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El 24 de marzo de 1976 comenzaba la página más oscura de la historia argentina

24 de marzo de 2015 a las 12:00 a. m.

En Argentina, y antes de entrar en la materia específica del 24 de marzo de 1976, tuvieron lugar seis golpes de Estado exitosos durante el Siglo XX. En 1930 el primero realizado a Hipólito Yrigoyen por los militares y la élite conservadora de la época, y de allí una seguidilla de cortes constitucionales en 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976. 

Los cuatro primeros establecieron dictaduras provisionales. Hasta regularizar la situación política, en tanto que los dos últimos instauraron regímenes de tipo permanente según el modelo de Estado burocrático-autoritario. En el del 24 de marzo de 1976 impuso como ningún otro (si bien ya se habían registrado episodios) el terrorismo de Estado, en el que se violaron masivamente los derechos humanos, se detuvieron miles de ciudadanos, muchos de los cuales no fueron registrados en ninguna comisaría ni dependencia, pasando a ser con el paso de los años desaparecidos. Una situación nunca vivida antes en la Argentina y que terminó por ser estudiada en las universidades extranjeras, sobre todo por el robo sistemático de bebés a las prisioneras, de grupos como Montoneros, ERP u otros sectores, dándoselos en adopción irregular a otras familias.

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En los 53 años que transcurrieron desde el primer golpe de Estado, en 1930, hasta que cayó la última dictadura cívico militar en 1983, los militares gobernaron 25 años, imponiendo 14 dictadores con el título de presidente. En ese período todas las experiencias de gobierno elegidas democráticamente (radicales, peronistas y radical-desarrollistas) fueron interrumpidas mediante golpes de Estado. Y la realidad es que dejaron, a la postre, una nación adolescente en términos políticos a la que, 32 años después, aún le cuesta entender algunas claves del sistema y participar activamente de la vida política. Porque la herida no quedó sólo en la generación que fue detenida-desaparecida sino en las subsiguientes que no vivieron la democracia en sus primeros años de vida y hasta su juventud ya avanzada. 

El 24 de marzo de 1976 una nueva sublevación militar derrocó a la presidenta María Estela Martínez de Perón instalando una dictadura de tipo permanente  autodenominada “Proceso de Reorganización Nacional”, gobernada por una Junta Militar integrada por tres militares, uno por cada fuerza. A su vez, este órgano elegía a un funcionario con el título de presidente, con funciones ejecutivas y legislativas. Al igual que la dictadura anterior, la Junta Militar sancionó en 1976 un estatuto y dos actas de carácter complementario con jerarquía jurídica superior a la Constitución. No funcionaba el Parlamento, estaban conculcados los derechos civiles, políticos y sindicales. La muerte de Juan Domingo Perón a poco de regresar de sus años de exilio, y en plena presidencia, desató las fuerzas encontradas de distintos sectores del movimiento, izquierdas y derechas chocaban sin piedad. 

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Para mirar con los dos ojos y teniendo en cuenta que el país atravesaba momentos de extremo enfrentamiento político y violencia, la llegada de los militares al poder fue bien recibido por sectores civiles que pensaban en la pacificación, sin embargo luego se dieron cuenta de que ese estado se pensaba lograr por fuera de la ley y con métodos aberrantes. 

El proceso fue gobernado por cuatro juntas militares sucesivas: 1976-1980: Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti; 1980-1981: Roberto Eduardo Viola, Armando Lambruschini y Omar Domingo Rubens Graffigna; 1981-1982: Leopoldo Fortunato Galtieri, Jorge Isaac Anaya y Basilio Lami Dozo; 1982-1983: Cristino Nicolaides, Rubén Franco y Augusto Jorge Hughes.

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En cada una de estas etapas, las juntas designaron como presidentes de facto a Jorge Rafael Videla, Roberto Eduardo Viola, Leopoldo Fortunato Galtieri y Reynaldo Benito Bignone respectivamente, todos ellos integrantes del Ejército. Bignone, fue el único “presidente” que no perteneció a la junta.

El Proceso de Reorganización Nacional llevó adelante lo que se denominó “guerra sucia” en la línea del terrorismo de Estado y la realidad, es que fue internacionalmente apoyada por Estados Unidos (salvo durante la administración de James Carter) y tolerada por los países europeos, la Unión Soviética y parte de la Iglesia Católica. Asimismo, en ese momento, se instalaron con apoyo estadounidense dictaduras militares en todos los países del Cono Sur de América (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay) que coordinaron entre sí y con Estados Unidos la represión, por medio de una organización terrorista internacional denominada Plan Cóndor. El temor de Norteamérica era que se instauraran gobiernos de izquierda en América Latina y de allí su directa intervención. Impropia, pero efectiva a sus intereses.

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En materia económica, la dictadura entregó formalmente los ministerios económicos a las asociaciones empresarias más conservadoras que impulsaron una política abiertamente desindustrializadora e hicieron una gran expansión de la deuda externa, dejando al país en ruinas.

Cuando el Gobierno militar ya flaqueaba por el descontento económico, la represión social y la violencia terrorista del Estado, surgió la Guerra de Malvinas, una reivindicación territorial que reactivó el nacionalismo y motivó a muchos argentinos a salir a la calle a vivar a la Junta Militar, pensando en la posibilidad de recuperar las islas. Pero ya declarada la Guerra de las Malvinas contra el Reino Unido, y el apoyo a los ingleses de Estados Unidos y hasta de nuestros vecinos chilenos, sobrevino el desastre de la derrota; los jóvenes allí muertos como mártires de una lucha tan desigual causaron en los hechos el fin de la dictadura. Los militares perdieron el poco apoyo civil que les quedaba y terminaron llamando a elecciones. Quizá Galtieri evaluó mal sus posibilidades, quizá sólo quiso plantar la Bandera argentina en Malvinas, pensando que no habría guerra o si no tenemos que pensar que estábamos en manos de un militar sin lógica internacional ninguna.

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Tras la aparición de la democracia, con Raúl Alfonsín, los jefes militares fueron enjuiciados y condenados, y muchos de ellos llevados a prisión, en complejos procesos que se extendieron en el tiempo. Incluso durante el Gobierno de los Kirchner se siguen enjuiciando a segundas líneas de las Fuerzas Armadas que tuvieron participación en aquellos “campos de la muerte”; los famosos “vuelos de la muerte” y las desaparición forzada de personas y el robo sistemático de niños.

Fueron estos años, comenzados un 24 de marzo de 1976, la página más oscura de la historia argentina.

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