El caso Abigail: una muestra de todo lo que no funciona
La pandemia de coronavirus puso en foco muchos problemas estructurales que tiene el país e invisibilizó muchos otros, desnudando desigualdades profundas. En los últimos días la historia de Abigail, la niña de 12 años que sufre una patología oncológica y fue demorada varias horas en un control sanitario cuando regresaba junto a sus padres a Santiago del Estero donde vive, luego de realizar un tratamiento médico en la provincia de Tucumán mostró con crudeza todo lo que no funciona bien. Y exhibió la cara de la deshumanización de un Estado indiferente al sentir de una familia en clara situación doliente. La imagen del papá de la menor cargándola en sus brazos y llevándola cinco kilómetros ante la negativa de un efectivo policial de dejarlos pasar en el vehículo particular en el que se desplazaban conmovió al país y causó conmoción. Su tragedia se convirtió en un ícono que enseguida no solo ganó las redes sociales para expresar indignación, sino que motivó la intervención de las máximas autoridades de su provincia que de inmediato reasignaron fondos que utilizaban históricamente para promocionar el turismo provincial en un reconocido programa de televisión que criticó lo sucedido y disponer de ese dinero para asistir a la familia. Esto propició su traslado a un centro de atención de alta complejidad de la provincia de Buenos Aires donde será asistida por su dolencia en el marco de un equipo integrado por médicos altamente especializados en oncología pediátrica.
Lo que cabe preguntarse es que hubiera pasado si el padre de la niña no hubiera obrado con una conducta ejemplar y si su caso no ganaba la escena pública motivando el repudio generalizado. ¿Esa niña del interior profundo del país afectada por un cáncer en estado avanzado hubiera tenido acceso a un tratamiento de la misma calidad del que pueden brindarle en un centro como el Hospital Universitario Austral, dotado de todos los recursos humanos y materiales necesarios para acompañar su padecimiento y promover su recuperación?
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¿Qué hubiera sucedido con su salud si el policía que los detuvo en el retén les hubiera facilitado el acceso a la provincia de Santiago del Estero sin mayores requerimientos que el de saber que una niña que sufre una enfermedad grave por ninguna razón puede ser demorada dos horas en condiciones de extremo calor y amenazada por moscas que rondaban su herida?
Seguramente el caso de Abigail hubiera pasado desapercibido y su terapia hubiera sido la misma que venía recibiendo.
No es el espíritu de este comentario cuestionar la excelente calidad de atención que se brinda en el interior del país, donde los profesionales médicos trabajan con enorme compromiso, mucho menos, poner en duda su competencia para manejar apropiadamente una patología tan compleja como el cáncer infantil. Lo que pretenden estas palabras es visibilizar cómo se sucedieron los acontecimientos que desencadenaron en que la niña hoy pueda ser tratada en uno de los hospitales más importantes del país a costo de los funcionarios que de manera demagógica intervinieron cuando el tema ya había ganado la calle transformándose en un escándalo.
¿Si las mejores chances de brindarle a un niño atención a una dolencia severa están en determinados lugares del país, hace falta que el tema explote por impericia de un servidor público en los medios de comunicación para que esa derivación se concrete?
¿Qué pasa con la historia y la evolución de los demás niños que no se cruzaron con un retén en plena emergencia de Covid-19?
El caso Abigail mostró todo lo que no funciona bien. Lejos de cualquier argumento de los que se vale la política para hacer su juego- y que se han expresado también en torno a esta historia- lo que puso en evidencia es que hay agentes de seguridad que no tienen aptitud para aplicar el sentido común cuando realizan su tarea. Es inconcebible que bajo el argumento de impedir la posible introducción del coronavirus a un determinado territorio transforman el control sanitario en una barrera arbitraria que se abre o cierra de acuerdo al criterio de quien está a cargo de la tarea.
También es demagógico que la crítica de una conductora de televisión que tomó la decisión de bajar de un conocido programa televisivo una pauta publicitaria del Gobierno de Santiago del Estero, haya motivado la decisión del gobernador de esa provincia de reasignar ese dinero para la salud de Abigail. ¿Y si esa crítica no se producía todo hubiera quedado solo en el pedido de disculpas público a la familia de la niña que fue víctima de la insensibilidad?
En torno a esta historia se abren múltiples interrogantes. Poco se sabe de cómo funcionan las redes de derivación para la atención de patologías graves que establecen para muchas personas la diferencia entre vivir y morir y determinan la calidad de vida.
Lo sucedido con Abigail, como con tantos chicos cuyos nombres se desconocen, muestran el peso que tiene la burocracia cuando se trata de cuestiones sanitarias. El daño que causa el ejercicio del poder cuando se ejerce en la falta de sentido común y de la sensibilidad que debe guiar el buen obrar de quienes tienen responsabilidades públicas.
En tiempos de pandemia, han sido múltiples los relatos de la falta de humanidad de una sociedad carcomida por la ineptitud de muchos de sus dirigentes. El marcado repudio a lo sucedido de parte del conjunto de la sociedad y el llanto doliente de esa niña motivaron que hoy esté teniendo una nueva chance de tratamiento. Y eso seguramente abre una puerta de esperanza a su recuperación. Sin embargo, haber dispuesto su traslado a Buenos Aires no anula el mal accionar de muchos eslabones de la cadena. Ningún puesto de control sanitario el país puede estar a cargo de alguien que es incapaz de resolver una situación que más que por la norma debe saldarse en el sentido común, ese que perdido muestra crudamente una realidad de la que todos deberíamos avergonzarnos. Por Abigail y por tantas niñas y niños cuyos derechos son vulnerados. Todo lo demás es ponerle parches a un problema que exhibe lo mal que estamos.















