Dólar: habrá que esperar a las elecciones para bajarle la fiebre al enfermo
El dólar libre, que desde la clandestinidad es la paridad cambiaria de referencia, se disparó 17 centavos y quebró así el máximo del 25 de septiembre último, cuando había cerrado a 16,06 pesos. De esta manera, la brecha cambiaria se estiró al 69,4 por ciento. Los ahorristas acentuaron la dolarización de sus carteras como modo de cobertura a sólo cinco días de las elecciones presidenciales, lo que incrementó la demanda en el circuito paralelo.
La cotización oficial de la moneda local también cerró en niveles históricos, bajo el control del Banco Central. Es que escasean los tenedores de divisas extranjeras dispuestos a desprenderse de sus billetes.
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Con sus intervenciones en el mercado de futuros y la ayuda de vendedores amigos en el mercado paralelo, el Central había conseguido planchar la divisa paralela la semana pasada pero no resultó suficiente el efecto en los días previos a los comicios.
Fuertes ventas de dólares en el mercado paralelo de cooperativas vinculadas al Ejecutivo nacional habían conseguido mantener estabilizada la cotización pero el viernes esos oferentes estuvieron ausentes y el dólar libre volvió a dispararse.
La búsqueda de cobertura a través de los bonos dolarizados también empujó al alza al precio del dólar bolsa.
Si no hubiese sido por estas maniobras del Gobierno, esto que sucede ahora, habría ocurrido la semana pasada. Intentaron evitar que esta escalada -que en la sociedad genera clima de situación fuera de control- se produjera cerca de las elecciones, pero no fue posible.
Naturalmente, las expectativas de una inevitable devaluación (antes o después, depende quien gane) y de las consecuencias que ello pueda tener en la inflación, provoca todo un movimiento especulador en el mercado inversor y de previsión en los pequeños ahorristas. Por eso no es de extrañar que el mercado paralelo esté trabajando a todo ritmo y que no haya intervención del Gobierno que pueda frenarlo.
Cualquiera sea el nuevo presidente, es probable que en poco tiempo desaparezca el festival de dólares que ahora tenemos (blue, turista, bolsa, contado con liqui, ahorro, soja y otros); la duda es qué valor alcanzará esa divisa única, una vez que se vaya quitando el cepo. ¿Más baja que el blue, unos 12,50 pesos? ¿O más alta? Nadie lo sabe, pero de cualquier modo, tener el billete verde ha sido para los argentinos un reaseguro.
Esta escalada, que volvió a colocar la brecha cambiaria en torno del 70 por ciento (máximo nivel en 12 meses), es sólo una de las tantas manifestaciones de la incertidumbre que atraviesa un mercado que si algo tiene en claro es que la política cambiaria sufrirá modificaciones en breve ante la debilitada posición real de reservas con que cuenta el Banco Central que, ante la disparada del blue, debió desprenderse de algo más de 400 millones de dólares sólo para atender pagos de deuda, de importaciones y demanda de ahorristas, por lo que comprometió más su posición de liquidez. Esta situación, y la cercanía de unas elecciones cuyos resultados pueden comenzar a entregar señales sobre las políticas por aplicarse al asumir la próxima administración, no hace más que exacerbar el deseo dolarizador de los argentinos que hoy más que nunca desconfían del peso y prefieren tener sus ahorros, muchos o pocos en la divisa extranjera.
De allí que en la desesperación por comprar divisas, los compradores terminaron aceptando pagar hasta 16,25 pesos por dólar con tal de asegurarse el acceso al billete. Una estrategia que en estas horas parece incomprensible, pero que demuestra la actitud que marcábamos de enorme desconfianza frente al peso.
Los economistas consideran que así como hay tensión política extrema, atravesamos un momento de tensión cambiaria de la misma magnitud. Y para completar el panorama la relación entre reservas y dinero del sector privado será en diciembre la más baja de los últimos 30 años. Sin dejar de reconocer logros de su gestión, en términos de la economía, la presidenta Kirchner nos deja en herencia un campo minado: cada movimiento aquí implica un estallido allá. En el mercado nadie lo ignora y por eso también se precipitan al dólar.
Además, otro de los factores que impulsaron la suba del techo al blue fue lo que en la jerga se conoce como contado con liqui, el que ya se vuelve a operar en torno de los 14 pesos, nivel en que se encontraba antes de que se obligara a los fondos comunes de inversión a malvender una porción importante de los títulos dolarizados que tenían en cartera para bajarlo.
El billete ya se había negociado cerca de los 16 pesos en el peor momento de la corrida de fines de septiembre de 2014. Incluso superó ese nivel el 25 de septiembre pasado, cuando de la relación entre la base monetaria y reservas surgía un tipo de cambio teórico convertible de 15,95 pesos. Ahora que -tras el pago del Boden y otras deudas- esa relación saltó a 19,70, en el mercado esperan que el blue apunte a recortar esa distancia.
La especulación entre el peso y el dólar en la Argentina es tema conocido, por eso llama la atención que el Gobierno en su momento creyera que el cepo podía evitar la fuga de dólares. El efecto fue más perjudicial que beneficioso como es dable observar. Pero además ante el cambio de administración y las nuevas posibles medidas, las deformaciones generadas por el cepo toman una dimensión extraordinaria.
Habrá que esperar a las elecciones para bajar la fiebre al enfermo. Nadie duda de que vamos a tener una devaluación con el nuevo gobierno, sencillamente porque es parte del antídoto. Lo que cambia es cuándo: si gana el oficialismo la devaluación se va a dilatar algo, pero si gana la oposición va a ser más rápido.














