El alerta de Alemania a Europa y al mundo
Europa atraviesa momentos muy complejos en dos frentes que son claves para la supervivencia de su mercado común: el terrorismo que obliga a ir cerrando paulatinamente fronteras y los gastos que implican sostener el euro, con las diferencias cada vez más marcadas en las economías internas de los países miembros.
Estas cuestiones impactaron de lleno en las elecciones alemanas donde la canciller Angela Merkel triunfó y se aseguró un cuarto mandato al frente del país, pero el haber ganado en las condiciones que lo hizo presagia serias dificultades. Ya que se registró vertiginoso ascenso del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania, que obtuvo el 13,3 por ciento de los sufragios y provocó estupor en el resto de Europa.
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No fue una elección de medio término a la norteamericana donde es más el padrón de los que no van a votar que los que se anotan para sufragar. En Alemania se movilizó a 71 por ciento de los 61 millones de electores inscriptos y la sorpresa fue el inesperado resultado obtenido por el partido xenófobo, eurófobo y racista, que, apenas cuatro años después de su creación, se convirtió en la tercera fuerza política del país. Es la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial que un partido de extrema derecha ingresa al Parlamento alemán, donde tendrá una representación de 94 diputados, ya que desde mediados del Siglo XX a la actualidad, la sola mención del partido nazi generaba rechazo.
Merkel conservó con su coalición de Gobierno el 33 por ciento de los votos y seguirá gobernando, pero el alerta sobre el avance de la derecha racista, como sucedió en Estados Unidos con el triunfo de Donald Trump, es para tener en cuenta. Evidentemente la cuestión económica no es ya que mayormente gravita en la decisión del electorado sino que ha ganado peso la posición que cada líder toma con respecto la protección de sus fronteras. No es que no les preocupe la faz económica de la inmigración, vinculada a la ocupación de vacantes en el mercado laboral, pero sin dudas los resquemores vienen dados por la acción terrorista. Mandatarios abiertos a recibir refugiados y migrantes de países conflictivos van perdiendo terreno a manos de neocandidatos que promulgan políticas de fronteras más cerradas, incluso cuando ello atente contra la economía, tan globalizada.
Si miramos las propuestas de Alternativa para Alemania encontraremos la respuesta a muchas preocupaciones que tienen los ciudadanos europeos en general y alemanes en particular. En el plano económico, quieren que Alemania abandone el euro y terminar con los millonarios rescates de países europeos altamente endeudados. Su plan político tiene como pilar declarar al Islam incompatible con Alemania e incluye el armado de registros estrictos de organizaciones islamitas. Quieren exigir el cierre de las fronteras, endurecer el derecho de asilo y acelerar la expulsión de los extranjeros que representen una amenaza para la seguridad del país. Está más que claro el telón de fondo en este crecimiento de las derechas racistas y violentas los problemas que tienen los países europeos que ya no ven con simpatía que el Mercado Común permita que todos viajen sin fronteras de un país al otro, trabajando o instalándose sin control ninguno, como tampoco soportan ya que los países más ricos, como el de ellos, tengan que vivir ayudando a los más pobres, para equilibrar la región.
La acción terrorista islámica en Europa que se viene acelerando en estos tiempos, sobre la base de atentados de bajo costo pero que logran el cometido de asustar y dañar, hace que no haya tranquilidad en los países del Mercado Común en estos momentos. Esto que se siente como el resultado de haber abierto demasiado las fronteras lleva rápidamente a mirar con enojo la globalización que genera, a su vez, efectos adversos en los sectores menos preparados para reconvertirse. Al fin, el Islam violento está logrando en los países de occidente cambios culturales indeseados porque nacen del temor que, como sabemos, es un sentimiento poco racional.
Lo que no consiguió en Francia, en Gran Bretaña o en Holanda el neonazismo, lo obtuvo en Alemania, un país que vivió en propia carne los efectos nocivos de la década hitleriana, que no a todos parece haber resultado tan nefasta en vista a estos resultados electorales. Quizás en la búsqueda de mayor seguridad y mano dura con los extranjeros, frente a los atentados islamistas que atraviesan todo el continente, un importante sector se ha volcado a la derecha racista, aun después de ser la pesadilla de Europa durante parte del Siglo XX, buscando un refugio frente a la agresión externa. Por la razón que sea, estos comicios de medio término habrán de impactar no solo en Alemania sino en el resto de los países del Mercado Común, ya que la globalización no lleva solo a las relaciones cercanas para lo positivo sino también para las problemáticas de cada país y todo el bloque sentirá el cimbronazo de lo que sucede en el país teuton. No olvidemos que tras la salida del Reino Unido, es Alemania el país que prácticamente sostiene con su poderío la Unión Europea, lo que supone un evidente peligro el avance de estos nacionalismos racistas.
Lo cierto es que la extrema derecha reapareció en Alemania con un vigor desconcertante, y ahora veremos la capacidad de Angela Merkel, la mujer más poderosa del mundo, para poner freno a uno de los peores fantasmas de la historia del continente, que proviene de su propio país.













