Discursos de campaña: la diferencia entre ganar una elección y gobernar
Este es un año electoral y es muy probable que las campañas de los principales candidatos a ocupar cargos de relevancia estén plagadas de promesas incumplibles. Nuestra democracia, la que el conjunto de la ciudadanía supo ganar, ya tiene casi 40 años. Tiempo suficiente para darse cuenta que no es lo mismo ganar una elección que gobernar.
Ejemplos sobre mensajes de campañas que prometen soluciones fáciles para los problemas más complejos sobran. Solo hay que hacer un poco de memoria. Asuntos muy complicados como la inflación, la inseguridad, la educación, la salud, el sistema previsional y otros temas de gran interés público, estuvieron, están y seguirán estando en las campañas electorales. Y no está mal que sea así.
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El problema es que, en el afán por simplificar las ideas, los responsables de esas campañas llevan las cosas a un extremo y proponen a sus candidatos frases como "eso se soluciona de la noche a la mañana" o "con nosotros el país va a crecer como nunca".
Raúl Alfonsín, el primer presidente electo por el voto popular después de la larga y siniestra sombra de la dictadura, cuando su figura ya comenzaba a ser reconocida por dirigentes de todo el arco político como una pieza clave de la continuidad democrática, dijo: "sigo pensando que con la democracia se come, se cura y se educa. Pero no se hacen milagros. Hay transformaciones que llevan tiempo".
A favor de quienes prometen todo con tal de ganar una elección, se puede argumentar que, al menos en términos electorales, la sinceridad no ayuda mucho.
"Si yo decía lo que iba a hacer, no me votaba nadie", dijo Carlos Menem, cuando ya ocupaba el sillón de Rivadavia, haciendo gala de su pragmatismo político. Que nadie se ofenda. Estas líneas no están dirigidas a cuestionar los mensajes de la oferta electoral y mucho menos a la actividad política como tal. La pretensión es otra.
Es simplemente recordar a los electores que también pueden, si se lo proponen, elevar un poco la vara en la competencia de quienes quieren representarlos. Claro que no es soplar y hacer botellas. Pero vale la pena empezar por algo, porque, como dijo Alfonsín, las grandes transformaciones no se hacen en 24 horas.
Se podría, por ejemplo, premiar a quienes proponen políticas públicas basadas en evidencias y evitar a quienes emplean frases grandilocuentes, del tipo "esto es fácil de arreglar" o "no lo hicieron por incompetentes".
La idea es que quien ejerce su derecho al voto tenga en cuenta que si bien muchas veces se opta por lo que en apariencia es menos malo, preste mucha atención para no caer en la trampa de los oportunistas. La historia del mundo tiene suficientes ejemplos de personajes con escasa formación política y poco apego a las reglas democráticas que llegaron lejos, prometiendo espejitos de colores aprovechándose de las frustraciones de buena parte de la población.
Por otro lado, no está de más señalar que la investigación científica puede servir de referencia para mejorar la capacidad de respuesta de las políticas públicas a los problemas presentes y futuros de la sociedad.
Ejemplo de ello es el trabajo que realizaron investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) con la primera base de datos integrada de 243 centros urbanos del país de más de 20.000 habitantes, que advierte, entre otras cosas, que casi la mitad de población urbana del país depende de ríos que nacen en fuera del territorio argentino, con todo lo que eso implica.
Por último, es necesario recordar que el ejercicio de la política implica, entre otras cosas, dominar el arte de articular los genuinos intereses de los distintos sectores de la sociedad.
Ojalá que las propuestas de campaña que este año logren la mayor adhesión de la ciudadanía sean aquellas que eviten, en lo posible, las promesas que no se podrán cumplir en el corto plazo, las fórmulas mágicas y las simplificaciones, en especial aquellas que tienen que ver con las políticas económicas.
Ojalá que el apoyo mayoritario sea para quienes ayuden a tender puentes, a abordar los problemas complejos con propuestas innovadoras y a superar las viejas divisiones que hacen más difícil la convivencia en estos tiempos difíciles.














