El cepo al dólar sigue trayendo más problemas que soluciones
Sigue la escalada del dólar paralelo, que volvió a superar ayer los 10 pesos -ya había sucedido en mayo-, al cabo de otra jornada muy caliente en la City porteña. Es evidente que los operadores aprovecharon a quienes temen algún tipo de giro de timón de la economía tras los comicios y compran dólares para atesorar. Claro que también están los que recurren a las “cuevas” porque necesitan enfrentar gastos en esa moneda. La cuestión es que, en vísperas de las elecciones, la cotización tuvo un impulso adicional.
La suba del dólar paralelo tiene dos causales permanentes; una es el cepo que se le ha impuesto a la compra formal y la otra es la inflación, que hace que la gente busque defenderse, resguardar sus ahorros ante las permanentes subas de precios cambiando sus pesos por dólares. A lo que se suma un tercer efecto: el momento electoral. En este momento se cree que el precio se escapará aun más después de los comicios y esta posibilidad empujó a los ahorristas a la compra de la divisa.
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Los operadores aprovechan la oportunidad para hacer importantes diferencias porque la gente no se olvida que pocos días después de imponerse holgadamente en las elecciones presidenciales de 2011, el Gobierno impuso el cepo cambiario e implantó un control del mercado de cambios cada vez más férreo que dio lugar al surgimiento de un floreciente mercado negro. Ahora, ante nuevas elecciones, todo tipo de temores respecto del dólar vuelven a preocupar a quienes tienen ahorros.
Además, porque en un contexto de caída de las reservas es extendida la creencia de que el Gobierno adoptará tras las elecciones nuevas medidas para intentar parar esa sangría, que podrían derivar en una ampliación mayor de la brecha cambiaria. Se sabe que 9.178 millones de dólares de reservas ya se perdieron en lo que va del año, la mayor cifra de 2001 a la fecha.
Incluso en la City porteña se cree que, tras los comicios, se limitarán los gastos en el extranjero con la tarjeta de crédito y se especula con dos variantes en este sentido: que quien viaje y/o compre en el exterior deberá abonar el dólar oficial más un porcentaje superior al actual 20 por ciento de recargo, acercando el costo final al un valor similar al dólar “blue” o que se ponga un tope a los gastos con tarjeta. Es que este rubro, lejos de decrecer, ha incrementado su movimiento y sucede que mientras los argentinos pagan en pesos sus gastos en dólares o euros, el Estado debe girar en divisas esos importes. Así las cosas, las reservas no paran de caer, incluso cepo mediante.
El dólar “blue” para la venta cerró a 10,08, pesos, con lo que alcanzó su segundo pico histórico tras los $ 10,45 del 8 de mayo pasado y volvió a valores que no mostraba desde aquella corrida cambiaria que desató la ira del Gobierno. Por entonces, los funcionarios hacían cola para demonizar a quienes hicieran algún tipo de operación en esa plaza y agitaban el fantasma de un plan desestabilizador, el conocido “golpe destituyente” al que el oficialismo ha recurrido varias veces, en medio de todo tipo de presiones sobre cambistas y banqueros, que provocarían varios feriados cambiarios de hecho.
Pero el Gobierno tiene una visible dicotomía respecto del dólar. Pasada aquella corrida cambiaria, lanzó el blanqueo de divisas -vigente hasta hoy- con una presentación pública de todos los funcionarios con responsabilidad en el manejo de la política económica.
En esa presentación, los funcionarios descalificaron a los que habían adquirido o mantenían dólares en negro, pero convalidaban e invitaban a que tomen parte de un plan que incluía perdón y desistimiento de cualquier tipo de reclamo de índole fiscal.
Esa iniciativa incluyó la emisión del Certificado de Depósito para la Inversión (Cedin), una especie de cheque que quien lo recibía a cambio de la venta de un bien inmueble podía convertirlo en divisas, para tratar de hacerle competencia al paralelo y reducir la amplia brecha que separa su precio del que tiene en la plaza oficial.
La realidad es que si el Cedin nació para achicar el mercado del dólar paralelo o para recuperar dólares que fugan del país por rubros como viajes al exterior, el fracaso fue rotundo. El dólar “blue” sigue siendo la única opción para quienes pretenden mantener el valor de sus ahorros.
La corrida de esta semana se inició cuando algunos operadores comenzaron a advertir a sus clientes más habituales que en los próximos días no operarían o que lo harían de manera mucho más acotada que lo habitual. La novedad generó incertidumbre y temor, de modo tal que hubo mayor compra de dólares y para el mediodía del miércoles los portales de noticias comenzaron a reportar el valor del dólar por encima de los 10 pesos.
El secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno no ha logrado contener el dólar “blue”, generado apenas se impuso el cepo cambiario, mientras los exportadores sojeros e industriales reclaman una suba del dólar oficial.
El tema del dólar va a tener que ser tomado muy en serio por el Gobierno, buscando soluciones reales a su baja de reservas, no creyendo que los cepos resuelven ninguna situación. Al contrario, la psicología hace también su juego y el cepo al dólar no ha hecho más que generar psicosis social y agravar nuestros problemas, porque cuando se dispara es un valor que se toma como referencia para los precios y las transacciones.
La vuelta de rosca evidentemente no está en coartar el flujo de divisas sino en establecer un clima propicio a que éstas lleguen al país. Porque en estas condiciones, con estas reglas de juego, es impensable que una empresa extranjera quiera invertir aquí, es decir traer divisas, cuando sabido es que no podrá luego hacer usufructo de su propia renta en su moneda de origen.
Las reservas no son un barril sin fondo por lo que la solución vendrá de la mano de que entren dólares al país ya que es inevitable que salgan. Por otra parte, en un país integrado al mundo, el flujo debiera ser normal y aquí no lo es.
A su vez, ningunear el mercado paralelo no hace que éste no exista sino todo lo contrario. En cambio, la Argentina tendría que liberar el cepo, unificando el valor del dólar para que flote en una banda que beneficie a exportadores y no genere más expectativa inflacionaria.













