunque no es una ciencia exacta, tiene reglas de oro que se deben cumplir invariablemente para que la rueda productiva marche sin tropiezos. Cuando alguna no funciona, inexorablemente se genera algún inconveniente que más temprano que tarde nos afecta a todos, aunque seamos jubilados, amas de casa o nóveles estudiantes.

Del mismo modo, toda decisión de un gobierno impacta de manera positiva o negativa en los ciudadanos. Y esto es así desde la época de la monarquía, ni siquiera de cuando nacieron los estados modernos, tal cual hoy los conocemos.

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Hemos analizado lo corrosivo que resultó y resulta el proceso inflacionario, pero no menos problemático ha sido el cepo al dólar, medida que se tomó para poner coto a la fuga permanente de divisas, recurriendo a las restricciones coercitivas en vez de alentar la inversión privada (nacional y extranjera) que bien podía compensar ese flujo. Lejos de lograrse el objetivo, lo que se consiguió fue el surgimiento de un mercado clandestino que altera la comercialización de ciertos bienes y una cada vez más conflictiva situación del comercio exterior que tiene en jaque a exportadores y a sectores productivos que trabajan con insumos importados. Además, y esto lo padecemos todo, de los faltantes en medicamentos y en repuestos de todo tipo.

El año pasado, por ejemplo, por muchos meses no hubo guantes de látex, lo que generaba problemas en clínicas y hospitales, algunos medicamentos tampoco ingresaban, por eso los de sectores económicos altos iban a comprarlos a Uruguay. Porque en el plano del día a día, el que termina perjudicándose con estas medidas es, siempre, el hombre de a pie.

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Ahora también falta material para osteosíntesis de fracturas y si consultáramos en cada rubro de la economía nos encontraríamos que en todos ellos se padece por la imposibilidad de conseguir elementos de vital importancia, aunque los faltantes de insumos en hospitales y farmacias son, sin dudas, los más relevantes.  

¿Valió la pena aquella decisión? ¿Dónde se ve su beneficio? ¿Es exitosa en algún aspecto? A la luz de nuestras reservas, es obvio que no, porque no se logró el cometido. El tema es que eliminar el cepo a estas alturas, con la actual cotización oficial, puede importar el enorme peligro de que la sociedad lo entienda como la única oportunidad de salvaguardar sus ahorros y se vuelque masivamente a su compra. La única manera de salir de este error sería sincerar la cotización del Central, equiparándola al dólar “blue” de manera que el nivel de compra se mantenga pero con el gran beneficio de que los industriales, empresarios y otros sectores productivos podrían normalizar sus actividades comerciales con el exterior.
Es mucho lo que se siente el cepo cambiario en la manufactura industrial sea la automotriz, la electrónica y la de electrodomésticos. Además faltan repuestos para computadoras, textiles, alimentos congelados, insumos informáticos e importantes productos para la actividad agropecuaria y la vitivinicultura. 

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En la agricultura faltan productos como fumigantes para diferentes cultivos, bromuros, fertilizantes, y fungicidas y herbicidas. La vitivinicultura también se ve afectada y registra escasez de vasijas para recoger las uvas, aditivos para la elaboración del malbec, barricas y toneles, y corchos y tapones especiales, entre otras cosas.

Estos datos no son tomados al azar sino de un relevamiento de la Cámara de Importadores de la República Argentina, donde están muy preocupados por la situación y confirman el área de salud es la más perjudicada.

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Pongamos las cosas en claro: esto no es sustitución de importaciones, porque si en el país se fabricasen estos elementos todo tendría sentido,  un poco prepotente, de instar al compre nacional. Acá estamos hablando de insumos de salud que no tenemos y tampoco podemos comprar donde los fabrican. Y de gente que produce en nuestro país y da trabajo y que hoy no puede hacerlo, ya sea porque le faltan elementos y materia prima o porque le ponen trabas para exportar sus productos. 

Además, otra regla de oro del mercado reza que en materia de comercio internacional no siempre conviene fabricar todo en el mismo país: cada uno vende lo que mejor sabe confeccionar y al mejor precio y de eso se trata el mercado.

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A las trabas administrativas instrumentadas por la Secretaría de Comercio y la Afip que no son poca cosa, aun cuando ya no esté Guillermo Moreno con sus guantes de boxeo y su arma, se suma la imposibilidad de conseguir los dólares para que los importadores les paguen a sus proveedores del exterior. Conseguir divisas oficiales se ha convertido en un verdadero raid de supervivencia, paciencia y muchos dolores de cabeza. Incluso a veces para no conseguir un dólar. A la hora de las transferencias, cada sector tiene su cupo diario, por lo que la cadena hacia adentro se corta cuando se llega a esta instancia. Este problema trae como consecuencia las quejas de esas empresas y, muchas veces, el atraso en la llegada de insumos clave para la producción. De acuerdo con datos de la Cámara, el Gobierno les debe a los importadores cerca de 5.000 millones de dólares.

Con este retaceo las empresas no pueden pagar los insumos que compran en el exterior, como es lógico. Y así llegamos a las automotrices que montaron un escándalo público la semana pasada, amenazaron con parar la producción, por la imposibilidad de conseguir piezas que le faltan. El Gobierno autorizó 96 millones de dólares más, pero sólo para las empresas que acrediten nuevas inversiones en el país. Una medida muy cuestionable en este marco.

Además faltan medicamentos extranjeros, los laboratorios radicados en el país también están teniendo problemas para conseguir dólares e importar los insumos necesarios para la elaboración de medicamentos en sus plantas locales. Esto ya es el colmo, no se puede curar a los enfermos de palabra, como los científicos bien saben, y las autoridades debieran tenerlo en cuenta.

El sistema que usa el Gobierno es que a cada empresa le dan un cupo semanal de dólares para girar y pagar sus importaciones de bienes o servicios, lo que muchas veces limita el pago a los proveedores porque ni alcanza. Y tratan de no aparecer públicamente criticando la medida porque temen que les achiquen ese cupo incluso.

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La realidad es que los insumos hospitalarios, remedios y vacunas no debieran estar en el sistema de comercio exterior controlado. Precisamente, como dijimos, porque se trata de la salud. 

El Gobierno tiene que resolver esta cuestión del faltante de dólares que tiene sin medidas que afecten la salud ni la industria nacional, que es exactamente lo que está haciendo. Porque sin insumos baja el nivel de actividad y esto deriva en suspensiones, vacaciones anticipadas o despidos por goteo.

Por eso decíamos al comienzo, hay reglas en la economía que son de oro y a toda medida surge una reacción. En la Argentina el equipo económico debe encontrar un rumbo más certero que el que hasta ahora muestra, utilizar otras herramientas. Porque de lo contrario sucede que todos nos perjudicamos mientras el problema de fondo que generó la medida, que es la baja de las reservas, sigue sin solucionarse.

 

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