El Concejo, los vecinos y las prioridades
El Concejo Deliberante está adquiriendo en estos últimos meses un mayor protagonismo merced a que distintos grupos de vecinos se acercan a llevar sus problemáticas al recinto. Esto supone un avance en lo que hace al protagonismo de un sector del poder en el imaginario vecinal. Pero también esta situación les impone a los concejales una exposición para las que unos están más preparados que otros. Porque cuando un grupo de vecinos, como sucedió con Desiderio de la Fuente o los sorteados del plan Procrear, terminan en el recinto deliberativo es porque la situación con el Departamento Ejecutivo ya se ha tornado lo suficientemente compleja como para recurrir a los ediles. Y es entonces cuando tienen que hacer ver sus dotes como representantes del pueblo pero también como gestores para el pueblo, no solo trasladando la inquietud al recinto, sino sobre todo atendiendo la problemática en un todo, aportando la visión meridiana al asunto, en la que estén reflejados los intereses de todas las partes y el bienestar general.
En estos casos se aplica como en ningún otro el teorema de Baglini, el legendario senador radical que decía que el grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder. Fue enunciado en 1986 por Raúl Baglini, entonces diputado, y fue una verdad que quedó para siempre en el Parlamento. Reza que cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven.
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Es por eso que los vecinos que se acercan por reclamos al Concejo Deliberante siempre encuentran mejor acogida en cualquier bloque opositor que en el oficialismo de turno. Porque es claro que quienes no tienen responsabilidades ejecutivas pueden apoyar cualquier propuesta, por inviable o improcedente que sea, ya que no son los responsables de cumplirlas.
La realidad es que en muchos casos los concejales, justo es decirlo, han logrado acercar posiciones entre las autoridades políticas y los vecinos, porque no siempre el intendente o el Gabinete, tienen la claridad de miras para resolver las problemáticas urbanas. En este sentido los concejales han acercado propuestas valiosas. Pero también es bien cierto que en otros casos han logrado que las partes terminen rompiendo el poco lazo existente, entre autoridades y vecinos. Y cuando esto sucede, no es un acto inocente ni sin querer sino todo lo contrario. Un vecino y su problema pueden ser rehenes de una situación política preexistente.
La reglas del juego de la política se imponen en estos casos y la verdad es que muchas veces se beneficia a los vecinos y otras la situación se enreda más la cuestión. No hay reglas fijas en estos casos con vistas a los resultados que se han visto en los distintos problemas que a lo largo de los años se han planteado en el cuerpo deliberativo.
Hechas estas aclaraciones, la mayor presencia de los vecinos en el recinto del Concejo, por distintos temas, es una buena noticia porque nada es más interesante para la democracia que el control social, la participación en todos aquellos espacios donde se puede escuchar de primera mano, las posturas de nuestros políticos locales. El recinto es un lugar público y de libre acceso y sería muy interesante que haya vecinos que concurran sin necesidad de que sea para plantear, irremediablemente, un conflicto determinado.
Llegada a esta altura del año, por otra parte, y a medida que se acerca el período electoral 2017, los acuerdos de gobernabilidad logrados al inicio de la nueva gestión de Javier Martínez van extinguiéndose. De este modo las votaciones en el Concejo Deliberante se han vuelto más complejas, porque el PRO ya no cuenta con el mismo soporte del Frente Renovador que aportaba siempre sus votos para formar una mayoría. Mientras que con el Frente para la Victoria nunca hubo acuerdos con el oficialismo. El escindido bloque del radicalismo acompaña al Pro pero no en todas las propuestas.
De este modo, a medida que se acercan las elecciones, la política va imponiéndose en el cuerpo deliberativo, muchas veces por encima del interés general.
En todos estos meses en que se ha desarrollado el nuevo Gobierno comunal las temáticas tratadas entre los concejales muestra un incremento visible de asuntos de corte vecinal, bacheo, agua servidas, iluminación, arreglos faltantes en la zona rural. Y en este sentido los ediles que se dedican a estos asuntos cumplen obligaciones propias de la función, recorrer los barrios, escuchar las problemáticas y acercarlas al Ejecutivo en el formato de proyecto.
Pero en este plano, sería retornar a una práctica saludable y lógica, que cuando las propuestas se relacionan a tareas previstas en el presupuesto aprobado sean exigibles como sucede con la gran mayoría de los proyectos, pero cuando se trata de incorporar programas u obras que no están pautadas, lo que también sucede, se colocará en la propuesta la partida presupuestaria de la que se deberían sacar los fondos para realizarlas.
Esto permitiría, además, un mayor control respecto de los gastos comunales, ya que obligaría a los ediles a seguir la ejecución del presupuesto, antes de encontrarse en la rendición de cuentas con sorpresas indebidas, como partidas subejecutadas en áreas como Salud o las que abarcan el apoyo a sectores vulnerables. Para ese momento, ya es tarde para el análisis y solo queda el lugar para la crítica inútil.
Pero paralelamente a estos asuntos que naturalmente se deben ventilar en el Concejo Deliberante, los debates políticos por la proliferación de rechazos o adhesiones a propuestas nacionales, absolutamente alejadas de nuestra realidad también se ventilan, generando discusiones de problemáticas no tienen resolución en el plano local, que aturden con tanta palabra repetida y dilapidan valioso tiempo que podría dedicarse a cuestiones que atañen de manera directa a los vecinos que los han votado y contribuyen en su salario. Esta es una costumbre que desde siempre se ha ejercido en el cuerpo deliberativo, no pudiendo prohibírseles a los ediles que -políticos al fin- debatan los temas que les parece. Sin embargo, traer temas nacionales al debate para ejercer el espadeo político, en discusiones que en muchas oportunidades se llevan las mejores horas de una sesión, sin que obviamente se llegue a ninguna solución, porque desde el comienzo el proyecto no tenía otro destino que el enfrentamiento político, es inconducente e impropio de ese espacio.
Estas actitudes se van incrementando proporcionalmente al acercamiento de temas clave como el presupuesto, por ejemplo, que comenzará a analizarse en breve en el Departamento Ejecutivo para ser elevado al Concejo Deliberante. Esta es la ordenanza madre del cuerpo deliberativo y sería interesante que en el tratamiento que se le dé a esta importante herramienta se tengan en cuenta las partidas presupuestarias que hacen falta para el mejor funcionamiento de la ciudad. Y la cuestión política, que es inevitable en estos casos, porque de allí nace la mirada que se tiene sobre el distrito y sus necesidades vistas en el modo de prioridades, se direccione a beneficiar a los vecinos por encima de otros intereses secundarios.
No es sencillo ponerse de acuerdo en las prioridades cuando se trata el presupuesto anual pero hay cuestiones que deben estar necesariamente por encima de las camisetas políticas.
Los pergaminenses esperamos cada vez más de nuestras autoridades políticas y en la medida que los vecinos se sigan acercando al Concejo Deliberante, el control social coadyuvará a que cada uno cumpla eficientemente con su rol.














