“El arte es una herramienta para crecer”

En una reciente entrevista realizada por Daniel Enzetti y publicada por el diario Tiempo Argentino, Marta Lere, actriz y docente de educación especial, se refirió a sus comienzos con el Grupo de Actores Especiales (GAE), habló de la importancia del arte para los chicos y sus familias y de la nueva sala.
Tenía 19 años cuando su hermana nació con síndrome de Down, noticia que en la familia cayó como una bomba -recuerda-, y son cosas que obligan a optar entre dos caminos: o uno queda paralizado, o se mueve para superar el problema. A partir de ese momento se interesó por la educación especial hasta convertirse en maestra, empezó a combinar la docencia con la actuación teatral, y en 1986 fundó el Grupo de Actores Especiales (GAE) en la ciudad bonaerense de Pergamino, la primera experiencia de esas características en el país, que hoy cuenta con 40 actores y actrices de entre 16 y 78 años. Yo veía que mi hermana tenía condiciones para el teatro -explica Marta Lere-, los aplausos la cautivaban. Y entonces, me pregunté: ¿por qué no juntar a chicos con discapacidad mental para integrarlos cada vez más a la sociedad y a la vida cotidiana, más allá de la educación formal o disciplinas como el deporte? El arte era una herramienta ideal para aportar en su crecimiento como personas. Y entonces, arrancamos.
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Por lo que dice, lo que pasó en su casa fue duro para sobrellevar, pero a la vez, un desafío.
Claro, porque son pruebas que se te presentan, y tenés que demostrar que podés saltarlas. Lo primero que me impuse fue lograr que mi hermana llevara la mejor vida posible, que se sintiera feliz con lo que le gustaba.
¿El GAE nació en ese momento?
Sí, una experiencia inédita. Somos el primer grupo de actores con capacidades diferentes del país, y estamos orgullosos de haber sembrado una semilla que en la actualidad muestra un desarrollo importante. Pensá que hoy, solo en la provincia de Buenos Aires, los elencos similares son más de 200.
¿Cómo fue ese comienzo?
Antes que nada, tengamos en cuenta que hace tres décadas, la cuestión de la discapacidad era tabú, los chicos ni siquiera salían a la calle porque había mucho prejuicio familiar, y la discriminación social era fuertísima. La primera camada la formaban cinco chicos que de a poco se fueron animando. Hablamos con sus familias, y les explicamos que el proyecto intentaba ser a largo plazo. Hacíamos obras de creación colectiva que contaban sus realidades, lo que necesitaban.
¿A pulmón?
Absolutamente todo a pulmón, con mucho esfuerzo. Viajamos a presentar espectáculos en distintos lugares del país, y dormimos en escuelas, como cuando fuimos a Mendoza o a Misiones. En la actualidad, la Asociación Pura Vida nos ayuda para solventar parte de la construcción de una sala teatral en Pergamino, sobre un terreno cedido por la Municipalidad. Trabajar en un lugar propio es el objetivo más importante que tenemos ahora.
¿Y cómo es ese trabajo?
Intenso, porque los integrantes del grupo no solo participan en obras teatrales. En nuestro espacio se reúnen, festejan sus cumpleaños, organizan charlas, arman jornadas con mate y música. Para ellos es un lugar de intercambio y de crecimiento.
¿De qué manera influyó el teatro en ese crecimiento?
Les cambió la vida. Hay chicos de 16 años, pero también grandes, a los que vi envejecer a lo largo del tiempo. Y te puedo asegurar que el arte los enriqueció. Mejoró su autoestima y la de sus familias. Ya no son los raros, como se los veía en otras épocas. Ahora son los famosos de la ciudad (se ríe). La obra que estamos presentando fue todo un desafío.
¿Por qué?
Porque Médico a palos es Moliére, y Moliére es un clásico. No es fácil hacer un clásico, cualquier actor o director te lo puede decir. Y los chicos lo hacen, naturalmente, con sus limitaciones, pero la manera en que desarrollan los papeles sorprende. Hace poco adaptamos el texto para un radioteatro que presentamos en la Afca, y también fuimos a la exEsma, invitados a participar en el Festival de Teatro de las Dos Orillas. El sábado próximo (4 pasado) haremos una última función en el teatro municipal Unión Ferroviaria de Pergamino, donde me voy a dar el lujo de actuar con ellos por primera vez. Hago de la mujer del médico, una interpretación chiquita pero que me pone muy feliz, porque después de verlos y dirigirlos durante tantos años desde abajo del escenario, por un ratito voy a estar al lado, compartiendo sus ganas.
Imagino la expectativa que tendrán por la apertura de la sala...
Muchísima, se está trabajando fuerte para terminar, y esa expectativa aparece porque no hablamos nada más que de un teatro, sino de un lugar que ellos consideran propio. Siempre dicen que el GAE es su segunda casa.













