El clima le da un respiro al maíz: fuerte retroceso de la chicharrita en todo el país
Las lluvias abundantes y las marcadas diferencias de temperatura registradas durante octubre provocaron una importante disminución de las poblaciones del insecto que transmite el achaparramiento del maíz.

La campaña maicera 2026/27 recibió una señal alentadora en materia sanitaria. Después de la preocupación que generó la expansión de la chicharrita del maíz en temporadas anteriores, las condiciones climáticas de las últimas semanas contribuyeron a reducir considerablemente la presencia del insecto en las principales regiones productivas del país.
Así lo establece el 52º informe de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis, que analizó la evolución de la plaga durante la primera quincena de octubre y confirmó una fuerte retracción de sus poblaciones en las cinco regiones maiceras argentinas.
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La combinación de precipitaciones abundantes y una importante amplitud térmica resultó determinante para modificar el escenario. Los registros actuales son incluso más favorables que los observados a esta altura del año pasado, particularmente en el Noroeste y el Nordeste argentino, donde la chicharrita encuentra habitualmente condiciones adecuadas para su desarrollo.
La noticia llega en un momento especialmente importante para el sector agrícola, cuando numerosos productores avanzan con la implantación del maíz y definen estrategias de manejo para una campaña en la que las expectativas productivas conviven con la necesidad de extremar los cuidados sanitarios.
Sin embargo, los especialistas advierten que la disminución de las capturas no debe interpretarse como la desaparición del problema. La experiencia reciente demostró que las poblaciones pueden recuperarse cuando encuentran condiciones favorables y que una detección tardía puede tener consecuencias importantes sobre los rendimientos.
Una amenaza que dejó importantes pérdidas
La preocupación por la chicharrita tiene fundamentos concretos. Durante la campaña 2023/24, la expansión del complejo del achaparramiento del maíz provocó daños de enorme magnitud en distintas regiones productivas.
Las pérdidas asociadas a aquella epidemia representaron cerca del 20% de la producción nacional del cereal, un impacto que modificó las decisiones de siembra y obligó a revisar numerosas estrategias de manejo.
El insecto Dalbulus maidis actúa como vector de patógenos responsables de enfermedades que afectan el desarrollo de las plantas. Entre sus consecuencias se encuentran la reducción del crecimiento, alteraciones en la formación de las espigas y pérdidas significativas de productividad.
La gravedad del problema no depende únicamente de la cantidad de insectos presentes en un lote. También intervienen el momento de infección, el estado de desarrollo del cultivo y la presencia de patógenos capaces de provocar la enfermedad.
Por eso, la vigilancia temprana constituye una herramienta esencial. Detectar la presencia del vector durante las primeras etapas del cultivo permite evaluar el riesgo y definir medidas de manejo antes de que el problema alcance una dimensión mayor.
El norte argentino muestra una recuperación significativa
Los resultados más destacados del relevamiento se observaron en las regiones donde históricamente la plaga presenta mayor incidencia.
En el Noroeste argentino, el 62% de las localidades monitoreadas no registró presencia de chicharritas, mientras que otro 25% presentó capturas mínimas, de entre uno y cuatro adultos por trampa.
El promedio regional descendió de 8,34 insectos por trampa durante la segunda quincena de septiembre a solamente 1,5 en la primera mitad de octubre. La cifra representa una disminución del 67% respecto del mismo período del año pasado.
En el Nordeste argentino también se produjo una reducción importante. El 67% de las localidades relevadas no presentó capturas y otro 25% registró niveles muy bajos.
El promedio regional se ubicó en 1,18 adultos por trampa, frente a los 6,85 del informe anterior y los 3,83 registrados un año atrás.
Estos resultados adquieren especial importancia porque ambas regiones constituyen áreas donde la chicharrita puede encontrar condiciones favorables para mantener sus poblaciones.
La reducción observada durante octubre representa, por lo tanto, una mejora significativa del escenario sanitario, aunque no elimina la posibilidad de nuevas apariciones.
La región central, con presencia prácticamente nula
El relevamiento también ofrece datos alentadores para las principales zonas agrícolas del centro del país.
En el Litoral, el 83% de las localidades monitoreadas no registró presencia del insecto. En el resto, las capturas se mantuvieron dentro de la categoría más baja, con un promedio regional de apenas 0,34 adultos por trampa.
