Dura advertencia: cambiamos o desaparecemos
No es la primera advertencia, tampoco las únicas reuniones para analizar el tema en el plano internacional. Sin embargo, los intereses económicos son invariablemente más poderosos que el desastre al que nos estamos sometiendo. Ahora destacados científicos internacionales alertaron este lunes sobre las graves consecuencias del cambio climático que ya se están produciendo en el mundo y señalaron que es posible y necesario limitar el aumento de la temperatura a 1,5 grados centígrados desde el inicio de la Revolución Industrial y la incursión del carbón como combustible energético (en lugar de los 2º propuestos anteriormente), pero solo con cambios rápidos, de amplio alcance y sin precedentes. Cabe señalar que desde que el mundo se industrializó, la temperatura global ya subió 1 grado centígrado.
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, al término de una conferencia de varios días en la ciudad surcoreana de Incheon, publicó un informe sobre las consecuencias que tendría no cumplir con la meta de un aumento máximo de 1,5 grados (de mediados del Siglo XIX a la fecha), cuando quedan dos meses para la próxima Conferencia sobre el Clima de la ONU.
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El problema es que cuantos más poderosos son los países, más se niegan a generar los cambios en los sectores energético, industrial, de vivienda, transporte, en las ciudades y en el campo. Si esto no cambia el calentamiento va a seguir adelante y vamos al desastre natural, con desaparición de hielos incluida, que son el principal reservorio de agua dulce mundial. Por eso, los observadores calificaron el informe como una alerta dirigida especialmente a los gobernantes de las potencias sobre la necesidad de actuar, pero por ejemplo Donald Trump el presidente de uno de los países centrales del planeta no se cansa de decir que la cuestión del clima es todo verso, palabras más palabras menos. No es verso, y más que nadie él debiera asumirlo, como jefe de una nación que es azotada cada vez más frecuentemente por fenómenos meteorológicos. Antes esporádicos, hoy a razón de tres o cuatro por año, Estados Unidos padece alternativamente sequías con incendios, nevadas prolongadas y mortales, y huracanes, como Michael y Leslie, ahora activos, que se aproximan al territorio tras Florence, Alberto y Kirk, todos acaecidos este año.
Estados Unidos es uno de los países que más dióxido de carbono (CO2) emiten y hará efectivo su retiro del Acuerdo de París en 2020, poniendo en duda su eficacia. Por eso las organizaciones ecologistas presionan a la Unión Europea (UE) para que sea más ambiciosa en sus objetivos. Pero el primer lugar lo ocupa China, el mayor emisor, y también el consumidor y productor mundial de carbón, recurso cuyo uso global para generar electricidad debería quedar prácticamente en cero para 2050, si se quiere cumplir el objetivo de los 1.5 grados.
No es que el resto de las naciones seamos inocuas al ambiente, pero si Estados Unidos y China no modifican sus procedimientos, los demás no podremos cumplir el objetivo señalado para que el planeta siga siendo habitable y disponga de agua de consumo para todos.
Porque una de las principales observaciones del informe es que ya se ven los efectos de un aumento de un grado en la temperatura, por ejemplo en el deshielo en el Artico. Además, claro, del aumento del nivel del agua, lo que está provocando desastres tremendos con los ciclones y tsunamis. Pero cuando sucede, se atiende la contingencia, se habla de la ferocidad de la Naturaleza mas no se asocia ni mental y políticamente con el cambio climático que está provocando el Hombre. Tenemos dificultad para asociar estos trágicos episodios como consecuencia de nuestro accionar, porque no solo el asunto pasa por las fábricas y los yacimientos energéticos; también estamos los hombres de a pie con la urbanización desorganizada que arrasa con los necesarios espacios verdes, la tala de árboles, la generación de basura, el uso de aerosoles.
En la Argentina, sin ir más lejos en los últimos tres o cuatro años vimos eventos extremos de sequías e inundaciones. Este año tuvimos una sequía récord y el año pasado, inundaciones que dejaron más de 4,5 millones de hectáreas de territorio agrícola bajo agua. Y estas cuestiones se relacionan con el cambio climático. No porque estos fenómenos no sean naturales sino porque están acelerados por la actividad humana e industrial.
Al ritmo actual se rebasarán en algún momento entre 2030 y 2052 los 1,5º con respecto a la temperatura media preindustrial, por lo que se agudizarán los efectos del calentamiento global sobre la vida en el planeta.
Limitar el aumento a 1,5º, en cambio, significaría que 10 millones de personas menos se verían expuestas a los riesgos de la salinización de los suelos de cultivo o las inundaciones por tormentas en las zonas costeras, con las consabidas pérdidas económicas y de vidas.
La necesidad de que el mundo emprenda transformaciones rápidas y sin precedentes en sectores como la energía, la industria o las infraestructuras es tan vital como disminuir la pobreza o acabar con las guerras, aunque en lo cotidiano se soslaye su urgencia por no percibir los efectos. Si no se producen más esfuerzos, el mundo se encamina a un aumento de las temperaturas de 3 ó 4º respecto de los valores preindustriales. Una tragedia, o el mismo fin del mundo, si consideramos que un calentamiento superior a 1,5 grados derivará en fenómenos climáticos extremos incluso más salvajes. Nos expondrá a una mayor sequía, escasez de alimentos y devastación económica.
En la medida que los países mantengan un doble estándar entre lo que se dice en las reuniones y cumbres como la que se hizo en París y lo que se hace después que es la nada misma, los encuentros internacionales no tendrán más destino que los informes y las advertencias mientras el cambio climático seguirá su curso, sin dejar de lado que uno de los países más contaminantes como Estados Unidos no participa ahora ni de las conferencias.
Superar los 1,5º depararía más calor extremo, lluvias torrenciales y probabilidad de sequías, algo que afectará a la producción de alimentos, sobre todo en zonas sensibles como el Mediterráneo o Latinoamérica.
También afectará a la salud, suministros de agua y crecimiento económico, con un impacto especialmente negativo sobre las poblaciones más pobres.
Y no son solo los gobiernos de turno, somos todos los que debemos cambiar para no perecer como raza. Lo que necesitamos es una transición global respecto de cómo nos desplazamos, producimos, consumimos y comemos; necesitamos dietas más sostenibles y menos basadas, por ejemplo, en la carne bovina, cuyos efectos sobre el calentamiento global son enormes.
Aunque no se nos haga visible diariamente, el daño va camino a ser irreversible y el desastre terminará siendo inexorable, cuando ya no haya solución y hayamos dañado el planeta irremediablemente que, por si algunos no lo notaron, por el momento es el único que tenemos.















