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El choque del tren en la Estación Once: un error humano peligroso

23 de octubre de 2013 a las 12:00 a. m.

Un nuevo accidente en los trenes urbanos generó enorme revuelo y además, como era de esperar por la fecha en que se produjo, se metió de lleno en la campaña política. Sin embargo, en este caso, la falla humana parece haber sido la causa del siniestro, donde felizmente no hubo que lamentar muertos. 

El maquinista del tren de la línea Sarmiento que el sábado chocó en el final de un andén en la terminal de Once declaró ante la Justicia que sintió una reiterada sensación de “ahogo” antes de la colisión y que tiene solamente recuerdos borrosos de lo sucedido.

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Al comparecer ante el juez federal Ariel Lijo, Julio Benítez, de 47 años, dijo que no sabe cómo llegó a su mochila personal el disco rígido con las imágenes grabadas en la cabina, aunque admitió que siempre lleva herramientas consigo por si necesita hacer “alguna reparación” a bordo. Además, Benítez reconoció que el tren no había tenido problemas mecánicos ese día.

Según fuentes que presenciaron la indagatoria, Benítez describió que en distintos momentos del viaje sintió que se ahogaba y que no podía respirar. Esa sensación, agregó, era intermitente. Dijo, incluso, que no recuerda en qué estaciones paró antes del choque ni cómo lo hizo.

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“Si me pide precisiones no se las puedo dar. Después, es todo borroso. Recuerdo el impacto, que sangraba profusamente por la nariz. Sentí que perdía mucha sangre, me mareaba, intentaba recuperar mis pertenencias porque estaba todo desparramado”, detalló el motorman ante el magistrado.

El accidente en el anden de la terminal de Once fue concretamente que el convoy conducido por Benítez saltó de los rieles, pasó sobre el andén, chocó contra el techo de la estación y se detuvo a pocos metros de los molinetes. Hubo 105 pasajeros heridos.

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Además, el maquinista reconoció que antes del mortal accidente del 22 de febrero de 2012 en Once había soñado dos veces que un tren conducido por él chocaba contra el paragolpes del andén en la terminal. Eso, finalmente, sucedió y, según declaró, lo consternó. 

Ahora, los estudios toxicológicos y psiquiátricos serán fundamentales para saber si las “lagunas” de Benítez son fruto del shock o eran preexistentes.

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En realidad, el accidente de febrero del año pasado dejó una pesada carga de dolor por las muertes acaecidas, los heridos de gravedad, sobre todo, dejó la sensación de que el sistema de trenes urbanos, pese a que ahora están haciendo inversiones, está a punto de colapsar. 

Sin embargo, lo sucedido el sábado parece sencillamente un error humano, el que felizmente sólo dejó heridos leves.  

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En las horas previas a la presentación ante el juez, la situación del maquinista se había ido complicando. El magistrado había tenido acceso a imágenes de un trayecto previo realizado por Benítez el sábado en el Chapa 5, en el que se observa que tuvo conductas ajenas a su tarea de conducción. Más exactamente, dijeron fuentes judiciales, en el viaje anterior al del choque, de Once a Moreno, aparece cantando a la cámara dispuesta en el vagón situado al otro extremo de la formación; según el sentido del viaje, este coche actúa como propulsor y también dispone de cámaras de vigilancia.

Benítez está imputado por el delito de estrago, aunque todavía el juez Lijo no determinó si la calificación será culposa o dolosa. El motorman, por su parte, se reunió por primera vez con su abogada, Valeria Corbacho, que también representa a los conductores de las tragedias ferroviarias de Once y de Castelar.

El magistrado aún aguarda la recuperación de las imágenes de la cabina de conductor contenidas en el disco rígido hallado en la mochila de Benítez, que supuestamente lo habría extraído intencionalmente. La empresa que intenta acceder al video pidió dos repuestos para continuar con las tareas de reconstrucción de la grabación.

En el expediente consta el testimonio de un agente policial que narró que, minutos después del choque en Once, el motorman “se aferraba a su mochila y no quería largarla”. 

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El disco rígido, según confirmaron fuentes de la investigación, estaba manchado con sangre, al igual que la consola y la mochila, lo que sugiere que Benítez habría manipulado esos elementos. Lijo aguarda los análisis del fluido para saber si coincide con la sangre del motorman.

Obviamente que mientras se iba analizando lo sucedido, la campaña electoral entró de lleno al conflicto. Opositores al Gobierno, pretendiendo sacar alguna ventaja de los sucesos, afirmaron que el video que, finalmente, tenía Benítez en su mochila, lo había robado La Cámpora, para esconder que el tren no funcionaba bien. Otros más atinados afirmaron que las inversiones comenzaron a hacerse muy tarde en los trenes urbanos y por eso tenemos serios problemas.

Mientras tanto, el gremio que encuadra al motorman defendió a rajatablas que el problema era técnico y no del chofer.

Finalmente, el juez está poniendo un poco de cordura a este caso y dándole a Benítez la responsabilidad que le cabe al llevar más de cien pasajeros ese día y poniendo en relieve el estado físico y psíquico que debe tener quién conduce un tren urbano.

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