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El aborto: la grieta entre el Papa y Alberto Fernández

06 de febrero de 2020 a las 12:00 a. m.

La reunión que el presidente de Argentina Alberto Fernández y el Papa Francisco sostuvieron días pasados en El Vaticano quedó marcada por las contradictorias versiones oficiales que ambas partes ofrecieron en torno al aborto.

Primero Fernández aseguró en conferencia de prensa que el tema no había sido abordado, lo que más tarde fue desmentido por la Santa Sede.

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Aunque descartó que el asunto hubiera sido tratado, el presidente afirmó que cumplirá con su promesa de enviar al Congreso un proyecto para que las mujeres que desean interrumpir sus embarazos dejen de ser criminalizadas, sin que ello signifique promover una división social entre quienes apoyan y rechazan la iniciativa y que se identifican, respectivamente, con pañuelos verdes y celestes.

“Mi palabra no es volver a abrir una brecha… mi palabra es darle la posibilidad a la mujer que quiera hacerlo (practicarse un aborto) y de ayudar a las que quieran tener a sus hijos”, señaló.

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Un rato más tarde, la Oficina de Prensa del Vaticano reportó en un boletín que, entre los temas tratados en las reuniones oficiales del presidente, estaba “la protección de la vida desde su concepción”.

El desmentido derivó en nuevas consultas periodísticas a Fernández, quien aclaró que Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, sí le expresó “brevemente” su preocupación por la posible legalización del aborto en el país natal del Papa, quien suele hacer alusiones al tema.

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A su vez, El Vaticano debió advertir en un nuevo escrito: “No todos los temas citados en el Comunicado de Prensa sobre la Audiencia con el presidente de la República Argentina han sido afrontados en todas las conversaciones: algunos han sido examinados en el curso del encuentro con la Secretaría de Estado, otros en el marco del encuentro con el Santo Padre”.

Las idas y vueltas solo evidenciaron la tensión que ya existe entre el Gobierno Argentino y la Iglesia Católica a pesar de la alianza política que se les atribuye.

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El encuentro del pasado viernes era esperado con una fuerte expectativa, ya que Francisco es conocido como “el Papa peronista”, mismo partido de Fernández, e incluso se le achaca haber actuado de manera permanente como opositor del expresidente Mauricio Macri.

Sin embargo, el punto de conflicto es claro, ya que desde su campaña presidencial Fernández se manifestó a favor de legalizar el aborto, una práctica que fue despenalizada en Argentina hace un siglo solamente en caso de que el embarazo sea producto de una violación o de “un atentado al pudor cometido sobre una mujer idiota o demente”.

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En 2018, de manera sorpresiva, Macri habilitó en el Congreso el debate por la legalización, aunque estaba en contra. La discusión parlamentaria dio pie a un masivo e histórico activismo de mujeres que pelearon para que se permitiera la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 14 o más tarde si es resultado de una violación, si hay peligro de vida o salud física, psíquica y social de la madre o malformaciones fetales graves. La iniciativa se aprobó en la Cámara de Diputados y fue finalmente rechazada en el Senado.

Pero el aborto se instaló de manera permanente en la agenda social y en las campañas presidenciales del año pasado en las que Macri se pronunció en contra y Fernández a favor.

Una vez que ganó y tomó posesión, Fernández reiteró su promesa de que este mismo año enviará al Poder Legislativo la iniciativa, al mismo tiempo que Francisco ratificó su rechazo. Será un asunto de permanente confrontación, tal y como ocurrió en la reunión en El Vaticano.

Es la grieta que divide a dos supuestos aliados por su condición de peronistas. Decimos “supuestos” porque “supuestamente” el Papa no debería interferir en cuestiones políticas de los países, ni siquiera del que es oriundo, en este caso de la Argentina. De hecho no lo hace, al menos de manera formal, aunque las suspicacias (que tanto nos agradan a los argentinos) hacen parecer lo contrario. Es que con mucha sutileza, a veces con un mero gesto o un silencio, Francisco da lugar a las interpretaciones. Es un juego que parece sentarle muy bien.

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Por eso él no habla del aborto con Alberto Fernández, pero nos animamos a sospechar que estará haciendo las presiones necesarias para que en “su” país, un Gobierno peronista no le clave una daga al corazón de la Iglesia de Roma.  Pero por cómo viene perfilado el tema, más temprano que tarde la interrupción del embarazo será ley en la Argentina, de modo que es todo misterio cómo será la relación entre los dos líderes si finalmente aquello sucede.

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