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Dinámicas que dejó la pandemia en el mundo del trabajo y amenazas sobre las que hay que dialogar

Entre las muchas cuestiones que puso sobre el tapete la irrupción de la pandemia fue el cambio en las dinámicas de las rutinas laborales. Así como el avance tecnológico trajo beneficios que posibilitaron que muchos sistemas de trabajo migraran a la virtualidad, también mostraron aspectos que algunos interpretan, socavaron los...

20 de mayo de 2023 a las 12:00 a. m.
Dinámicas que dejó la pandemia en el mundo del trabajo y amenazas sobre las que hay que dialogar

Entre las muchas cuestiones que puso sobre el tapete la irrupción de la pandemia fue el cambio en las dinámicas de las rutinas laborales. Así como el avance tecnológico trajo beneficios que posibilitaron que muchos sistemas de trabajo migraran a la virtualidad, también mostraron aspectos que algunos interpretan, socavaron los derechos de los trabajadores. 

La emergencia sanitaria llegó formalmente a su fin, pero el debate instalado sigue vigente, fundamentalmente de la mano de la consolidación de escenarios marcados por la supremacía de las Tecnologías de la Información y la Comunicación que llegaron para ordenar el contexto, pero al mismo tiempo pusieron en vilo la cuestión de derechos que se hace necesario reconquistar para que la precarización laboral no sea el destino inevitable.

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Si bien pueden reconocerse muchos aspectos positivos de la tecnología en relación con lo laboral, hoy existe una fusión del espacio y del tiempo del trabajo a través de ellas. Potenciado en la pandemia- porque obligó a acelerar procesos e hizo visibles fenómenos sobre los cuales no siempre se detenía la mirada- el avance tecnológico hizo que se diluyera la jornada laboral y se desdibujaran los límites entre las obligaciones y el derecho a la desconexión de las cuestiones laborales.

En el presente, con formas de trabajar que conservan en muchos ámbitos formas del trabajo remoto adoptado en la pandemia, se impone comenzar a ordenar para reconquistar los derechos de trabajadores y trabajadoras. Y hay que hacerlo entendiendo sin negar que el impacto de las tecnologías en el contexto laboral trajo aparejada la incorporación de leyes y normas para regular los derechos de los trabajadores y las obligaciones de los empleadores. 

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Uno de los aspectos sustantivos de este marco es el del "derecho a la desconexión digital". El primer país en reconocer esto fue Francia y luego España. Después de la pandemia y con el avance del home office, varios países siguieron estos pasos e implementaron diferentes normativas que apuntan a regular el uso de las tecnologías de la comunicación a fin de garantizar el respeto por el tiempo de descanso y las vacaciones de los trabajadores. Específicamente en Argentina, está avalado por la Ley 27.555 en su artículo cinco.  Sabiendo que la tecnología llegó para quedarse, tal vez llegó el tiempo de redefinir prioridades, para que con los cambios impuestos y las cuestiones sobre las que aún hay terreno para legislar, se imponga la aplicación de la tecnología a favor de los trabajadores y en contra de la precarización, sabiendo que detrás de cada cuestión concerniente al trabajo hay un derecho que resguardar o fortalecer. Interpelarse sobre los alcances del fenómeno del "capitalismo digital" es tarea ineludible que alcanza también al mundo del trabajo y perjudica fundamentalmente a los jóvenes que son los que se proponen ingresar al mercado cuando terminan su educación secundaria. Recae sobre ellos la amenaza de que la tecnología vendrá a reemplazar el trabajo del hombre. Hace unos días un comentario editorial sobre el rol de la inteligencia artificial en el campo del empleo, abrió una reflexión sobre este tema cuando planteó algunos interrogantes que se generan en torno al desarrollo de aplicaciones y sistemas informáticos que prometen cambios sin precedentes en la historia. 

En línea con aquella reflexión, lo que resulta imprescindible plantear es que el universo laboral no tiene como principal problema el avance tecnológico, sino la precariedad. Hay que volver a establecer reglas acordes a los tiempos que se viven, normas que acompañen el ritmo de la época y fundamentalmente pensar sistemas educativos que propicien una verdadera formación para el mundo del trabajo. Lo que la pandemia mostró en este aspecto, es que se requiere de pericia y capacidad de adaptación para sortear dificultades y funcionar en contextos de incertidumbre. Pero el debate para nada se agota solo en las habilidades tecnológicas, los marcos normativos, los diálogos intersectoriales, el recorrido por la historia de los derechos adquiridos por los trabajadores y el ensayo de escenarios futuros que van a ir asociados al avance de la industria del conocimiento, deben ser la punta de lanza de una conversación social sobre el empleo y el futuro. Para resolver muchas de las cuestiones urgentes, es necesario poner en marcha una intervención estatal y una regulación que limite los abusos y la vulneración de derechos que encuentran campo fértil cada vez que algo irrumpe como hecho disruptivo y amenazante. Para resolver los otros aspectos, los medulares y los que se plantean en el horizonte como desafío, hace falta emprender un diálogo social del que participen todos los actores, empleados, empleadores, gobiernos y sectores de la sociedad civil y el mundo productivo que siempre va a seguir necesitando de trabajadores formados, competentes, y de tecnología para desarrollarse.

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