En la región Centro Norte, la proporción de localidades sin detecciones aumentó del 75% al 86%. El promedio descendió a 0,19 ejemplares por trampa, frente a los 0,60 registrados en el relevamiento anterior.
El panorama más favorable corresponde al Centro Sur, donde el 98% de las localidades no presentó capturas y el promedio regional fue de solamente 0,03 insectos por trampa.
Para una zona agrícola como Pergamino y el norte bonaerense, donde el maíz constituye uno de los principales cultivos de la rotación, estos indicadores representan una referencia positiva para el desarrollo de la campaña.
No obstante, los valores regionales no reemplazan la observación de cada establecimiento. Las condiciones pueden variar entre localidades e incluso entre lotes cercanos, por lo que resulta necesario mantener el seguimiento durante las distintas etapas del cultivo.
El monitoreo, una herramienta que no puede abandonarse
Uno de los mensajes centrales del informe es que la mejora sanitaria no debe generar una falsa sensación de seguridad.
La Red Nacional de Monitoreo insiste en la necesidad de sostener una vigilancia activa y sistemática, especialmente en los lotes de maíz temprano que comienzan a transitar sus primeras etapas de crecimiento.
Entre las principales recomendaciones aparece la eliminación de los maíces voluntarios, conocidos habitualmente como maíces guachos, que pueden desarrollarse después de la cosecha anterior.
Estas plantas constituyen un riesgo porque permiten mantener una continuidad de hospedantes entre campañas, fenómeno conocido como puente verde. De esa manera, el insecto y los patógenos que transmite pueden encontrar condiciones para sobrevivir y continuar su ciclo.
La eliminación de esos reservorios, junto con el seguimiento frecuente de los cultivos emergidos, resulta fundamental para disminuir las posibilidades de nuevas infestaciones.
También es importante interpretar correctamente los datos obtenidos mediante trampas y observaciones directas, considerando las condiciones ambientales y el estado del cultivo.
La prevención requiere decisiones oportunas y basadas en información. Una menor presencia de insectos reduce el riesgo, pero no justifica abandonar las prácticas de manejo que permiten anticipar eventuales problemas.
Una red de trabajo con participación de la UNNOBA
La Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis surgió en 2024 como respuesta a la emergencia sanitaria que afectó al cultivo de maíz.
Coordinada por la Asociación Maíz y Sorgo Argentino (Maizar), reúne a instituciones técnicas y productivas como el INTA, Aapresid, CREA, AAPPCE y la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres.
Su tarea consiste en relevar sistemáticamente la presencia del insecto en las distintas regiones productivas, mediante trampas cromáticas adhesivas y procedimientos de seguimiento que permiten comparar la evolución de las poblaciones.
En este trabajo también participa el Centro de Bioinvestigaciones de la UNNOBA, junto con la CIC y el Conicet, encargado de estudios vinculados con la infectividad de los insectos respecto del patógeno conocido como Corn Stunt Spiroplasma.
Esta participación representa un vínculo relevante entre la investigación científica desarrollada en la región y una problemática de alcance nacional que afecta directamente a la producción agropecuaria.
La información generada permite disponer de herramientas para anticipar riesgos, orientar decisiones y fortalecer las estrategias preventivas.
Una campaña con mejores perspectivas sanitarias
La marcada disminución de las poblaciones de chicharrita constituye una noticia positiva para el maíz argentino. El clima contribuyó a modificar un escenario que había despertado preocupación y permitió llegar a esta etapa de la campaña con registros sanitarios más favorables que los de un año atrás.
Sin embargo, el desafío consiste en sostener esa ventaja durante los próximos meses.
La evolución de las temperaturas, las precipitaciones y la disponibilidad de plantas hospedantes influirá sobre la dinámica del insecto, por lo que será necesario continuar evaluando su presencia a medida que avance el ciclo agrícola.
Después de una experiencia que dejó importantes pérdidas económicas y productivas, el sector cuenta hoy con mayor información, sistemas de seguimiento y herramientas para actuar preventivamente.
La enseñanza que dejó aquella crisis es clara: el control de una amenaza sanitaria no comienza cuando aparecen los daños, sino mucho antes, mediante el conocimiento, la observación y la planificación.
Por ahora, las condiciones juegan a favor del maíz. Y aunque la chicharrita retrocedió de manera contundente, la mejor estrategia sigue siendo aprovechar este escenario favorable sin abandonar la vigilancia.


























