Droga adulterada y la maldición de Gog y Magog. ¿Hay "Puertas 8" en Pergamino?

Por doctora Norma López Faura (*) Para la Redacción de LA OPINION
"El sacrificio será tan grande que se demorarán siete meses para enterrar a los muertos". (Ezequiel 39:11-12)
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La estampida de la droga adulterada que dispersó esquirlas por todas partes, rozó a Pergamino, al hacerse público que dos personas fueron internadas por sobredosis en el Hospital Interzonal San José, presuntamente víctimas de la letal combinación de cocaína con carfentanilo, un opioide sintético. El espanto renovó la dialéctica hipócrita y oportunista de la élite política argentina, siempre dispuesta, según la ocasión, a repetir discursos que solo apuntan a buscar responsables en otros, si son del partido opositor mejor, si son del propio también.
Con patética incompetencia, denodada hipocresía y simulando cuidarnos, las autoridades de Gobierno, en un gesto heroico decretaron el estado de alerta epidemiológica, sin reparar que la medida atrasa 20 años porque la drogadicción ya es una pandemia imparable que mata a la vez que pone en funcionamiento el engranaje perverso y letal del narcotráfico en nuestro país.
El paisaje de casas precarias, vecindarios desordenados, sin trazas, con calles de tierra y aguas servidas, basura acumulada, adolescentes vagando, perros cansinos, bicicletas, algún auto destartalado y madres con niños colgando de sus brazos, compone un escenario engalanado por estos días con móviles y movileros que visibilizan "gratis para todos y todas" el espectáculo dramático de la decadencia moral y económica de la Argentina que ha logrado despojar a sus habitantes de la dignidad. Es el paroxismo de un ambiente salvaje, liberado, cuasi animal a pocos minutos de Caba que, lo único que tienen en común, es el cielo que las tapiza. El azul profundo es el mismo, solo que uno alberga a cientos de chicos que diariamente se arrastran a las "Puertas 8", para comprar segundos de algo que les parece menos malo que el resto del tiempo de sus cortas vidas vacías de sentido, ellos hace mucho dejaron de mirar el cielo porque viven en el infierno.
Esquineros, transas, soldaditos, mulas, dealers, apuestan cada día a todo o nada, en el trayecto pueden morir o matar, la diferencia no tienen la mínima importancia aunque allí sucumban sin remedio familia, proyectos, estudio, trabajo, deporte, inclusión, crecimiento y sueños.
Por ineptitud, indiferencia o connivencia muchos dirigentes políticos han permitido que el narco penetre en la trama social y ahora avanza imparable. ¿Será que el narco es operativo al Estado? Saben dónde ubicarse, las zonas vulnerables donde apremia la miseria, allí los que manejan el negocio actúan al estilo de un "pater-mafioso" con funciones de patrón, suelen brindar a sus "adalides" algo más que droga: un plan, un médico, un abogado, un préstamo, justicia por mano propia, protección, etcétera. El precio: la lealtad, la complicidad y el silencio.
Urdiendo un entramado mafioso, la droga se encarga de abolir la subjetividad y deshumanizar al adicto anulando su capacidad de pensar. En este contexto está claro que el Gobierno sustenta su capital político administrando la feroz crisis con subsidios, un choripán cada tanto, algún recital gratis, un bolsón de comida, "futbol para todos" o un regalo antes de las elecciones, esto basta para anestesiar cualquier oposición. No hay rebelión en la granja al estilo de Orwell. La distracción es otro deporte que conviene al narco, los temas importantes quedan opacados por otros que se renuevan permanentemente a un ritmo vertiginoso, puede ser la renuncia de Máximo, las esquizofrénicas referencias al FMI -redentor o verdugo- según el discurso de cada quien, los vaivenes del "blue", el infatigable ajetreo en busca del quorum en el Congreso, los discursos políticos contradictorios y melosos desde el gélido Moscú o la cautivante Beijing. Lo importante parece estar siempre en otro lado y lo urgente decanta en hechos convulsionantes que muestran la precariedad del Estado, su indiferencia ante los más vulnerables, el desamparo y el sufrimiento al que somete a los adictos y el calvario de sus familias. No cuidan a los que dicen cuidar, y menos aun a los niños y adolescentes, en tal caso, llegado el momento, ven como obtener su voto parvulario para ganar elecciones. No hay para ellos prevención ni rehabilitación.
El pensamiento liberal, progresista y snob de muchos funcionarios, enrolados en la complacencia ideológica y una mala comprensión de la protección de las libertades individuales, justifica su inacción, aunque un número considerable de adolescentes deje la escuela, no trabaje, se margine, delinca y muera.
Combatir el narcotráfico ¿es una decisión política o una política de poderosos intereses? El entretejido mafioso combina narcos en celo, policías de rango o aquellos que no tienen nada que perder, algunos jueces y fiscales atraídos por otros delitos, diligentes anticipadores de eventuales operativos o allanamientos, señores con poder político, empresarios que lavan dinero, famosos y no tanto.
Mientras el horror de la droga adulterada sigue lacerando la sensibilidad de muchos, cabe preguntarse si en Pergamino hay alguna "Puerta 8". Muchos son los que dicen saber dónde se vende droga, cuánto cuesta, de dónde viene y quién la trae. ¿Lo saben el intendente, los comisarios, los concejales, los jueces, los fiscales? ¿Cuántas personas lo sospechan pero no tienen evidencia? ¿Hay complicidad, inoperancia, miedo, indiferencia o intereses? Los vecinos de Pergamino estamos muy interesados en conocer lo que pasa aquí y en saber qué políticas públicas están destinadas a prevenir la drogadicción y rehabilitar a los adictos, especialmente a nuestros adolescentes y jóvenes. No nos olvidemos que el narco tiene una privilegiada clientela cautiva: muchos pueden ser nuestros hijos, los hijos de amigos, nuestros alumnos o pacientes, chicos de country o los que viven en las barriadas más empobrecidas de la ciudad. Este aquelarre apocalíptico en que nos sumerge la droga, que todo lo destruye, remite a la narración bíblica de "Gog y Magog" en la que la tribulación invade todo y, como ahora, nos obliga a dar batalla.
(*) Abogada especialista en Derecho de Familia, Infancia y Adolescencia













