Donación de órganos: un tema sobre el cual hay que seguir generando conciencia

El caso de una niña que murió esperando el corazón consternó a la sociedad. Desde la dimensión médica y humanitaria, el presente informe convoca miradas que ayudan a reflexionar sobre el valor que tiene el gesto altruista de hacer de la muerte una oportunidad para que alguien sobreviva.
Justina fue un nombre que se impuso en la agenda pública cuando a través de los medios de comunicación y las redes sociales se conoció la historia de esta niña que estaba en emergencia nacional a la espera de un corazón que le permitiera resolver una situación de salud grave y salvar su vida. A pesar de los esfuerzos y las oraciones, ese órgano jamás llegó y el tema volvió a colocar la cuestión de la donación de órganos en el primer lugar de consideración de una sociedad que, consternada, lamentó la muerte.
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Cada vez que una persona está en emergencia nacional a la espera de poder recibir un órgano para salvar su vida, el tema de la donación vuelve a cobrar relevancia y a instalarse en la opinión pública como un imperativo. Sin embargo, esa movilización popular que se genera y ese clamor solidario en pos de tratar de unir voluntades para que el milagro suceda, no siempre se traduce en actos que materialicen la decisión de más personas de transformarse en donantes de órganos y tejidos. A pesar de que se ha crecido en la conciencia y algunas acciones de promoción han rendido sus frutos, aún son más las personas que necesitan un trasplante que aquellas que están dispuestas a manifestar en forma explícita la voluntad de donar. Sobreviven temores, desconfianzas y fantasmas que están en el inconsciente colectivo en torno a la donación y se habla menos de este tema de lo que se debiera para brindar la información clara y precisa que ayudara a más personas a ganar conciencia.
Detrás de este tema sensible, que convoca a la vida y a la muerte, subyacen mitos, fantasías, desconocimiento y falta todavía generar mayor conciencia de la importancia que tiene esta decisión altruista en la posibilidad de salvar vidas.
En los últimos días la muerte de Justina conmovió a un país, mostrando que detrás de las estadísticas hay historias de esperas, frustraciones y complejos problemas de salud que encuentran en la acción solidaria y generosa de donar caminos para que la ciencia médica pueda ayudar a resolverlos.
Pero cuando no trascienden casos públicamente, cuando el tema se cae de la agenda periodística pública y aun cuando permanece vigente en el espacio de los medios de comunicación, falta algo en la conciencia colectiva para que la donación de órganos se instale como una cuestión prioritaria antes de que la tragedia suceda. Para que, de ese modo, la sociedad gane en madurez y evite los enormes dilemas que envuelven a un innumerable número de familias cuando el hecho trágico de una muerte traumática sucede; mientras que otros esperan con desesperación que órganos compatibles, lleguen.
Dos miradas
Para hablar sobre donación de órganos y desentrañar cuestiones sensibles asociadas a este tema, LA OPINION dialogó por un lado con el doctor Leandro Leit, médico de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital San José y profesional que desde su especialidad ha trabajado de manera comprometida en este tema y llegó a ser coordinador hospitalario cuando se aplicaba la estrategia “Hospital donante”, impulsada desde el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires.
Por otro lado, entrevistó a Marcelo Chimento, un pergaminense que hace varios años recibió un trasplante de riñón de un donante vivo, luego de haberse sometido durante largo tiempo al tratamiento de diálisis y de aguardar sin éxito poder obtener el órgano de un donante cadavérico.
Desde la ciencia médica y desde la historia de vida, ambos testimonios rescatan la importancia que conlleva la decisión de ser donante de órganos.
Ambos plantearon la necesidad de seguir trabajando en estrategias sostenidas que permitan a la población tener más y mejor información sobre el tema y plantearon las controversias que aún genera esta cuestión producto de la desconfianza que se tiene en las instituciones y los dilemas éticos que rodean a la muerte.
De la mano de lo aportado por ellos, algunas estadísticas de los organismos oficiales ayudan a comprender la dimensión compleja que importa este tema del que se habla cuando aparece un caso que conmueve y sobre el que habría que poner la mirada sostenidamente para que muchas más vidas puedan salvarse.
Algunos datos
De acuerdo con estadísticas del Centro Unico Coordinador de Ablación e Implante de la Provincia de Buenos Aires (Cucaiba), organismo dependiente del Ministerio de Salud y de llevar adelante el Programa Provincial de Trasplante de Organos, hasta ayer en territorio bonaerense estaban en lista de espera 3.263 pacientes. En lo que va del año se realizaron 478 trasplantes y los donantes reales fueron 148- cada donante si, se trata de un paciente sano, llega a salvar hasta 10 vidas-.
Según los reportes oficiales, año a año el número de donantes crece. Pero alertan que sin embargo esta cantidad todavía sigue siendo insuficiente para cubrir la demanda de órganos que se requieren.
Según distintas fuentes consultadas por LA OPINION, en Pergamino anualmente se realiza un promedio de entre uno y dos procedimientos de ablación y mayormente surgen de pacientes internados en el Hospital San José en virtud de que generalmente el desencadenante de la donación es un cuadro de muerte encefálica producto de un hecho traumático como un accidente de tránsito o un traumatismo severo.


















